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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 6 de octubre de 2026

Clara firma el decálogo, Sheinbaum la aplaude y la ciudad se seca con estilo

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Dos años cumplió el gobierno de la Ciudad de México y, como toda relación que llega a su aniversario, decidió celebrarlo con promesas por escrito. La jefa de Gobierno y su gabinete firmaron un código de ética de diez puntos —austeridad, transparencia, cero corrupción— en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, ese edificio donde la solemnidad se vende por metro cuadrado. Un decálogo. Porque nada dice "esta vez sí" como poner por escrito que no vas a robar, con pluma y testigos, igualito que firmar la lista de asistencia del kínder jurando portarse bien.

Y por si al decálogo le faltaba padrino, llegó la presidenta con la reseña más entusiasta del sexenio: "¡Es muy buena Clara!". Tres palabras y un signo de admiración que ya quisiera cualquiera en su evaluación de desempeño. Uno espera indicadores, metas, tableros de colores; recibió un elogio de comadre en la tiendita. Funciona igual: el que tiene el favor presidencial no necesita rúbrica, necesita adjetivo.

Lo entrañable es que, mientras en la capital se firma la transparencia a mano alzada, allá en la federación la Unidad de Inteligencia Financiera decidió que la mejor forma de combatir la corrupción es que nadie sepa quién trabaja ahí. Reservó los nombres de sus funcionarios hasta 2029, prorrogables, "para evitar sobornos". Brillante: si no saben a quién sobornar, no hay soborno. Con esa lógica resolveríamos el tránsito reservando la ubicación de las avenidas.

Pero el verdadero decálogo capitalino no se firmó en un palacio: se vive cada mañana en la llave de la cocina. Once de los dieciséis acuíferos que abastecen al valle de México tienen déficit, seis están sobrexplotados, repararon una fuga en el Ramal Tláhuac apagando todos los pozos, y encima el temporal de lluvias se extiende hasta el 10 de octubre con alerta púrpura en la Magdalena Contreras. Resumen hídrico de la ciudad: nos estamos ahogando de sed. Llueve tanto que las calles son ríos y, aun así, hay que cargar la cubeta. Único lugar del mundo donde puedes salir en lancha a comprar garrafones.

En el frente inmobiliario, los datos confirman lo que cualquier chilango de treinta y tantos ya sabía en los huesos: comprar casa es el mayor anhelo de los habitantes de la CDMX, con un crédito hipotecario promedio de 3.1 millones de pesos. Seis de cada diez jóvenes ven inviable formar una familia por el precio de la vivienda. O sea que la generación que no puede pagar renta tampoco puede reproducirse: el mercado inmobiliario como método anticonceptivo, discreto y carísimo. El sueño de la casa propia pasó de "algún día" a "en otra vida, y de preferencia heredada".

Mientras tanto, el Monte de Piedad vive su momento estelar: la Profeco abrió las puertas a quejas por cobros indebidos y el sindicato anunció que pagará el salario retroactivo de la huelga… entre noviembre de 2026 y septiembre de 2027. Es decir, le piden paciencia a los empleados de la institución que existe precisamente porque la gente no tiene paciencia para esperar dinero. El empeño del empeño.

En Hacienda, la receta de siempre: al SAT le recortan el presupuesto a poco más de 11 mil millones de pesos y, en el mismo oficio, le exigen recaudar más. Hacer más con menos, el eslogan que une a toda burocracia con toda mamá mexicana. El SAT ya avisó que no tiene cómo vigilar a 60 millones de contribuyentes, así que apuesta por el "cumplimiento voluntario", concepto tan optimista como pedirle a la banqueta que las motos la respeten solitas. Y hablando de eso: infraccionaron 225 motos en Cuautitlán Izcalli y otras tantas invadieron el parque lineal del periférico, donde ya ni los peatones ni el concepto de banqueta tienen derecho de paso.

Para cerrar con causa patriótica: una promesa en redes reavivó el debate sobre traer de regreso el Penacho de Moctezuma. Porque si algo le urge a esta ciudad que no tiene agua, ni casas pagables, ni nombres de funcionarios visibles, son plumas de hace cinco siglos. Prioridades. Al menos el penacho, esté donde esté, tiene domicilio fijo y nadie le pide crédito hipotecario.

Firmamos la ética. Ahora falta la segunda parte: leerla.