Pido discreción: el manual mexicano para renunciar a todo menos a la vergüenza
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Hay frases que deberían venir con sello de la Real Academia del Cinismo, y esta semana ganó el primer lugar un ex director de Pemex, recientemente presentado como titular de energías limpias, quien fue exhibido en un video golpeando a su esposa. ¿Su reacción ante la evidencia? No una disculpa, no una explicación: una solicitud de "discreción y prudencia".
Leámoslo despacio, porque es una obra maestra del género. "Por el bienestar de mi familia, pido respetuosamente la discreción y prudencia necesarias para no afectar a mis hijos", dijo. Es decir, lo grave no es lo que se ve en el video; lo grave es que se haya visto. El problema, en esta lógica, no es el golpe: es el reflector. La discreción se exige siempre después, nunca antes.
El segundo acto es todavía mejor. El funcionario anunció que se separa "de cualquier cargo público para atender este proceso estrictamente como ciudadano". Ah, la palabra mágica de la política mexicana: separarse. Aquí nadie cae, nadie responde, nadie rinde cuentas; todos se "separan", como si el poder fuera una pareja tóxica de la que uno se aleja por madurez. Y de pronto, mágicamente, el señor que cobraba del erario reaparece convertido en "ciudadano", esa figura intachable a la que ya no se le puede exigir nada porque, pobre, es uno más del montón.
La esposa, María Felicia Jiménez, exhibió la evidencia. El video, según se informó, fue grabado el 15 de marzo de 2026 e incluso en presencia de un menor. Ella no pidió discreción. Ella pidió que se viera. Y ahí está la diferencia entre quien sufre y quien administra su imagen: una busca testigos, el otro busca silencio.
En este país nos hemos acostumbrado a que el victimario hable de "prudencia" y al rato regrese al organigrama por la puerta de atrás, ya rehabilitado por el olvido. Por eso conviene anotar la fecha y guardar la frase. La discreción que pidió no se la vamos a dar: la memoria, en estos casos, es lo único que no se separa del cargo.
Leámoslo despacio, porque es una obra maestra del género. "Por el bienestar de mi familia, pido respetuosamente la discreción y prudencia necesarias para no afectar a mis hijos", dijo. Es decir, lo grave no es lo que se ve en el video; lo grave es que se haya visto. El problema, en esta lógica, no es el golpe: es el reflector. La discreción se exige siempre después, nunca antes.
El segundo acto es todavía mejor. El funcionario anunció que se separa "de cualquier cargo público para atender este proceso estrictamente como ciudadano". Ah, la palabra mágica de la política mexicana: separarse. Aquí nadie cae, nadie responde, nadie rinde cuentas; todos se "separan", como si el poder fuera una pareja tóxica de la que uno se aleja por madurez. Y de pronto, mágicamente, el señor que cobraba del erario reaparece convertido en "ciudadano", esa figura intachable a la que ya no se le puede exigir nada porque, pobre, es uno más del montón.
La esposa, María Felicia Jiménez, exhibió la evidencia. El video, según se informó, fue grabado el 15 de marzo de 2026 e incluso en presencia de un menor. Ella no pidió discreción. Ella pidió que se viera. Y ahí está la diferencia entre quien sufre y quien administra su imagen: una busca testigos, el otro busca silencio.
En este país nos hemos acostumbrado a que el victimario hable de "prudencia" y al rato regrese al organigrama por la puerta de atrás, ya rehabilitado por el olvido. Por eso conviene anotar la fecha y guardar la frase. La discreción que pidió no se la vamos a dar: la memoria, en estos casos, es lo único que no se separa del cargo.