El abogado defensor que nadie pidió: Un tratado sobre el arte de no citar el artículo
Por El Carelio
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Hay columnas que nacen para defender al pueblo, y luego está esta noble pieza que nació para defender, con toga imaginaria y birrete de cartón, la sagrada duda jurídica. Porque en Chihuahua, mientras unos se preguntan por qué la presidenta del Órgano de Administración Judicial, Karla Esmeralda Reyes Orozco, cobraría a la vez su haber de retiro como exmagistrada y un contratito de honorarios de cerca de 180 mil pesos mensuales con el propio Poder Judicial, hay quien se preocupa por lo verdaderamente urgente: que la nota no citó la fracción exacta. ¡La fracción! Sin ella, varios millones de pesos anuales del erario son apenas un malentendido contable.
El argumento es de una elegancia conmovedora: no basta con que algo parezca incorrecto, hay que demostrar —artículo por artículo, coma por coma, con notario y dos testigos— que efectivamente lo es. Mientras tanto, los pesos seguirán saliendo de la bolsa de todos, pero con la conciencia tranquila de que aún no hemos localizado el decreto que lo prohíbe. Procedimentalmente impecable. Éticamente, ya veremos en la siguiente entrega.
La tesis estelar es la distinción entre 'violación a la ley' y 'aprovechamiento de un vacío legal', esa hermosa figura del derecho mexicano donde caben sin despeinarse magistrados, exmagistrados y todo aquel que sepa leer la norma con la cabeza ladeada. Porque cuidado: puede que algo sea perfectamente legal y, al mismo tiempo, contrario al espíritu de la reforma judicial que justamente buscaba evitar estos dobletes. Pero el espíritu, ya sabemos, no cobra honorarios.
También se nos regaña por usar palabras feas. La nota original osó decir 'trampita', 'chicana', 'de caricatura' y que se 'cobra doble con truco judicial', expresiones que —nos advierten— trasladan el debate del terreno jurídico al emocional. Faltaba más. Lo correcto sería describir el presunto doble cobro con la frialdad de un acta de defunción: 'simultaneidad de percepciones sujeta a interpretación normativa pendiente'. Mucho más serio. El lector se indigna igual, pero con vocabulario forense.
Y queda el broche: el amparo que le habría conservado los servicios médicos de Pensiones Civiles del Estado. Aquí la prudencia se vuelve poesía: antes de hablar de privilegio, conozcamos los argumentos del juez. Faltaba más que criticáramos una resolución sin leerla. En Chihuahua eso jamás pasa. Aquí todos leemos las sentencias completas, con anexos, antes de opinar en el café.
En el fondo, la columna tiene razón en algo, y por eso duele: la sociedad merece certezas jurídicas y no solo titulares. El problema es que, mientras esperamos las certezas, la quincena no espera a nadie. Así que sí, demostremos artículo por artículo. Tómense su tiempo. Total, el reloj corre, los honorarios corren, el haber de retiro corre —y el contribuyente, como siempre, corre detrás de todos.
El argumento es de una elegancia conmovedora: no basta con que algo parezca incorrecto, hay que demostrar —artículo por artículo, coma por coma, con notario y dos testigos— que efectivamente lo es. Mientras tanto, los pesos seguirán saliendo de la bolsa de todos, pero con la conciencia tranquila de que aún no hemos localizado el decreto que lo prohíbe. Procedimentalmente impecable. Éticamente, ya veremos en la siguiente entrega.
La tesis estelar es la distinción entre 'violación a la ley' y 'aprovechamiento de un vacío legal', esa hermosa figura del derecho mexicano donde caben sin despeinarse magistrados, exmagistrados y todo aquel que sepa leer la norma con la cabeza ladeada. Porque cuidado: puede que algo sea perfectamente legal y, al mismo tiempo, contrario al espíritu de la reforma judicial que justamente buscaba evitar estos dobletes. Pero el espíritu, ya sabemos, no cobra honorarios.
También se nos regaña por usar palabras feas. La nota original osó decir 'trampita', 'chicana', 'de caricatura' y que se 'cobra doble con truco judicial', expresiones que —nos advierten— trasladan el debate del terreno jurídico al emocional. Faltaba más. Lo correcto sería describir el presunto doble cobro con la frialdad de un acta de defunción: 'simultaneidad de percepciones sujeta a interpretación normativa pendiente'. Mucho más serio. El lector se indigna igual, pero con vocabulario forense.
Y queda el broche: el amparo que le habría conservado los servicios médicos de Pensiones Civiles del Estado. Aquí la prudencia se vuelve poesía: antes de hablar de privilegio, conozcamos los argumentos del juez. Faltaba más que criticáramos una resolución sin leerla. En Chihuahua eso jamás pasa. Aquí todos leemos las sentencias completas, con anexos, antes de opinar en el café.
En el fondo, la columna tiene razón en algo, y por eso duele: la sociedad merece certezas jurídicas y no solo titulares. El problema es que, mientras esperamos las certezas, la quincena no espera a nadie. Así que sí, demostremos artículo por artículo. Tómense su tiempo. Total, el reloj corre, los honorarios corren, el haber de retiro corre —y el contribuyente, como siempre, corre detrás de todos.