Nuevo León queda en primer lugar... de su propio comunicado
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Reúnanse, nuevoleoneses, que hay medallas que repartir y resulta que todas son para nosotros. El gobernador presentó el corte de caja de sus cinco años y la conclusión fue tan humilde como contundente: Nuevo León es primer lugar en los sectores más importantes. Todos. No especificó cuáles son los no importantes, porque en esos a lo mejor andamos regular, pero esos no cuentan para la foto.
Es un género literario fascinante, el del informe de gobierno: uno donde el autor es juez, parte, jurado y maestro de ceremonias que se entrega el trofeo a sí mismo mientras la porra aplaude a sueldo. Si yo calificara mi propia declaración anual con el mismo método, también sería el contribuyente del año.
Entre los logros desfiló una Fuerza Civil con más de 7 mil 500 elementos y, la joya de la corona, una reducción histórica del robo de vehículos: la más baja en treinta años, según el secretario general de gobierno. Y aquí no hay sarcasmo que alcance para negar que, si es cierto, es una gran noticia. El problema es el contexto: presumir que ya no te roban el coche justo la semana en que el coche se te queda flotando en la cochera tiene un timing digno de estudio.
Porque esa es la gracia fina del asunto: los primeros lugares se anuncian en rueda de prensa, pero la ciudadanía los vive en la banqueta. Y en la banqueta, esta semana, había medio metro de agua. Uno puede ser campeón nacional en el papel y, al mismo tiempo, estar sacando lodo de la sala con una cubeta. Ambas cosas son verdad a la vez, que es la especialidad de la casa.
Ojalá los primeros lugares bajaran del pódium y se dieran una vuelta por las colonias que esta semana improvisaron alberca. Mientras tanto, seguiremos coleccionando récords de autoservicio: trofeos que nos entregamos solitos, en primer lugar de una categoría donde, casualmente, somos el único competidor inscrito.
Es un género literario fascinante, el del informe de gobierno: uno donde el autor es juez, parte, jurado y maestro de ceremonias que se entrega el trofeo a sí mismo mientras la porra aplaude a sueldo. Si yo calificara mi propia declaración anual con el mismo método, también sería el contribuyente del año.
Entre los logros desfiló una Fuerza Civil con más de 7 mil 500 elementos y, la joya de la corona, una reducción histórica del robo de vehículos: la más baja en treinta años, según el secretario general de gobierno. Y aquí no hay sarcasmo que alcance para negar que, si es cierto, es una gran noticia. El problema es el contexto: presumir que ya no te roban el coche justo la semana en que el coche se te queda flotando en la cochera tiene un timing digno de estudio.
Porque esa es la gracia fina del asunto: los primeros lugares se anuncian en rueda de prensa, pero la ciudadanía los vive en la banqueta. Y en la banqueta, esta semana, había medio metro de agua. Uno puede ser campeón nacional en el papel y, al mismo tiempo, estar sacando lodo de la sala con una cubeta. Ambas cosas son verdad a la vez, que es la especialidad de la casa.
Ojalá los primeros lugares bajaran del pódium y se dieran una vuelta por las colonias que esta semana improvisaron alberca. Mientras tanto, seguiremos coleccionando récords de autoservicio: trofeos que nos entregamos solitos, en primer lugar de una categoría donde, casualmente, somos el único competidor inscrito.