Disparo al techo, audiencia exprés y 'ya estamos en casa': el método Haciendita
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Hay quienes resuelven un pleito con un apretón de manos. Hay quienes lo resuelven con una junta. Y luego está el camino chihuahuense premium: una asamblea ejidal, una pistola y unos disparos al techo, según el reporte que movilizó al 911 un sábado al mediodía.
El protagonista de este nuevo episodio es el empresario Eduardo Almeida, quien según las autoridades habría accionado un arma de fuego durante una reunión del núcleo agrario de La Haciendita, en medio del conflicto que mantiene desde hace años con los ejidatarios. El detalle logístico es poético: del ejido solo hay una entrada y una salida, así que los policías municipales lo interceptaron cuando intentaba retirarse. Ni el plano más básico de un videojuego perdona.
Lo pusieron a disposición del Ministerio Público, se mencionó la palabra mágica FGR, se habló de prisión, de daños, de delitos federales. Y para cuando uno terminaba de leer la nota, Almeida ya anunciaba campechanamente: 'ya estamos en casa'. Fue liberado tras la audiencia y la valoración de la carpeta. El techo del salón, en cambio, no fue liberado de su nuevo agujero.
Uno aplaude la eficiencia. En un estado donde una desaparición tarda un mes en convertirse en denuncia formal y donde hay carpetas que se reservan cinco años por 'seguridad nacional', resulta reconfortante ver que algo, lo que sea, se resuelve en una tarde. Lástima que el algo sea precisamente el regreso a casa del señor del arma.
Que conste: la justicia decidió, y se respeta. Pero permítannos anotar, para la posteridad y para las próximas asambleas, que en La Haciendita el orden del día ya incluye un punto extra: 'verificar que nadie ande armado antes de los asuntos generales'. Por si las moscas. O por si los techos.
El protagonista de este nuevo episodio es el empresario Eduardo Almeida, quien según las autoridades habría accionado un arma de fuego durante una reunión del núcleo agrario de La Haciendita, en medio del conflicto que mantiene desde hace años con los ejidatarios. El detalle logístico es poético: del ejido solo hay una entrada y una salida, así que los policías municipales lo interceptaron cuando intentaba retirarse. Ni el plano más básico de un videojuego perdona.
Lo pusieron a disposición del Ministerio Público, se mencionó la palabra mágica FGR, se habló de prisión, de daños, de delitos federales. Y para cuando uno terminaba de leer la nota, Almeida ya anunciaba campechanamente: 'ya estamos en casa'. Fue liberado tras la audiencia y la valoración de la carpeta. El techo del salón, en cambio, no fue liberado de su nuevo agujero.
Uno aplaude la eficiencia. En un estado donde una desaparición tarda un mes en convertirse en denuncia formal y donde hay carpetas que se reservan cinco años por 'seguridad nacional', resulta reconfortante ver que algo, lo que sea, se resuelve en una tarde. Lástima que el algo sea precisamente el regreso a casa del señor del arma.
Que conste: la justicia decidió, y se respeta. Pero permítannos anotar, para la posteridad y para las próximas asambleas, que en La Haciendita el orden del día ya incluye un punto extra: 'verificar que nadie ande armado antes de los asuntos generales'. Por si las moscas. O por si los techos.