El profeta de sí mismo: me apunto, luego gano
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Hay candidatos que esperan la encuesta, hay candidatos que esperan la bendición del partido y hay candidatos que se ahorran los dos trámites porque ya se vieron el futuro completito. En la capital del estado apareció esta semana el tercer tipo: un exalcalde que anunció que, si Acción Nacional decide que haya aspirante hombre para Guanajuato capital, él se apunta, y que si se apunta es —textual— porque va a ganar.
Admiremos la arquitectura del razonamiento, porque es una joya de ingeniería retórica. No dice que competirá. No dice que lo intentará. Dice que ganará, y lo ata a un solo requisito: que él mismo se anote. El acto de inscribirse se convierte así en profecía autocumplida. Es la democracia reducida a su versión más cómoda, aquella en la que el resultado se conoce antes de imprimir las boletas y el conteo es una formalidad para que los funcionarios de casilla no se aburran.
La cosa subió de tono cuando un diputado le recordó que no se había registrado como defensor de la patria, la familia y la libertad, y que por tanto quizá no cumplía el perfil. La respuesta del aspirante fue pedirle al legislador que se midiera en sus declaraciones, recordándole que no es presidente del partido ni estatal ni nacional. Y aquí está el detalle delicioso: exigir mesura en el mismo párrafo en que uno se autoproclama ganador indiscutible requiere una flexibilidad de columna que ni los contorsionistas del Cervantino.
Porque seamos justos: la confianza es una virtud, y en la política guanajuatense, donde todos se abrazan en público y se cuentan los dedos después, hace falta temple. Pero entre tener temple y repartir diplomas de victoria antes del arranque hay la misma distancia que entre apuntarse y ganar. Esa distancia, pequeño inconveniente, se llama electorado. Y el electorado tiene la fea costumbre de no leer los comunicados antes de votar.
Quedan meses, quedan tiempos legales que el propio aspirante dice que respetará, y queda la incógnita de si el partido le abrirá o no la puerta. Mientras tanto, Guanajuato suma a su bestiario electoral una figura inmortal: el profeta de su propio triunfo. Que gane o pierda será asunto de 2027. Que ya se declaró ganador en 2026 es asunto de esta columna, y se lo agradecemos de corazón.
Admiremos la arquitectura del razonamiento, porque es una joya de ingeniería retórica. No dice que competirá. No dice que lo intentará. Dice que ganará, y lo ata a un solo requisito: que él mismo se anote. El acto de inscribirse se convierte así en profecía autocumplida. Es la democracia reducida a su versión más cómoda, aquella en la que el resultado se conoce antes de imprimir las boletas y el conteo es una formalidad para que los funcionarios de casilla no se aburran.
La cosa subió de tono cuando un diputado le recordó que no se había registrado como defensor de la patria, la familia y la libertad, y que por tanto quizá no cumplía el perfil. La respuesta del aspirante fue pedirle al legislador que se midiera en sus declaraciones, recordándole que no es presidente del partido ni estatal ni nacional. Y aquí está el detalle delicioso: exigir mesura en el mismo párrafo en que uno se autoproclama ganador indiscutible requiere una flexibilidad de columna que ni los contorsionistas del Cervantino.
Porque seamos justos: la confianza es una virtud, y en la política guanajuatense, donde todos se abrazan en público y se cuentan los dedos después, hace falta temple. Pero entre tener temple y repartir diplomas de victoria antes del arranque hay la misma distancia que entre apuntarse y ganar. Esa distancia, pequeño inconveniente, se llama electorado. Y el electorado tiene la fea costumbre de no leer los comunicados antes de votar.
Quedan meses, quedan tiempos legales que el propio aspirante dice que respetará, y queda la incógnita de si el partido le abrirá o no la puerta. Mientras tanto, Guanajuato suma a su bestiario electoral una figura inmortal: el profeta de su propio triunfo. Que gane o pierda será asunto de 2027. Que ya se declaró ganador en 2026 es asunto de esta columna, y se lo agradecemos de corazón.