El estado líquido de Jalisco: agua con plomo, torta con sobreprecio y un ayuntamiento sin papel
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Hay días en que Jalisco amanece como vaso de agua del SIAPA: turbio, con cosas flotando y un olor que nadie sabe explicar. Este martes fue uno de esos. Mientras media zona metropolitana cerraba Periférico, Colón y hasta la Línea 1 del tren ligero para exigir agua que no parezca caldo de calcetín, el organismo operador vivía su propia tragedia: le robaron dos retroexcavadoras. Sí, al SIAPA, que no logra que el agua llegue limpia a las casas, se le fugaron las máquinas de sus propias instalaciones en la madrugada del domingo. Lo bueno es que el GPS resultó más eficiente que cualquier cuadrilla: horas después aparecieron en Tlaquepaque, demostrando que en Jalisco hasta los fierros tienen más movilidad que una pipa.
La cereza del asunto la puso un monitoreo ciudadano del IMDEC: 256 muestras en 110 colonias de cinco municipios, y adentro plomo, mercurio y otros metales que uno no pediría ni en una tabla periódica. Es decir, el agua no solo sale café: sale con contenido premium. Uno paga recibo de servicio básico y recibe experiencia de laboratorio. Si esto fuera una cava, el SIAPA presumiría notas minerales con final metálico.
Pero no todo es amargura hídrica. En Guadalajara la discusión del día fue gastronómica y presupuestal: la torta ahogada. El dirigente estatal de Morena, Carlos Lomelí, sacó la calculadora y denunció que el Día de la Torta Ahogada costó más de tres millones de pesos, lo que, repartido entre las piezas, daría una torta de unos 126 pesos. Una birria con pedigree. El Gobierno de Guadalajara salió a aclarar que no hubo sobrecosto, que en realidad eran dos festivales gastronómicos, con logística, montaje e insumos, y que se repartieron 26 mil piezas gratis. Traducción: la torta no costó 126 pesos, costó dos festivales. Mucho más tranquilizador. Nada dice austeridad como ahogar el presupuesto en salsa de jitomate y pedir que confiemos en el desglose.
Si uno cree que eso es lujo, que voltee a Puerto Vallarta, donde el Ayuntamiento vive una crisis financiera tan creativa que, según reportes, en la propia presidencia municipal escaseó el papel higiénico para trabajadores y turistas. Un destino de clase mundial sin un recurso de clase mundial: la hoja doble. Mientras tanto, las clínicas del Dr. Tucán, con un presupuesto anual aprobado de 75.2 millones de pesos, cerraron sus servicios médicos por adeudos a la concesionaria y dejaron operando apenas la entrega de lentes. Qué fino detalle: ya no te curan, pero te ayudan a ver con claridad el tamaño del problema.
Y aquí viene el giro vallartense. En el mismo municipio que no tiene con qué pagar la segunda quincena de septiembre a sus eventuales, la regidora Melissa Madero señaló ocho casos en el DIF con ascensos exprés y sueldos que trepan: una funcionaria pasó de auxiliar a subdirectora administrativa con percepción mensual de 33 mil 803 pesos, y otro, aún estudiante y sin cédula profesional, recorrió cuatro áreas hasta la coordinación general con 27 mil 99 pesos al mes. En Vallarta falta papel, faltan médicos, falta nómina, pero sobran escalones en el organigrama. El ascenso más rápido del Pacífico mexicano no es una ola: es un movimiento de personal.
Como símbolo del día, nada mejor que la Fuente de los Delfines del malecón: lleva meses sin agua. En un estado donde el líquido potable sale con plomo y el malecón acaba de ser barrido tras el paso de Rachel, la única fuente que debería echar chorros está más seca que el presupuesto municipal. Los delfines de bronce, al menos, ya se acostumbraron al estiaje institucional.
Para no quedarnos solo en lo local, en la región el fin de semana dejó un episodio de novela: en Nayarit investigan como posible atentado el desplome de una avioneta usada por el gobernador, luego de que en los celulares de un detenido aparecieran bitácoras de sus vuelos oficiales. Dos tripulantes murieron. No hay nada gracioso en eso, y conviene decirlo: el chiste del día se queda, con gusto, en las retroexcavadoras viajeras y en la torta con denominación de origen fiscal.
Moraleja jalisciense de la jornada: el agua se va, las máquinas se van, el papel se va y la nómina también. Lo único que llega puntual es el recibo. Salud, con agua embotellada, por favor.
La cereza del asunto la puso un monitoreo ciudadano del IMDEC: 256 muestras en 110 colonias de cinco municipios, y adentro plomo, mercurio y otros metales que uno no pediría ni en una tabla periódica. Es decir, el agua no solo sale café: sale con contenido premium. Uno paga recibo de servicio básico y recibe experiencia de laboratorio. Si esto fuera una cava, el SIAPA presumiría notas minerales con final metálico.
Pero no todo es amargura hídrica. En Guadalajara la discusión del día fue gastronómica y presupuestal: la torta ahogada. El dirigente estatal de Morena, Carlos Lomelí, sacó la calculadora y denunció que el Día de la Torta Ahogada costó más de tres millones de pesos, lo que, repartido entre las piezas, daría una torta de unos 126 pesos. Una birria con pedigree. El Gobierno de Guadalajara salió a aclarar que no hubo sobrecosto, que en realidad eran dos festivales gastronómicos, con logística, montaje e insumos, y que se repartieron 26 mil piezas gratis. Traducción: la torta no costó 126 pesos, costó dos festivales. Mucho más tranquilizador. Nada dice austeridad como ahogar el presupuesto en salsa de jitomate y pedir que confiemos en el desglose.
Si uno cree que eso es lujo, que voltee a Puerto Vallarta, donde el Ayuntamiento vive una crisis financiera tan creativa que, según reportes, en la propia presidencia municipal escaseó el papel higiénico para trabajadores y turistas. Un destino de clase mundial sin un recurso de clase mundial: la hoja doble. Mientras tanto, las clínicas del Dr. Tucán, con un presupuesto anual aprobado de 75.2 millones de pesos, cerraron sus servicios médicos por adeudos a la concesionaria y dejaron operando apenas la entrega de lentes. Qué fino detalle: ya no te curan, pero te ayudan a ver con claridad el tamaño del problema.
Y aquí viene el giro vallartense. En el mismo municipio que no tiene con qué pagar la segunda quincena de septiembre a sus eventuales, la regidora Melissa Madero señaló ocho casos en el DIF con ascensos exprés y sueldos que trepan: una funcionaria pasó de auxiliar a subdirectora administrativa con percepción mensual de 33 mil 803 pesos, y otro, aún estudiante y sin cédula profesional, recorrió cuatro áreas hasta la coordinación general con 27 mil 99 pesos al mes. En Vallarta falta papel, faltan médicos, falta nómina, pero sobran escalones en el organigrama. El ascenso más rápido del Pacífico mexicano no es una ola: es un movimiento de personal.
Como símbolo del día, nada mejor que la Fuente de los Delfines del malecón: lleva meses sin agua. En un estado donde el líquido potable sale con plomo y el malecón acaba de ser barrido tras el paso de Rachel, la única fuente que debería echar chorros está más seca que el presupuesto municipal. Los delfines de bronce, al menos, ya se acostumbraron al estiaje institucional.
Para no quedarnos solo en lo local, en la región el fin de semana dejó un episodio de novela: en Nayarit investigan como posible atentado el desplome de una avioneta usada por el gobernador, luego de que en los celulares de un detenido aparecieran bitácoras de sus vuelos oficiales. Dos tripulantes murieron. No hay nada gracioso en eso, y conviene decirlo: el chiste del día se queda, con gusto, en las retroexcavadoras viajeras y en la torta con denominación de origen fiscal.
Moraleja jalisciense de la jornada: el agua se va, las máquinas se van, el papel se va y la nómina también. Lo único que llega puntual es el recibo. Salud, con agua embotellada, por favor.