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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Guanajuato • Nota • 6 de octubre de 2026

Soldados del infierno piden cupo en barandilla: el Cervantino estrena su sección demoníaca

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Dicen que el Festival Internacional Cervantino es el encuentro cultural más importante de Hispanoamérica, y este fin de semana lo confirmó con una disciplina que no figura en el programa oficial: el teatro demoníaco en vivo. La policía municipal de la capital encerró en barandilla a dos hombres, en hechos separados, con el mismo argumento actoral: no estaban alterados por su propia voluntad, sino poseídos por el demonio, y en tal carácter repartían golpes y mentadas como fieles soldados del infierno.

A la crónica no se le escapa el detalle literario: no vestían armadura oxidada ni enloquecieron por leer libros de caballería, sino por la ingesta de sustancias ajenas al cuerpo. Es decir, un Quijote sin Cervantes y con otra clase de molinos. Uno casi lamenta que no coincidieran en el mismo escenario: habría sido el performance más honesto de la edición.

Reconozcamos la creatividad del descargo. En una ciudad donde durante dos semanas todo lo extraño se perdona diciendo “es arte”, declararse enviado de Lucifer tiene su lógica dramatúrgica impecable. El problema es que el jurado —en este caso, la valiente corporación policiaca— no reparte reconocimientos, reparte celdas. Y a diferencia de los foros del Cervantino, en barandilla no hay reventa ni acceso preferente: entra todo el mundo por igual, con o sin boleto, con o sin demonio.

Queda la duda metafísica para el próximo foro de consulta: si el festival gratuito ya ofrece danza, música y teatro de decenas de países, ¿no debería también incluir un módulo de exorcismo con causa, por aquello de la cobertura cultural total? Mientras alguien lo medita, la capital puede presumir algo que ni Edimburgo ni Aviñón tienen en su cartelera: una sección demoníaca con cupo garantizado y horario nocturno. La entrada, eso sí, se paga con una noche en los separos y la promesa de volver a portarse como cristiano.