El agua no se llevó el Parque Lineal, se llevó la rampa (y otros milagros de la aclaración oportuna)
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De todas las habilidades que debe tener un gobernante, la de aclarar es quizá la más subestimada. Esta semana tuvimos cátedra. Tras las lluvias que dejaron tramos de la avenida Constitución convertidos en escenografía de catástrofe, el gobernador salió a precisar un punto fino, casi filosófico: lo dañado no fue el Parque Lineal, sino una rampa de tierra que la constructora Mota-Engil levantó para mover maquinaria de la línea 4 del Metro. Y rematar con la frase del año: "no había, ni se gastó un solo peso en el Parque Lineal".
Qué alivio. Porque el regiomontano promedio, viendo el agua llevarse pedazos de avenida, lo primero que pensó no fue "¿estaré a salvo?", sino "¿se habrá mojado la obra bonita?". Ahora dormimos tranquilos: fue la rampa, el patito feo de la infraestructura, el que se sacrificó por nosotros. Es el equivalente a que se te inunde la casa entera y salgas a la banqueta a tranquilizar a los vecinos gritando que el cuarto de los triques estaba asegurado. Técnicamente cierto. Emocionalmente, un chiste.
Y como el día daba para lucirse, el mismo gobernador aprovechó la graduación de 200 cadetes para presumir el nuevo juguetero de Fuerza Civil: vehículos tácticos blindados y once helicópteros. Para coronar, desempolvó una reliquia retórica: "los malandros nos hacen los mandados", frase que Fernando Canales Clariond estrenó hace veinticinco años. Veinticinco. La frase ya tiene edad para votar, casarse y pedir un crédito, y sigue haciéndola de eslogan.
Uno agradece la flotilla, de verdad. Pero hay algo entrañable en un estado que mide su seguridad por el número de helicópteros y su tranquilidad por una frase reciclada de dos administraciones atrás. Si los malandros nos hacen los mandados, uno se pregunta quién les dio la lista y por qué nunca traen el cambio completo.
En fin: arriba, once helicópteros y una frase vintage; abajo, una rampa difunta y una avenida que todavía se seca. Pero que quede en acta, por si alguien dudaba: el Parque Lineal, intacto. Que es lo que importa.
Qué alivio. Porque el regiomontano promedio, viendo el agua llevarse pedazos de avenida, lo primero que pensó no fue "¿estaré a salvo?", sino "¿se habrá mojado la obra bonita?". Ahora dormimos tranquilos: fue la rampa, el patito feo de la infraestructura, el que se sacrificó por nosotros. Es el equivalente a que se te inunde la casa entera y salgas a la banqueta a tranquilizar a los vecinos gritando que el cuarto de los triques estaba asegurado. Técnicamente cierto. Emocionalmente, un chiste.
Y como el día daba para lucirse, el mismo gobernador aprovechó la graduación de 200 cadetes para presumir el nuevo juguetero de Fuerza Civil: vehículos tácticos blindados y once helicópteros. Para coronar, desempolvó una reliquia retórica: "los malandros nos hacen los mandados", frase que Fernando Canales Clariond estrenó hace veinticinco años. Veinticinco. La frase ya tiene edad para votar, casarse y pedir un crédito, y sigue haciéndola de eslogan.
Uno agradece la flotilla, de verdad. Pero hay algo entrañable en un estado que mide su seguridad por el número de helicópteros y su tranquilidad por una frase reciclada de dos administraciones atrás. Si los malandros nos hacen los mandados, uno se pregunta quién les dio la lista y por qué nunca traen el cambio completo.
En fin: arriba, once helicópteros y una frase vintage; abajo, una rampa difunta y una avenida que todavía se seca. Pero que quede en acta, por si alguien dudaba: el Parque Lineal, intacto. Que es lo que importa.