El SIAPA lanza su edición coleccionable: agua con plomo y retroexcavadora de regalo
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Hay organismos que prometen agua limpia y entregan misterio. El SIAPA, fiel a su tradición, logró esta semana el combo completo: agua turbia en las llaves y maquinaria fugada de sus propias instalaciones. Dos retroexcavadoras fueron robadas en la madrugada del domingo desde las bodegas del organismo en Guadalajara. La buena noticia es que aparecieron: el GPS las ubicó en Tlaquepaque horas después. La mala es lo que revela: al SIAPA le cuesta más trabajo que el agua llegue a una colonia que a sus máquinas cruzar a otro municipio.
Mientras el organismo salía a buscar sus fierros, los usuarios seguían buscando algo más elemental: agua que no parezca atole de tierra. El lunes hubo manifestaciones en varios puntos del área metropolitana —cierre de Periférico, de Colón, hasta suspensión de la Línea 1 del tren ligero— porque del grifo salía líquido café, con residuos y olor desagradable. Vecinos de El Sauz y de Lomas de Santa María contaron que ya compran agua purificada hasta para bañarse y lavar trastes. Es decir: pagan el recibo del SIAPA y además pagan el agua que sí sirve. Dos cuotas por un solo servicio; eso no es escasez, es suscripción premium.
Para ponerle número a la angustia, un monitoreo ciudadano del IMDEC documentó presencia de plomo, mercurio y otros metales pesados en el agua de la zona metropolitana: 256 muestras levantadas en 110 colonias de cinco municipios desde marzo. Que nadie diga que el agua tapatía no tiene cuerpo. Tiene tabla periódica.
La escena queda redonda: un organismo que no puede garantizar agua limpia, pero que confía plenamente en el GPS de sus excavadoras; ciudadanos que cierran vialidades porque es la única llave que sí responde; y un recibo que llega puntual, cristalino, impecable, como lo único transparente del sistema.
En Jalisco ya nos acostumbramos a que el agua tenga color, olor y sorpresa. Lo que todavía sorprende es la naturalidad con que se administra el asunto: primero niegas, luego minimizas, después prometes y, si de plano no hay de otra, mandas la pipa. Mientras tanto, las retroexcavadoras —esas sí— ya conocen más colonias que el agua potable.
Mientras el organismo salía a buscar sus fierros, los usuarios seguían buscando algo más elemental: agua que no parezca atole de tierra. El lunes hubo manifestaciones en varios puntos del área metropolitana —cierre de Periférico, de Colón, hasta suspensión de la Línea 1 del tren ligero— porque del grifo salía líquido café, con residuos y olor desagradable. Vecinos de El Sauz y de Lomas de Santa María contaron que ya compran agua purificada hasta para bañarse y lavar trastes. Es decir: pagan el recibo del SIAPA y además pagan el agua que sí sirve. Dos cuotas por un solo servicio; eso no es escasez, es suscripción premium.
Para ponerle número a la angustia, un monitoreo ciudadano del IMDEC documentó presencia de plomo, mercurio y otros metales pesados en el agua de la zona metropolitana: 256 muestras levantadas en 110 colonias de cinco municipios desde marzo. Que nadie diga que el agua tapatía no tiene cuerpo. Tiene tabla periódica.
La escena queda redonda: un organismo que no puede garantizar agua limpia, pero que confía plenamente en el GPS de sus excavadoras; ciudadanos que cierran vialidades porque es la única llave que sí responde; y un recibo que llega puntual, cristalino, impecable, como lo único transparente del sistema.
En Jalisco ya nos acostumbramos a que el agua tenga color, olor y sorpresa. Lo que todavía sorprende es la naturalidad con que se administra el asunto: primero niegas, luego minimizas, después prometes y, si de plano no hay de otra, mandas la pipa. Mientras tanto, las retroexcavadoras —esas sí— ya conocen más colonias que el agua potable.