Clase magistral de cómo no responder: el funcionario que contestó una pregunta que nadie hizo
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En el Senado ocurrió un prodigio del idioma. Al secretario de Hacienda, Édgar Amador, le hicieron una pregunta de respuesta binaria: ¿la Unidad de Inteligencia Financiera investiga a Amílcar Olán, amigo de Andy López Beltrán? Sí o no. El funcionario escogió una tercera opción que no venía en el examen.
Según la crónica del comunicador Carlos Loret de Mola, el secretario respondió que la UIF "no hace ninguna excepción... no tiene ninguna otra restricción más que la guía que le dan, digamos, la Fiscalía... y no existe, digamos, en este momento, investigaciones en ese sentido por parte de la Fiscalía". Nadie preguntó por la Fiscalía. Nadie preguntó si la Fiscalía había pedido asistencia. Le preguntaron por la UIF. El secretario contestó, con precisión quirúrgica, algo distinto a lo que se le inquirió.
Es, hay que reconocerlo, una obra maestra del género. Cantinflas al menos tenía la decencia de hacerlo por risa y sin presupuesto. Aquí el arte de hablar durante un minuto para no decir nada se ejecuta con sueldo público, corbata y cámara del Canal del Congreso. La versión oficial es clara: no hay investigación contra Olán porque la FGR no la ha solicitado. La versión oficial, de paso, evita con destreza de contorsionista aclarar si la UIF, por su cuenta, ha mirado hacia esa dirección.
Conviene subrayar lo obvio para no caer en calumnia: el gobierno sostiene que no existe indagatoria y aquí nadie afirma lo contrario. Lo único que documentamos es el fenómeno retórico. Porque una cosa es responder "no" —seco, verificable, valiente— y otra muy distinta es construir un laberinto de "digamos" y comas subordinadas del que el funcionario sale ileso y el ciudadano, mareado.
Ahí radica el talento: no mentir, tampoco responder. Flotar. El secretario de Hacienda demostró que se puede comparecer ante la República y lograr que, al final, la única certeza sea que el micrófono funcionaba. Lo demás, digamos, queda en el aire. Como el agua de Guadalajara: prometida, anunciada y nunca del todo clara.
Según la crónica del comunicador Carlos Loret de Mola, el secretario respondió que la UIF "no hace ninguna excepción... no tiene ninguna otra restricción más que la guía que le dan, digamos, la Fiscalía... y no existe, digamos, en este momento, investigaciones en ese sentido por parte de la Fiscalía". Nadie preguntó por la Fiscalía. Nadie preguntó si la Fiscalía había pedido asistencia. Le preguntaron por la UIF. El secretario contestó, con precisión quirúrgica, algo distinto a lo que se le inquirió.
Es, hay que reconocerlo, una obra maestra del género. Cantinflas al menos tenía la decencia de hacerlo por risa y sin presupuesto. Aquí el arte de hablar durante un minuto para no decir nada se ejecuta con sueldo público, corbata y cámara del Canal del Congreso. La versión oficial es clara: no hay investigación contra Olán porque la FGR no la ha solicitado. La versión oficial, de paso, evita con destreza de contorsionista aclarar si la UIF, por su cuenta, ha mirado hacia esa dirección.
Conviene subrayar lo obvio para no caer en calumnia: el gobierno sostiene que no existe indagatoria y aquí nadie afirma lo contrario. Lo único que documentamos es el fenómeno retórico. Porque una cosa es responder "no" —seco, verificable, valiente— y otra muy distinta es construir un laberinto de "digamos" y comas subordinadas del que el funcionario sale ileso y el ciudadano, mareado.
Ahí radica el talento: no mentir, tampoco responder. Flotar. El secretario de Hacienda demostró que se puede comparecer ante la República y lograr que, al final, la única certeza sea que el micrófono funcionaba. Lo demás, digamos, queda en el aire. Como el agua de Guadalajara: prometida, anunciada y nunca del todo clara.