Proponen que los políticos trabajen gratis y, oh sorpresa, ningún político ha opinado
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El empresario Sahir Rentería lanzó una propuesta que, de aprobarse, provocaría más temblores que los de Venezuela: convertir en cargos honorarios —es decir, sin sueldo o con una compensación mínima— los puestos de presidente municipal, síndico y regidores.
La idea es tan elegante en su sencillez que casi duele. Si los cabildos se llenaran de gente dispuesta a servir sin cobrar, tendríamos dos posibilidades: o un florecimiento inédito de la vocación cívica, o un silencio sepulcral en la convocatoria. Y algo nos dice, conociendo el percal, que la lista de aspirantes a regidor 'ad honorem' cabría holgadamente en una servilleta de taquería.
La propuesta llega además en temporada perfecta: el PAN y el PRI ya preparan foros para conformar plataformas rumbo a 2027, y nada arruina más una precampaña que la idea de que el puesto soñado venga sin nómina. Uno imagina la cara de los precandidatos al enterarse de que tendrían que hacer política por amor al arte, como quien organiza la kermés de la parroquia.
Que quede claro: debatir cuánto ganan los funcionarios es sano y necesario, sobre todo cuando los comerciantes reportan caída en ventas y a la gente le sube todo menos el ánimo. El problema no es la propuesta, sino la física política: pedirle a un cargo que renuncie a su propio sueldo es como pedirle al sol de Parral que baje a 25 grados por consideración. Puede pasar. Pero no apueste la quincena. Mientras tanto, la idea queda flotando en el aire, esperando a que algún valiente regidor diga, con la mano en el pecho, que él sí le entra. Seguimos esperando.
La idea es tan elegante en su sencillez que casi duele. Si los cabildos se llenaran de gente dispuesta a servir sin cobrar, tendríamos dos posibilidades: o un florecimiento inédito de la vocación cívica, o un silencio sepulcral en la convocatoria. Y algo nos dice, conociendo el percal, que la lista de aspirantes a regidor 'ad honorem' cabría holgadamente en una servilleta de taquería.
La propuesta llega además en temporada perfecta: el PAN y el PRI ya preparan foros para conformar plataformas rumbo a 2027, y nada arruina más una precampaña que la idea de que el puesto soñado venga sin nómina. Uno imagina la cara de los precandidatos al enterarse de que tendrían que hacer política por amor al arte, como quien organiza la kermés de la parroquia.
Que quede claro: debatir cuánto ganan los funcionarios es sano y necesario, sobre todo cuando los comerciantes reportan caída en ventas y a la gente le sube todo menos el ánimo. El problema no es la propuesta, sino la física política: pedirle a un cargo que renuncie a su propio sueldo es como pedirle al sol de Parral que baje a 25 grados por consideración. Puede pasar. Pero no apueste la quincena. Mientras tanto, la idea queda flotando en el aire, esperando a que algún valiente regidor diga, con la mano en el pecho, que él sí le entra. Seguimos esperando.