El eterno alumno de nuevo ingreso
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Hay políticos que se retiran y políticos que simplemente cambian de salón. El exsecretario de Educación Pública del sexenio peñista, aquel que también dirigió la Oficina de la Presidencia, reapareció esta semana recorriendo universidades del Estado de México. La escena tiene su poesía: el hombre que durante años calificó tareas ahora anda haciendo la suya, y encima la entrega en otro color.
Porque el detalle no es menor. Tras mantenerse alejado de los cargos públicos y del partido que lo vio crecer, nuestro personaje ha estado participando en foros y actividades vinculadas con Movimiento Ciudadano, que lo perfila para una encomienda rumbo a 2027. Del tricolor al naranja: un cambio de guardarropa que en México equivale a renacer. Es la transfiguración política clásica, esa en la que uno no reniega del pasado, simplemente lo deja en el clóset con naftalina.
La misión, dicen, es acercarse a liderazgos locales e identificar perfiles de cara a las elecciones. Suena a reclutamiento, aunque también a lo que hace cualquier profesor el primer día: pasar lista, ver quién sirve y anotar a los prometedores en una libreta. La dirigencia incluso prepararía su designación como delegado en la entidad. Delegado: ese cargo que no se vota pero se respeta, como el prefecto de la secundaria.
El Estado de México es, además, el patio donde todos quieren jugar. Ahí se cuecen las habas electorales del país, y llegar a tocar puertas con dos años de anticipación no es madrugar: es poner el despertador para el año que entra. El visitante lo sabe, por eso recorre campus como quien hace precampaña de precampaña, una categoría que en México ya debería tener su propia ley.
Lo entrañable del asunto es la fe en las segundas, terceras y cuartas oportunidades. Aquí nadie se jubila de la política; a lo mucho toma un año sabático, se deja ver en un par de conferencias y regresa con narrativa nueva. El naranja le sienta o no le sienta, eso lo dirá la boleta. Por lo pronto, el eterno alumno ya pidió su reinscripción, y el Estado de México volvió a abrir matrícula.
Porque el detalle no es menor. Tras mantenerse alejado de los cargos públicos y del partido que lo vio crecer, nuestro personaje ha estado participando en foros y actividades vinculadas con Movimiento Ciudadano, que lo perfila para una encomienda rumbo a 2027. Del tricolor al naranja: un cambio de guardarropa que en México equivale a renacer. Es la transfiguración política clásica, esa en la que uno no reniega del pasado, simplemente lo deja en el clóset con naftalina.
La misión, dicen, es acercarse a liderazgos locales e identificar perfiles de cara a las elecciones. Suena a reclutamiento, aunque también a lo que hace cualquier profesor el primer día: pasar lista, ver quién sirve y anotar a los prometedores en una libreta. La dirigencia incluso prepararía su designación como delegado en la entidad. Delegado: ese cargo que no se vota pero se respeta, como el prefecto de la secundaria.
El Estado de México es, además, el patio donde todos quieren jugar. Ahí se cuecen las habas electorales del país, y llegar a tocar puertas con dos años de anticipación no es madrugar: es poner el despertador para el año que entra. El visitante lo sabe, por eso recorre campus como quien hace precampaña de precampaña, una categoría que en México ya debería tener su propia ley.
Lo entrañable del asunto es la fe en las segundas, terceras y cuartas oportunidades. Aquí nadie se jubila de la política; a lo mucho toma un año sabático, se deja ver en un par de conferencias y regresa con narrativa nueva. El naranja le sienta o no le sienta, eso lo dirá la boleta. Por lo pronto, el eterno alumno ya pidió su reinscripción, y el Estado de México volvió a abrir matrícula.