Morena marca a su candidato estrella y le sale buzón
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El drama político de la semana en Michoacán no lo escribió un guionista: lo está escribiendo el silencio. Morena, por boca de su propia dirigencia, reconoce que sigue "sin noticias" del senador Raúl Morón, pieza clave en la definición de quién abanderará al partido rumbo a la gubernatura. En plena hora decisiva, el protagonista trae el modo avión puesto.
El reparto, eso sí, está completo. Leonel Godoy, diputado y exgobernador, advierte con cara de augur que sin Morón, Carlos Torres Piña podría perder frente a la oposición. Es una frase interesante viniendo de un partido que presume mayorías: resulta que la victoria dependería de un solo teléfono que nadie contesta. Torres Piña, por su parte, hace lo que mejor se hace en estos casos: elude. Le preguntan qué estaría dispuesto a cederle al senador para sumarlo y responde con el clásico paso de lado, ese que en la política michoacana se domina mejor que el discurso.
¿Y cómo pretenden resolver el empate? Con una encuesta, por supuesto. En Morena la encuesta es más que un método: es oráculo, es confesionario y es, llegado el caso, acta de defunción de las aspiraciones ajenas. Lo que diga el muestreo se convierte, por arte de comunicado, en "la voluntad del pueblo". Un pueblo que, dicho sea de paso, se entera del resultado al mismo tiempo que el perdedor, y a veces después.
Mientras tanto, en el aire queda flotando la hipótesis de una alianza con el PRD michoacano, que Torres Piña reconoce "útil" sin comprometerse a nada, como quien acepta que le presten el coche pero sin prometer la gasolina. La coreografía es perfecta: todos se necesitan, nadie se compromete, y el reloj electoral corre.
Hay algo casi tierno en ver a un partido tan acostumbrado a ganar negociando consigo mismo a puerta cerrada. Porque esto no es, todavía, un pleito con la oposición; es un ensayo general en el que los propios actores no se ponen de acuerdo sobre quién entra al escenario. La oposición, mientras tanto, observa desde la butaca y ahorra saliva: para qué gastar pólvora si el adversario anda ocupado buscándose a sí mismo.
Queda la incógnita de siempre: ¿contestará Morón? ¿Lo desempatará la encuesta? ¿Habrá alianza? El morenismo michoacano nos tiene en vilo con la única trama en la que el villano, el héroe y el suspenso son el mismo partido. Nos vemos en el próximo capítulo; traigan palomitas y, por si acaso, carguen bien el celular.
El reparto, eso sí, está completo. Leonel Godoy, diputado y exgobernador, advierte con cara de augur que sin Morón, Carlos Torres Piña podría perder frente a la oposición. Es una frase interesante viniendo de un partido que presume mayorías: resulta que la victoria dependería de un solo teléfono que nadie contesta. Torres Piña, por su parte, hace lo que mejor se hace en estos casos: elude. Le preguntan qué estaría dispuesto a cederle al senador para sumarlo y responde con el clásico paso de lado, ese que en la política michoacana se domina mejor que el discurso.
¿Y cómo pretenden resolver el empate? Con una encuesta, por supuesto. En Morena la encuesta es más que un método: es oráculo, es confesionario y es, llegado el caso, acta de defunción de las aspiraciones ajenas. Lo que diga el muestreo se convierte, por arte de comunicado, en "la voluntad del pueblo". Un pueblo que, dicho sea de paso, se entera del resultado al mismo tiempo que el perdedor, y a veces después.
Mientras tanto, en el aire queda flotando la hipótesis de una alianza con el PRD michoacano, que Torres Piña reconoce "útil" sin comprometerse a nada, como quien acepta que le presten el coche pero sin prometer la gasolina. La coreografía es perfecta: todos se necesitan, nadie se compromete, y el reloj electoral corre.
Hay algo casi tierno en ver a un partido tan acostumbrado a ganar negociando consigo mismo a puerta cerrada. Porque esto no es, todavía, un pleito con la oposición; es un ensayo general en el que los propios actores no se ponen de acuerdo sobre quién entra al escenario. La oposición, mientras tanto, observa desde la butaca y ahorra saliva: para qué gastar pólvora si el adversario anda ocupado buscándose a sí mismo.
Queda la incógnita de siempre: ¿contestará Morón? ¿Lo desempatará la encuesta? ¿Habrá alianza? El morenismo michoacano nos tiene en vilo con la única trama en la que el villano, el héroe y el suspenso son el mismo partido. Nos vemos en el próximo capítulo; traigan palomitas y, por si acaso, carguen bien el celular.