La reaparición más silenciosa del Bajío
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Existe un género político poco estudiado: el de quienes reaparecen en público específicamente para anunciar que no tienen nada que anunciar. Esta semana Guanajuato tuvo un ejemplar de museo. El exgobernador salió del discreto retiro en el que se había instalado para confirmar, ante cámaras, tres cosas: que mantendrá su decisión de no ofrecer declaraciones, que descarta participar en las elecciones de 2027 y que felicita a la actual administración por su gestión.
Detengámonos a saborear la paradoja. Convocar la atención para comunicar silencio es como rentar un espectacular para escribir 'aquí no dice nada'. Y sin embargo funciona, porque en política mexicana el silencio también es mensaje, y el que calla a tiempo suele cobrar después. Mientras media clase política del estado anda en modo altavoz —apuntándose a candidaturas, exigiendo mesura ajena, defendiendo constructoras de gravacero—, aquí tenemos al personaje que convirtió el mutismo en estrategia y la discreción en marca registrada.
El contraste es casi poético. En la misma semana, un aspirante de la capital juraba que ganaría por el solo hecho de apuntarse, y en la otra esquina del ring un exmandatario aseguraba que no va a decir ni pío. Si uno pudiera promediar ambas actitudes, Guanajuato tendría el político perfecto: uno que hable lo justo y gane lo necesario. Pero la vida no promedia, y nos deja los extremos para que la columna tenga de dónde agarrarse.
La felicitación a la gobernadora, por cierto, es el detalle fino. Descartarse de 2027 y elogiar a quien hoy ocupa el cargo es un gesto que se lee en dos tiempos: en el primero suena a caballerosidad institucional; en el segundo, a jugador que se retira de la mesa dejando claro que no viene a estorbar. Nada se afirma, nada se niega del todo, y todos quedan tranquilos. Maestría pura.
Que conste que no hay reproche: después de años de reflectores, el derecho al silencio es tan legítimo como el derecho a la réplica. Pero permítanos la malicia de señalar que, en una entidad donde cualquiera monta rueda de prensa para no decir nada, hacerlo con elegancia y economía de palabras ya es, a su modo, una declaración. La más ruidosa de la semana, de hecho, fue el silencio mejor administrado del estado.
Detengámonos a saborear la paradoja. Convocar la atención para comunicar silencio es como rentar un espectacular para escribir 'aquí no dice nada'. Y sin embargo funciona, porque en política mexicana el silencio también es mensaje, y el que calla a tiempo suele cobrar después. Mientras media clase política del estado anda en modo altavoz —apuntándose a candidaturas, exigiendo mesura ajena, defendiendo constructoras de gravacero—, aquí tenemos al personaje que convirtió el mutismo en estrategia y la discreción en marca registrada.
El contraste es casi poético. En la misma semana, un aspirante de la capital juraba que ganaría por el solo hecho de apuntarse, y en la otra esquina del ring un exmandatario aseguraba que no va a decir ni pío. Si uno pudiera promediar ambas actitudes, Guanajuato tendría el político perfecto: uno que hable lo justo y gane lo necesario. Pero la vida no promedia, y nos deja los extremos para que la columna tenga de dónde agarrarse.
La felicitación a la gobernadora, por cierto, es el detalle fino. Descartarse de 2027 y elogiar a quien hoy ocupa el cargo es un gesto que se lee en dos tiempos: en el primero suena a caballerosidad institucional; en el segundo, a jugador que se retira de la mesa dejando claro que no viene a estorbar. Nada se afirma, nada se niega del todo, y todos quedan tranquilos. Maestría pura.
Que conste que no hay reproche: después de años de reflectores, el derecho al silencio es tan legítimo como el derecho a la réplica. Pero permítanos la malicia de señalar que, en una entidad donde cualquiera monta rueda de prensa para no decir nada, hacerlo con elegancia y economía de palabras ya es, a su modo, una declaración. La más ruidosa de la semana, de hecho, fue el silencio mejor administrado del estado.