El estado donde llueve a cántaros, se hunde a cachos y la transparencia se designa a dedo
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Amanece miércoles en Chihuahua y el cielo vuelve a prometer lo de siempre: lluvia que todos agradecen y que, por algún misterio digno de Conagua, nunca termina de llegar a donde hace falta. Porque en este estado ocurre un prodigio hidrológico inédito: se desborda el Río Bravo, aparecen ratas almizcleras nadando a sus anchas en la frontera, se abren 51 hundimientos en Juárez —de los cuales ya taparon 35, para que vean que sí trabajan— y, aun así, las presas amanecen más flacas que el año pasado. Cuarenta por ciento más flacas, para ser precisos. El Granero, por el rumbo de Aldama, va al 9.9 por ciento: un charco con aspiraciones.
El director de la JMAS nos regaló una frase para enmarcar y colgar junto al bóiler: el agua de estas lluvias tardará “años” en llegar al subsuelo. Años. Uno abre la llave esperando un vaso y le contestan que forme turno, que su humedad está agendada para 2029. Conagua, por su parte, explicó que la baja se debe a la falta de lluvias, lo cual es un giro argumental notable en el mismo mes en que el estado parecía alberca. Eso sí, deslizaron que a lo mejor parte del agua se fue contabilizada al Tratado con Estados Unidos, que es la manera elegante de decir que el líquido existió, nomás que ya trae pasaporte.
Mientras las presas se vacían, la clase política se llena de una sustancia igual de escasa: la transparencia. Morena designó a su coordinadora de la Defensa de la Transformación en Ciudad Juárez, y lo hizo de la forma más democrática que existe: desde la Comisión Nacional, en la capital del país, a cientos de kilómetros de Juárez. Acto seguido, el coordinador estatal felicitó, una delegada federal juró que el proceso fue transparentísimo, y el senador Loera —que no deja de pedir “reglas claras, encuestas creíbles y democracia interna”— nos recordó que lo importante es la confianza ciudadana. Todos de acuerdo en que hubo transparencia; lástima que nadie alcanzó a ver a través de ella.
En el capítulo económico, la Canaco de la frontera sacó su bola de cristal y pronosticó un dólar de hasta 18.80 pesos. Los analistas de Citi, más prudentes, lo ven en 18.00. En El Destiempo no apostamos, pero notamos que el pronóstico del dólar en Chihuahua tiene la misma exactitud que el del clima: alguien dice un número, el cielo hace lo que quiere, y al final todos pagamos.
De seguridad, la Sedena presumió un aumento del 57 por ciento en la presencia del Ejército en el estado: tres mil 38 efectivos. El dato fino es que, en Juárez, buena parte de los auxilios militares del año se concentró en… las heladas. Es decir, trajimos al Ejército Mexicano a pelear contra el frío. Uno imagina al soldado raso cuadrándose frente a una fila de carros congelados, pensando que para esto no lo entrenaron.
En la capital, el deporte estatal sigue siendo omitir el alto. El cruce de la Décima y Nueva España volvió a dar nota —un Versa contra una CR-V, bolsas de aire desplegadas, cero lesionados y tres periódicos fotografiando el mismo cofre arrugado como si fuera alfombra roja—. En Juárez, una conductora logró lo imposible: chocar contra un tráiler que estaba detenido, porque iba atendiendo asuntos de mayor urgencia en la pantalla del celular. Y en el Canal, rumbo al Reliz, los automovilistas por fin se organizaron para algo bello: cerrarle el paso a los “gandallas” que se meten por el carril clausurado. La única cooperativa funcional del estado es la del despecho vial.
El toque surrealista vino de la vecina Monterrey, donde un robot humanoide salió a caminar por la banqueta y tropezó con el escalón. Tranquilos: es la primera inteligencia artificial que descubre que las banquetas mexicanas vencen a cualquier algoritmo. Aquí en Chihuahua lo contratábamos de inmediato; sabría exactamente dónde están los baches de Parral, que ya traen catálogo propio.
Y para cerrar el día, la Cámara de Diputados aprobó que en las gasolineras se pague solo con tarjeta. Una medida moderna, digital, del futuro. Ojalá ese mismo entusiasmo tecnológico lo aplicaran a avisarnos, en tiempo real, cuánta agua les queda a las presas, o a transmitir —en vivo y con transparencia de verdad— cómo se designa a un candidato. Pero no: para eso seguimos en la era analógica, esperando que el agua llegue al subsuelo en un par de años y que la democracia interna llegue, con suerte, en la próxima elección.
En Chihuahua llueve sobre mojado, se hunde sobre hundido y se designa sobre designado. Lo único que no se recarga es la paciencia.
El director de la JMAS nos regaló una frase para enmarcar y colgar junto al bóiler: el agua de estas lluvias tardará “años” en llegar al subsuelo. Años. Uno abre la llave esperando un vaso y le contestan que forme turno, que su humedad está agendada para 2029. Conagua, por su parte, explicó que la baja se debe a la falta de lluvias, lo cual es un giro argumental notable en el mismo mes en que el estado parecía alberca. Eso sí, deslizaron que a lo mejor parte del agua se fue contabilizada al Tratado con Estados Unidos, que es la manera elegante de decir que el líquido existió, nomás que ya trae pasaporte.
Mientras las presas se vacían, la clase política se llena de una sustancia igual de escasa: la transparencia. Morena designó a su coordinadora de la Defensa de la Transformación en Ciudad Juárez, y lo hizo de la forma más democrática que existe: desde la Comisión Nacional, en la capital del país, a cientos de kilómetros de Juárez. Acto seguido, el coordinador estatal felicitó, una delegada federal juró que el proceso fue transparentísimo, y el senador Loera —que no deja de pedir “reglas claras, encuestas creíbles y democracia interna”— nos recordó que lo importante es la confianza ciudadana. Todos de acuerdo en que hubo transparencia; lástima que nadie alcanzó a ver a través de ella.
En el capítulo económico, la Canaco de la frontera sacó su bola de cristal y pronosticó un dólar de hasta 18.80 pesos. Los analistas de Citi, más prudentes, lo ven en 18.00. En El Destiempo no apostamos, pero notamos que el pronóstico del dólar en Chihuahua tiene la misma exactitud que el del clima: alguien dice un número, el cielo hace lo que quiere, y al final todos pagamos.
De seguridad, la Sedena presumió un aumento del 57 por ciento en la presencia del Ejército en el estado: tres mil 38 efectivos. El dato fino es que, en Juárez, buena parte de los auxilios militares del año se concentró en… las heladas. Es decir, trajimos al Ejército Mexicano a pelear contra el frío. Uno imagina al soldado raso cuadrándose frente a una fila de carros congelados, pensando que para esto no lo entrenaron.
En la capital, el deporte estatal sigue siendo omitir el alto. El cruce de la Décima y Nueva España volvió a dar nota —un Versa contra una CR-V, bolsas de aire desplegadas, cero lesionados y tres periódicos fotografiando el mismo cofre arrugado como si fuera alfombra roja—. En Juárez, una conductora logró lo imposible: chocar contra un tráiler que estaba detenido, porque iba atendiendo asuntos de mayor urgencia en la pantalla del celular. Y en el Canal, rumbo al Reliz, los automovilistas por fin se organizaron para algo bello: cerrarle el paso a los “gandallas” que se meten por el carril clausurado. La única cooperativa funcional del estado es la del despecho vial.
El toque surrealista vino de la vecina Monterrey, donde un robot humanoide salió a caminar por la banqueta y tropezó con el escalón. Tranquilos: es la primera inteligencia artificial que descubre que las banquetas mexicanas vencen a cualquier algoritmo. Aquí en Chihuahua lo contratábamos de inmediato; sabría exactamente dónde están los baches de Parral, que ya traen catálogo propio.
Y para cerrar el día, la Cámara de Diputados aprobó que en las gasolineras se pague solo con tarjeta. Una medida moderna, digital, del futuro. Ojalá ese mismo entusiasmo tecnológico lo aplicaran a avisarnos, en tiempo real, cuánta agua les queda a las presas, o a transmitir —en vivo y con transparencia de verdad— cómo se designa a un candidato. Pero no: para eso seguimos en la era analógica, esperando que el agua llegue al subsuelo en un par de años y que la democracia interna llegue, con suerte, en la próxima elección.
En Chihuahua llueve sobre mojado, se hunde sobre hundido y se designa sobre designado. Lo único que no se recarga es la paciencia.