Servir, servir y volver a servir: un lunes chihuahuense de vocación eterna
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Hay lunes que parecen escritos por un guionista con resaca, y este fue de esos. Chihuahua amaneció con un alcalde que renuncia pero no se va, con un partido que patentó la palabra “dedazo” para luego estrenarla en vivo, con una Semana de la Salud Mental que arrancó justo cuando las cifras gritaban que la ocupábamos desde antier, y con un melón que, muy digno, decidió jubilarse antes que nosotros.
Vamos con el gran clásico norteño: el servidor público que no puede dejar de servir. Marco Bonilla pidió licencia tras cinco años en la presidencia municipal de la capital y, mano al pecho, anunció que “quiere seguir sirviendo”. Uno le creería la vocación si “seguir sirviendo” no fuera, en la política mexicana, el eufemismo más viejo del catálogo para decir “ya le puse el ojo a la siguiente silla”. Y por si alguien dudaba del antojo, el alcalde con licencia metió a Juárez entre sus prioridades y habló de una alianza ciudadana rumbo a 2027, con lista de pendientes incluida: drenaje pluvial, seguridad, espacios públicos. Eso no fue una despedida: fue un tráiler, y de los que ya traen fecha de estreno.
De la vocación de servicio pasamos a la vocación militar. Andrea Chávez, flamante coordinadora de Morena en Juárez, se definió como “un soldado de la presidenta”. Nada relaja más a una república que un civil que se presenta en términos castrenses. El detalle sabroso lo puso el exdirigente estatal del propio partido —ese que, minucia no menor, no ganó la encuesta—, quien denunció que la designación fue un “dedazo” igualito a las mañas del PRIAN. Es el bello círculo de la vida: el movimiento que hizo campaña contra el dedazo ahora lo practica con la soltura de quien ya le agarró el gusto. “La costumbre es más fuerte que el amor”, sentenció. En Chihuahua lo confirmamos a diario: aquí la costumbre gana hasta cuando juega de visitante.
Mientras la clase política hacía casting, el gobierno arrancó con bombo la primera Semana de la Salud Mental y pidió, con toda razón, normalizar la consulta con el psicólogo y quitarle el tabú. Aplausos sinceros. El problema es el telón de fondo: en Parral la violencia familiar subió 73% en un mes y el Cappsifam ya atendió a 950 personas en lo que va del año, cuatro de cada diez de ellas niños. O sea que la salud mental no necesita campaña de concientización: necesita refuerzos, café y horario extendido. El tabú no es ir al psicólogo; el tabú es admitir cuántos tendríamos que ir al mismo tiempo.
Para no perder la costumbre burocrática, llegó la joya de la semana: la verificación vehicular cuántica. La ley estatal sí contempla verificar emisiones, pero hasta la fecha no hay calendario vigente, ni tarifas, ni verificentros, ni fechas por terminación de placa. Es decir: el trámite existe y no existe al mismo tiempo, como el gato de Schrödinger pero con humo del escape. El automovilista chihuahuense, experto en incertidumbre, ya aprendió a vivir en ese limbo: obligado en el papel, libre en la práctica y confundido en ambos.
Hubo también buenas noticias, aunque con asterisco. En la Plaza de Armas plantaron quince esculturas monumentales de perros chihuahueños para arrancar el festival de la ciudad: por fin, canes de bronce que no prometen repavimentar nada ni piden licencia para seguir sirviendo. Y en materia de récords, el programa de limpieza retiró 32 toneladas de tiliches de una sola colonia en un fin de semana, cifra que demuestra que el chihuahuense no tira la toalla: tira el sillón, la lavadora, dos colchones y la puerta del baño.
Cerramos en el campo, donde la metáfora venía servida. En el Valle de Zaragoza la producción de melón cayó casi 30%: sembraron más hectáreas y cosecharon menos fruta. Más superficie, menos resultado. Si eso no es un resumen de cualquier administración, no sabemos qué lo sea. Al menos el melón tuvo la decencia de reconocer su bajón con números y hasta con fecha de corte. En otras oficinas de la ciudad, para eso todavía no hay calendario.
Vamos con el gran clásico norteño: el servidor público que no puede dejar de servir. Marco Bonilla pidió licencia tras cinco años en la presidencia municipal de la capital y, mano al pecho, anunció que “quiere seguir sirviendo”. Uno le creería la vocación si “seguir sirviendo” no fuera, en la política mexicana, el eufemismo más viejo del catálogo para decir “ya le puse el ojo a la siguiente silla”. Y por si alguien dudaba del antojo, el alcalde con licencia metió a Juárez entre sus prioridades y habló de una alianza ciudadana rumbo a 2027, con lista de pendientes incluida: drenaje pluvial, seguridad, espacios públicos. Eso no fue una despedida: fue un tráiler, y de los que ya traen fecha de estreno.
De la vocación de servicio pasamos a la vocación militar. Andrea Chávez, flamante coordinadora de Morena en Juárez, se definió como “un soldado de la presidenta”. Nada relaja más a una república que un civil que se presenta en términos castrenses. El detalle sabroso lo puso el exdirigente estatal del propio partido —ese que, minucia no menor, no ganó la encuesta—, quien denunció que la designación fue un “dedazo” igualito a las mañas del PRIAN. Es el bello círculo de la vida: el movimiento que hizo campaña contra el dedazo ahora lo practica con la soltura de quien ya le agarró el gusto. “La costumbre es más fuerte que el amor”, sentenció. En Chihuahua lo confirmamos a diario: aquí la costumbre gana hasta cuando juega de visitante.
Mientras la clase política hacía casting, el gobierno arrancó con bombo la primera Semana de la Salud Mental y pidió, con toda razón, normalizar la consulta con el psicólogo y quitarle el tabú. Aplausos sinceros. El problema es el telón de fondo: en Parral la violencia familiar subió 73% en un mes y el Cappsifam ya atendió a 950 personas en lo que va del año, cuatro de cada diez de ellas niños. O sea que la salud mental no necesita campaña de concientización: necesita refuerzos, café y horario extendido. El tabú no es ir al psicólogo; el tabú es admitir cuántos tendríamos que ir al mismo tiempo.
Para no perder la costumbre burocrática, llegó la joya de la semana: la verificación vehicular cuántica. La ley estatal sí contempla verificar emisiones, pero hasta la fecha no hay calendario vigente, ni tarifas, ni verificentros, ni fechas por terminación de placa. Es decir: el trámite existe y no existe al mismo tiempo, como el gato de Schrödinger pero con humo del escape. El automovilista chihuahuense, experto en incertidumbre, ya aprendió a vivir en ese limbo: obligado en el papel, libre en la práctica y confundido en ambos.
Hubo también buenas noticias, aunque con asterisco. En la Plaza de Armas plantaron quince esculturas monumentales de perros chihuahueños para arrancar el festival de la ciudad: por fin, canes de bronce que no prometen repavimentar nada ni piden licencia para seguir sirviendo. Y en materia de récords, el programa de limpieza retiró 32 toneladas de tiliches de una sola colonia en un fin de semana, cifra que demuestra que el chihuahuense no tira la toalla: tira el sillón, la lavadora, dos colchones y la puerta del baño.
Cerramos en el campo, donde la metáfora venía servida. En el Valle de Zaragoza la producción de melón cayó casi 30%: sembraron más hectáreas y cosecharon menos fruta. Más superficie, menos resultado. Si eso no es un resumen de cualquier administración, no sabemos qué lo sea. Al menos el melón tuvo la decencia de reconocer su bajón con números y hasta con fecha de corte. En otras oficinas de la ciudad, para eso todavía no hay calendario.