Usted no fue asaltado, usted lo percibió: la nueva seguridad de Celaya
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En el catálogo de las grandes hazañas comunicacionales del Bajío, Celaya acaba de inscribir una para la posteridad. El alcalde Juan Miguel Ramírez salió a defender su estrategia de seguridad asegurando que los robos bajaron y, de paso, pidió a la ciudadanía que cambie su "percepción de inseguridad". Todo esto, conviene apuntar, en medio de recientes robos a comercios. O sea: la realidad tocó la puerta justo cuando el discurso decía que no había nadie afuera.
La teoría de la percepción es fascinante porque traslada el problema del gobierno a su retina, estimado celayense. Si a usted le vaciaron la tiendita, no es que falle el operativo: es que usted insiste en percibirlo. Cierre los ojos, respire hondo y repita: las cifras mejoraron. ¿Ya se siente más seguro? No, ¿verdad? Pues es culpa de su percepción, que anda muy negativa últimamente.
El truco no es nuevo y por eso duele tanto. Llevamos años escuchando que en Guanajuato "la estadística va a la baja" mientras la conversación de la sobremesa va exactamente en sentido contrario. El comerciante que cierra temprano no consulta tablas de Excel; consulta el miedo, ese asesor que nunca miente. Y cuando una administración le pide a la gente que ajuste su ánimo en lugar de ajustar la calle, está confesando, sin querer, dónde puso sus prioridades: en la narrativa, no en la esquina.
Lo cómico es la doble pirueta. Primero se presume la baja de robos; luego se reconoce que hubo robos a comercios; al final se le encarga a la población la tarea de no sentirse mal por ello. Es como el mesero que te trae la sopa fría y te pide que cambies tu percepción de la temperatura. Señor presidente: la confianza no se decreta en rueda de prensa, se construye cuando el de la tlapalería deja de mirar la puerta cada vez que entra un cliente.
Que baje el delito de verdad es la mejor campaña de imagen que existe; no hay spot que la supere. Mientras tanto, el comercio celayense seguirá haciendo lo que mejor sabe: trabajar con un ojo en el mostrador y otro en la salida. Eso no es percepción, alcalde. Eso es experiencia.
La teoría de la percepción es fascinante porque traslada el problema del gobierno a su retina, estimado celayense. Si a usted le vaciaron la tiendita, no es que falle el operativo: es que usted insiste en percibirlo. Cierre los ojos, respire hondo y repita: las cifras mejoraron. ¿Ya se siente más seguro? No, ¿verdad? Pues es culpa de su percepción, que anda muy negativa últimamente.
El truco no es nuevo y por eso duele tanto. Llevamos años escuchando que en Guanajuato "la estadística va a la baja" mientras la conversación de la sobremesa va exactamente en sentido contrario. El comerciante que cierra temprano no consulta tablas de Excel; consulta el miedo, ese asesor que nunca miente. Y cuando una administración le pide a la gente que ajuste su ánimo en lugar de ajustar la calle, está confesando, sin querer, dónde puso sus prioridades: en la narrativa, no en la esquina.
Lo cómico es la doble pirueta. Primero se presume la baja de robos; luego se reconoce que hubo robos a comercios; al final se le encarga a la población la tarea de no sentirse mal por ello. Es como el mesero que te trae la sopa fría y te pide que cambies tu percepción de la temperatura. Señor presidente: la confianza no se decreta en rueda de prensa, se construye cuando el de la tlapalería deja de mirar la puerta cada vez que entra un cliente.
Que baje el delito de verdad es la mejor campaña de imagen que existe; no hay spot que la supere. Mientras tanto, el comercio celayense seguirá haciendo lo que mejor sabe: trabajar con un ojo en el mostrador y otro en la salida. Eso no es percepción, alcalde. Eso es experiencia.