Las presas respiran mientras la ciudad traga agua
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Buenas noticias desde los embalses: las presas de Nuevo León ya 'respiran'. La Boca alcanzó este lunes un 92.27 por ciento, El Cuchillo llegó al 53.69 y Cerro Prieto, estoico como siempre, se mantuvo sin cambios, como el amigo que llega a la reunión pero no aporta a la cooperacha. Gracias al frente frío número uno, que se instaló sobre el noreste con la comodidad de quien ya no piensa irse, el almacenamiento hídrico del estado va en franca recuperación.
Y nadie discute la bendición: en una tierra que vivió años rezándole al cielo por cada gota, ver La Boca casi llena es para enmarcarlo. El problema es el paquete completo, porque la misma agua que llena las presas también se dedicó, con idéntico entusiasmo, a demoler todo lo que encontró a su paso.
Entre los daños de la temporada: en el Jardín de Niños Salvador Zubirán Anchondo, en el sector de La Alianza, en Escobedo, se desplomó parte de la techumbre exterior —un tramo cercano a los dos metros— por la humedad acumulada. Es decir, mientras celebramos que no faltará el agua, a los más pequeños se les cae el techo encima. Un empate técnico entre la buena y la mala noticia.
Y esto apenas va a la mitad. Protección Civil adelantó que las lluvias y chubascos continuarán durante la semana, con posibles rachas de viento, porque el frente frío estacionario no entiende de 'ya estuvo bueno'. Se quedó, puso los pies sobre la mesa y pidió otra ronda.
Así que el regio promedio vive la paradoja perfecta del otoño: brinda por el nivel de las presas con una mano mientras, con la otra, trapea la sala, abanderan su calle por acumulación de agua y revisa que el techo de su casa no tenga ideas propias. Tenemos reserva hídrica para el futuro y goteras para el presente. En Nuevo León hasta las buenas noticias llegan con los zapatos mojados.
Y nadie discute la bendición: en una tierra que vivió años rezándole al cielo por cada gota, ver La Boca casi llena es para enmarcarlo. El problema es el paquete completo, porque la misma agua que llena las presas también se dedicó, con idéntico entusiasmo, a demoler todo lo que encontró a su paso.
Entre los daños de la temporada: en el Jardín de Niños Salvador Zubirán Anchondo, en el sector de La Alianza, en Escobedo, se desplomó parte de la techumbre exterior —un tramo cercano a los dos metros— por la humedad acumulada. Es decir, mientras celebramos que no faltará el agua, a los más pequeños se les cae el techo encima. Un empate técnico entre la buena y la mala noticia.
Y esto apenas va a la mitad. Protección Civil adelantó que las lluvias y chubascos continuarán durante la semana, con posibles rachas de viento, porque el frente frío estacionario no entiende de 'ya estuvo bueno'. Se quedó, puso los pies sobre la mesa y pidió otra ronda.
Así que el regio promedio vive la paradoja perfecta del otoño: brinda por el nivel de las presas con una mano mientras, con la otra, trapea la sala, abanderan su calle por acumulación de agua y revisa que el techo de su casa no tenga ideas propias. Tenemos reserva hídrica para el futuro y goteras para el presente. En Nuevo León hasta las buenas noticias llegan con los zapatos mojados.