Potable era un decir: Jalisco descubre que el agua venía con sorpresa incluida
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Después de días de reportes de agua turbia, amarillenta y con aroma a decepción, el gobierno de Jalisco hizo un anuncio que, bien leído, es una confesión: durante los próximos seis meses habrá tandeos, rotaciones y baja presión en la Zona Metropolitana porque se dejará de usar el agua del Sistema Antiguo de Abasto, contaminada en el canal y la presa de Las Pintas. En otras palabras: el agua que hasta ayer salía de la llave y llamábamos "potable" ya no sirve. Lo bueno es que nos lo dijeron. Lo malo es todo lo demás.
El gobernador Pablo Lemus lo presentó como solución; los especialistas lo tradujeron con menos diplomacia: se corta el suministro de mala calidad, cierto, pero se entra en otra deficiencia para tapar la primera. Hasta 950 mil habitantes podrían resentir los cortes. La diputada Mery Pozos pide declarar crisis sanitaria. Los vecinos de Parques Colón, de la Nueva Primavera y de media ciudad ya no piden nada: llevan días en la calle, con cubeta y pancarta, porque descubrieron que la dermatitis también cotiza en el recibo.
Lo verdaderamente tapatío del asunto es el orden de los factores. Primero el tandeo, la próxima semana el instructivo: el SIAPA y los municipios prometen explicar el lunes 12 cómo funcionarán los cortes. Es decir, nos dejan sin agua y luego nos reparten el manual de cómo estar sin agua. Y para que nadie se alarme con la cartera, aclararon que nada de esto subirá la tarifa. Faltaba más: cobrar lo mismo por menos ya es, en sí, un modelo de negocio admirable.
Mientras tanto, el canal de Las Pintas sigue recibiendo descargas que nadie reconoce, cada dependencia señala a la de junto y el gobierno investiga quién contaminó, como si fuera un misterio y no una costumbre. La buena noticia, dicen, es que Chapala aporta el 63% del abasto y existen programas como Nidos de Lluvia, que ampliará su cobertura. La mala es que el cielo no manda recibos, pero tampoco garantías.
Guarde agua, vecino. No porque falte —abunda el discurso—, sino porque la próxima conferencia de prensa, por más caudalosa que sea, todavía no se puede beber.
El gobernador Pablo Lemus lo presentó como solución; los especialistas lo tradujeron con menos diplomacia: se corta el suministro de mala calidad, cierto, pero se entra en otra deficiencia para tapar la primera. Hasta 950 mil habitantes podrían resentir los cortes. La diputada Mery Pozos pide declarar crisis sanitaria. Los vecinos de Parques Colón, de la Nueva Primavera y de media ciudad ya no piden nada: llevan días en la calle, con cubeta y pancarta, porque descubrieron que la dermatitis también cotiza en el recibo.
Lo verdaderamente tapatío del asunto es el orden de los factores. Primero el tandeo, la próxima semana el instructivo: el SIAPA y los municipios prometen explicar el lunes 12 cómo funcionarán los cortes. Es decir, nos dejan sin agua y luego nos reparten el manual de cómo estar sin agua. Y para que nadie se alarme con la cartera, aclararon que nada de esto subirá la tarifa. Faltaba más: cobrar lo mismo por menos ya es, en sí, un modelo de negocio admirable.
Mientras tanto, el canal de Las Pintas sigue recibiendo descargas que nadie reconoce, cada dependencia señala a la de junto y el gobierno investiga quién contaminó, como si fuera un misterio y no una costumbre. La buena noticia, dicen, es que Chapala aporta el 63% del abasto y existen programas como Nidos de Lluvia, que ampliará su cobertura. La mala es que el cielo no manda recibos, pero tampoco garantías.
Guarde agua, vecino. No porque falte —abunda el discurso—, sino porque la próxima conferencia de prensa, por más caudalosa que sea, todavía no se puede beber.