Arranca el año electoral en Nuevo León: con Ejército, socavón de bienvenida y un ramillete que no se marchita
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Señoras y señores, suban a la góndola: arrancó formalmente el Periodo Ordinario de Actividad Electoral 2026-2027, y lo inauguraron como se inaugura todo en esta tierra: con ceremonia cívica, honores y hasta el Ejército Mexicano presente, no vaya a ser que alguien dude de la solemnidad del asunto. Es bonito ver al Estado tomarse tan en serio el banderazo de salida de una carrera que ya traía corredores calentando desde hace meses. Porque conviene recordar que el instituto electoral llegó a su propia fiesta de estreno con un detallito: 370 denuncias acumuladas antes de que oficialmente empezara nada. Trescientas setenta. Un récord de precocidad que ya quisieran los eventos deportivos. Aquí hasta las campañas sucias son madrugadoras.
El plato fuerte lo pone, como siempre, el partido naranja, que según se presume no tiene un candidato para la gubernatura, sino un "ramillete" de opciones. Un ramillete. Qué manera tan poética de decir "todavía no nos ponemos de acuerdo". A la cabeza del arreglo floral aparece Mariana Rodríguez, y detrás, varios tallos esperando su turno en el florero. Mientras otros partidos se desgastan buscando un solo perfil competitivo, el naranja presume jardín completo. Habrá que ver cuál flor se corta para el ojal.
Enfrente, la vieja alianza intenta rearmarse con olor a nostalgia. Fernando Canales Clariond, aquel exgobernador, anunció que asumirá el papel de "ancla" para convencer a los empresarios de sumarse al PRI-PAN. Ancla. O sea, lo que se amarra a algo pesado para que no se mueva. Uno no sabe si la metáfora es de estabilidad o de hundimiento, pero el hombre la eligió con todas sus letras, y de paso dijo que si los empresarios no participan es por "un error de criterio". Nada como empezar una cruzada de reclutamiento regañando a los que quieres reclutar.
La ironía llegó completa cuando el mismísimo gobernador, presumiendo once helicópteros y blindados de Fuerza Civil ante 200 cadetes, revivió la frase de Canales de hace veinticinco años: "los malandros nos hacen los mandados". Veinticinco años después, la frase sigue de gira. Es lo bonito de la política regia: se recicla mejor que el PET. Lo que no quedó claro es si el mandado ya lo trajeron o seguimos esperando el cambio.
Pero el momento cumbre de retórica fue otro. Tras las lluvias que dejaron media avenida Constitución hecha escenografía de desastre, el gobernador aclaró, con la precisión de un notario, que el daño NO fue en el Parque Lineal, sino en "una rampa" que puso la constructora para mover maquinaria del Metro. Que no se gastó "un solo peso" en el Parque Lineal, dijo. Respiramos aliviados: el agua no se llevó la obra bonita, se llevó la rampa. Es como cuando se te inunda la casa y aclaras que fue el cuarto de los triques, no la sala. El consuelo cabe en un dedal, pero cabe.
Mientras tanto, abajo —literalmente abajo— la ciudad seguía tragándose a sí misma. En Guadalupe, los vecinos reportaron un socavón de siete metros de largo en un parque, un boquete que ya es prácticamente atracción turística. En Monterrey, un camión de la ruta 222 se hundió en un bache inundado de la avenida Los Ángeles y los pasajeros tuvieron que bajarse a pie, estrenando sin querer el nuevo transporte intermodal: urbano-acuático. Y por si faltaba iluminación para el espectáculo, el gobierno municipal tuvo que ir hasta la Ciudad de México a sentarse con la CFE para pedir que los apagones de las colonias dejen de ser el pan de cada noche. Coordinación estrecha, prometieron. Veremos si la estrechez alcanza para prender el foco.
En el apartado de telenovela partidista, la dirigencia estatal de Morena llamó "traidores" a dos diputados que se brincaron la barda rumbo a Movimiento Ciudadano, mientras Clara Luz Flores salía a jurar que Morena no "entregó" Nuevo León. Nadie había dicho que lo entregó, pero ya saben: cuando uno aclara sin que le pregunten, la aclaración pesa más que la acusación.
Y para cerrar con broche aspiracional, Luis Susarrey presentó su libro "Modelo San Pedro: cambiemos a México desde casa", con la humilde propuesta de que su municipio —el más rico del país— sirva de manual para los otros 2,478. Nada como enseñarle a nadar al resto del país desde la alberca climatizada. Seguramente el capítulo uno se titula "Primero, consíganse ustedes un San Pedro".
Así arranca el año electoral: con honores arriba, socavones abajo, un ramillete al centro y la luz intermitente. Abróchense el cinturón, que apenas es el primer día y ya vamos tarde.
El plato fuerte lo pone, como siempre, el partido naranja, que según se presume no tiene un candidato para la gubernatura, sino un "ramillete" de opciones. Un ramillete. Qué manera tan poética de decir "todavía no nos ponemos de acuerdo". A la cabeza del arreglo floral aparece Mariana Rodríguez, y detrás, varios tallos esperando su turno en el florero. Mientras otros partidos se desgastan buscando un solo perfil competitivo, el naranja presume jardín completo. Habrá que ver cuál flor se corta para el ojal.
Enfrente, la vieja alianza intenta rearmarse con olor a nostalgia. Fernando Canales Clariond, aquel exgobernador, anunció que asumirá el papel de "ancla" para convencer a los empresarios de sumarse al PRI-PAN. Ancla. O sea, lo que se amarra a algo pesado para que no se mueva. Uno no sabe si la metáfora es de estabilidad o de hundimiento, pero el hombre la eligió con todas sus letras, y de paso dijo que si los empresarios no participan es por "un error de criterio". Nada como empezar una cruzada de reclutamiento regañando a los que quieres reclutar.
La ironía llegó completa cuando el mismísimo gobernador, presumiendo once helicópteros y blindados de Fuerza Civil ante 200 cadetes, revivió la frase de Canales de hace veinticinco años: "los malandros nos hacen los mandados". Veinticinco años después, la frase sigue de gira. Es lo bonito de la política regia: se recicla mejor que el PET. Lo que no quedó claro es si el mandado ya lo trajeron o seguimos esperando el cambio.
Pero el momento cumbre de retórica fue otro. Tras las lluvias que dejaron media avenida Constitución hecha escenografía de desastre, el gobernador aclaró, con la precisión de un notario, que el daño NO fue en el Parque Lineal, sino en "una rampa" que puso la constructora para mover maquinaria del Metro. Que no se gastó "un solo peso" en el Parque Lineal, dijo. Respiramos aliviados: el agua no se llevó la obra bonita, se llevó la rampa. Es como cuando se te inunda la casa y aclaras que fue el cuarto de los triques, no la sala. El consuelo cabe en un dedal, pero cabe.
Mientras tanto, abajo —literalmente abajo— la ciudad seguía tragándose a sí misma. En Guadalupe, los vecinos reportaron un socavón de siete metros de largo en un parque, un boquete que ya es prácticamente atracción turística. En Monterrey, un camión de la ruta 222 se hundió en un bache inundado de la avenida Los Ángeles y los pasajeros tuvieron que bajarse a pie, estrenando sin querer el nuevo transporte intermodal: urbano-acuático. Y por si faltaba iluminación para el espectáculo, el gobierno municipal tuvo que ir hasta la Ciudad de México a sentarse con la CFE para pedir que los apagones de las colonias dejen de ser el pan de cada noche. Coordinación estrecha, prometieron. Veremos si la estrechez alcanza para prender el foco.
En el apartado de telenovela partidista, la dirigencia estatal de Morena llamó "traidores" a dos diputados que se brincaron la barda rumbo a Movimiento Ciudadano, mientras Clara Luz Flores salía a jurar que Morena no "entregó" Nuevo León. Nadie había dicho que lo entregó, pero ya saben: cuando uno aclara sin que le pregunten, la aclaración pesa más que la acusación.
Y para cerrar con broche aspiracional, Luis Susarrey presentó su libro "Modelo San Pedro: cambiemos a México desde casa", con la humilde propuesta de que su municipio —el más rico del país— sirva de manual para los otros 2,478. Nada como enseñarle a nadar al resto del país desde la alberca climatizada. Seguramente el capítulo uno se titula "Primero, consíganse ustedes un San Pedro".
Así arranca el año electoral: con honores arriba, socavones abajo, un ramillete al centro y la luz intermitente. Abróchense el cinturón, que apenas es el primer día y ya vamos tarde.