Morón medita, Morena decide: manual para perder una silla en pleno retiro espiritual
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Dicen los que saben de vida interior que el recogimiento es ese estado de calma en el que uno se aparta del ruido para escuchar su voz más honda. Raúl Morón lo intentó: agotó su plazo de recogimiento para consultar a sus bases, se apartó del mundanal bullicio de la grilla y se dispuso a meditar el rumbo de su proyecto. Mala noticia para el retiro: mientras él escuchaba su voz interior, Morena escuchaba otras voces, y dio por cerrada la contienda por la coordinación estatal de la 4T designando a Carlos Torres Piña.
Es, probablemente, la lección de budismo político más cara del año: cierras los ojos para hallar la paz y, cuando los abres, la silla ya tiene nombre y no es el tuyo. El recogimiento, que debía ser un gesto de madurez —'déjenme consultarlo con la base, con la almohada y con el universo'—, terminó funcionando como el que avisa que irá al baño justo cuando reparten el pastel.
Uno entiende la intención. En la liturgia de la 4T, consultar a las bases es el sacramento mayor, el acto que distingue al verdadero movimiento del vulgar dedazo. El problema es que la consulta toma su tiempo, y el tiempo, en política, lo cobra el que no parpadea. Entre la asamblea del pueblo y la decisión de la dirigencia, ganó la que no requería agenda.
Queda la duda teológica: ¿de qué sirve recogerse si, al salir del retiro, la realidad ya tomó la decisión por ti? Capaz que la próxima vez convenga recogerse menos y madrugar más. El espíritu es dócil, pero la coordinación estatal se reparte temprano.
Morón sabrá si la medita o la pelea. Por lo pronto, el episodio deja una moraleja aplicable a cualquier lunes michoacano: en esta política, el que se va de retiro, regresa sin lugar. Namasté, y a lo que sigue.
Es, probablemente, la lección de budismo político más cara del año: cierras los ojos para hallar la paz y, cuando los abres, la silla ya tiene nombre y no es el tuyo. El recogimiento, que debía ser un gesto de madurez —'déjenme consultarlo con la base, con la almohada y con el universo'—, terminó funcionando como el que avisa que irá al baño justo cuando reparten el pastel.
Uno entiende la intención. En la liturgia de la 4T, consultar a las bases es el sacramento mayor, el acto que distingue al verdadero movimiento del vulgar dedazo. El problema es que la consulta toma su tiempo, y el tiempo, en política, lo cobra el que no parpadea. Entre la asamblea del pueblo y la decisión de la dirigencia, ganó la que no requería agenda.
Queda la duda teológica: ¿de qué sirve recogerse si, al salir del retiro, la realidad ya tomó la decisión por ti? Capaz que la próxima vez convenga recogerse menos y madrugar más. El espíritu es dócil, pero la coordinación estatal se reparte temprano.
Morón sabrá si la medita o la pelea. Por lo pronto, el episodio deja una moraleja aplicable a cualquier lunes michoacano: en esta política, el que se va de retiro, regresa sin lugar. Namasté, y a lo que sigue.