La jefa cumple dos años y descubre que su enemigo se llama 'cipayo'
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Hay quien celebra un aniversario de gobierno con un pastel y quien lo celebra con un diccionario. En su segundo informe, la jefa de Gobierno capitalina optó por lo segundo y sacó del cajón la palabra 'cipayo' —ese soldado colonial que servía a un poder extranjero— para describir a quienes, según ella, conforman una 'mafia global' de ultraderechistas empeñada en entregar la soberanía nacional. El público, que llegó por las cifras, se fue con tarea de etimología.
Y cifras hubo, faltaba más: 3 mil 600 obras, 450 kilómetros de vialidades repavimentadas, más de un millón de metros cuadrados de espacio público recuperado, 85% más de cobertura en programas sociales, 23 mil millones de pesos repartidos y 32 Utopías anunciadas para este año. La administración, nos aseguran, va viento en popa, los delitos de alto impacto bajaron y la transformación avanza a paso de tractor. Uno casi extraña los informes aburridos en los que solo presumían una glorieta.
El corazón del mensaje, sin embargo, fue político puro: 'No fui la candidata de las élites', declaró, en una aclaración que nadie en la sala estaba disputando, como quien jura que no se comió la última galleta antes de que alguien pregunte por la galleta. Gobierna, dijo, 'con amor al pueblo', porque forma parte de 'algo mucho más grande'. Es bonito el discurso; lo que no queda claro es si el bache de su cuadra también forma parte de ese algo más grande o si ese sigue siendo responsabilidad del vecino.
Lo verdaderamente notable es el giro narrativo. Un informe de gobierno debería responder a la pregunta '¿qué hiciste con mi dinero?'. Este respondió a otra: '¿quién es el malo de la película?'. Y el malo resultó ser una conspiración planetaria con nombre decimonónico. Es más cómodo, se entiende: contra el tráfico, las inundaciones de cinco días seguidos y los baches no se puede dar un discurso épico, pero contra una 'mafia global' sí se puede levantar el puño. La soberanía no se repavimenta, pero se aplaude mejor.
Que conste: la ciudad tiene obra, tiene programas y tiene números para presumir. Solo que cuando un gobierno con mayoría y presupuesto dedica el micrófono a los enemigos externos, uno empieza a sospechar que la glorieta nueva venía con distractor incluido. Felices dos años. Ahí nos vemos en el tercero, diccionario en mano.
Y cifras hubo, faltaba más: 3 mil 600 obras, 450 kilómetros de vialidades repavimentadas, más de un millón de metros cuadrados de espacio público recuperado, 85% más de cobertura en programas sociales, 23 mil millones de pesos repartidos y 32 Utopías anunciadas para este año. La administración, nos aseguran, va viento en popa, los delitos de alto impacto bajaron y la transformación avanza a paso de tractor. Uno casi extraña los informes aburridos en los que solo presumían una glorieta.
El corazón del mensaje, sin embargo, fue político puro: 'No fui la candidata de las élites', declaró, en una aclaración que nadie en la sala estaba disputando, como quien jura que no se comió la última galleta antes de que alguien pregunte por la galleta. Gobierna, dijo, 'con amor al pueblo', porque forma parte de 'algo mucho más grande'. Es bonito el discurso; lo que no queda claro es si el bache de su cuadra también forma parte de ese algo más grande o si ese sigue siendo responsabilidad del vecino.
Lo verdaderamente notable es el giro narrativo. Un informe de gobierno debería responder a la pregunta '¿qué hiciste con mi dinero?'. Este respondió a otra: '¿quién es el malo de la película?'. Y el malo resultó ser una conspiración planetaria con nombre decimonónico. Es más cómodo, se entiende: contra el tráfico, las inundaciones de cinco días seguidos y los baches no se puede dar un discurso épico, pero contra una 'mafia global' sí se puede levantar el puño. La soberanía no se repavimenta, pero se aplaude mejor.
Que conste: la ciudad tiene obra, tiene programas y tiene números para presumir. Solo que cuando un gobierno con mayoría y presupuesto dedica el micrófono a los enemigos externos, uno empieza a sospechar que la glorieta nueva venía con distractor incluido. Felices dos años. Ahí nos vemos en el tercero, diccionario en mano.