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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 7 de octubre de 2026

110 pesos por el honor de llegar al AIFA

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Todo lo bueno se acaba, y en México lo bueno suele durar lo que una tarifa promocional. A partir del 10 de octubre, el Tren Suburbano que conecta con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles estrena un nuevo esquema: pagarás según la distancia, pero cualquier viaje que tenga como origen o destino la terminal costará 110 pesos. Despídete de aquellos 11.50 que te hacían sentir que el país, por un instante, estaba de tu lado.

Hagamos la matemática del duelo: de 11.50 a 110 hay un brinco de casi diez veces. Si tu salario hubiera crecido a ese ritmo, hoy estarías leyendo esto desde un yate. Pero no: el que subió fue el boleto, con esa agilidad felina que solo muestran los precios cuando se trata de servicios que ya empezaste a usar por costumbre. La promoción, que originalmente iba a durar un mes, se estiró lo suficiente para engancharnos; el cobro completo llega ahora, cuando ya le tomamos cariño a la ruta.

El razonamiento oficial es impecable en su frialdad: la tarifa barata era un gancho, no un derecho. Y tienen razón, como la tiene el gimnasio que te regala el primer mes sabiendo que luego firmarás la anualidad por vergüenza. Los estudiantes, siempre optimistas, ya proponen algún tipo de descuento. Noble intento; ojalá la autoridad tenga memoria tarifaria y no solo memoria de aumento.

Mientras tanto, el viajero promedio hace cuentas. Ciento diez pesos de ida más otros tantos de regreso ya son 220, cifra con la que en algunas apps de aventón llegas directo sin cargar maleta por andenes. El tren prometía democratizar el acceso a ese aeropuerto que nos insistieron en amar; cobrar 110 no lo vuelve inaccesible, pero sí convierte el 'ahorro' en una anécdota que les contaremos a los nietos: 'yo alcancé la tarifa de 11.50, criatura'.

Así que ya sabes: si piensas volar desde el Felipe Ángeles, suma el boleto del tren al presupuesto y despídete de la era dorada. La promoción fue bonita mientras duró, como todo amor de verano y como toda tarifa introductoria en este país donde lo barato siempre tiene fecha de caducidad escrita con letra chiquita.