Tercer lugar nacional en aprobación y recorte del 30%: el arte de aplaudirse mientras se aprieta el cinturón
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Pocas cosas tan chihuahuenses como recibir buenas y malas noticias el mismo día y fingir que no se contradicen. Este lunes, la gobernadora del estado apareció instalada cómodamente en el tercer sitio nacional de aprobación. ¿Con qué porcentaje? Depende de la encuesta que prefiera: una le dio 62.1% y otra, del mismo día y publicada en el mismo periódico, le adjudicó 55.6%. Siete puntos de diferencia que demuestran que la popularidad, como el aguacate, cotiza distinto según el puesto donde la compres.
Lo entretenido es el telón de fondo. El mismo día en que se celebraban los rankings, la propia mandataria informaba que todas las dependencias estatales recibieron la instrucción de recortar 30% su presupuesto operativo, por culpa de la caída en los recursos federales. Es decir: arriba en las encuestas, abajo en la caja chica. Un equilibrismo digno de aplauso, sobre todo porque el aplauso es gratis y cabe en cualquier presupuesto recortado.
Pero si en la capital el ajuste se vive como un asunto de hojas de cálculo, en los municipios chicos es cosa de supervivencia. En Valle de Zaragoza ya perdieron más de millón y medio de pesos en lo que va del año, y el alcalde advirtió que en octubre podría tener que recortar programas sociales para sostener servicios básicos. Esa es la versión sin filtros del recorte: no es una columna en Excel, es decidir si alcanza para el agua o para el apoyo. Mientras tanto, en la capital la JMAS reclama a la Federación un adeudo de más de 72 millones y habla del 'derecho humano al agua', que aparentemente también pasa por la caja federal.
De modo que el estado entero quedó retratado en una sola jornada: arriba, encuestas felices y conferencias sobre liderazgo austero; abajo, alcaldes haciendo cuentas para no apagar el pueblo. La austeridad, ya se sabe, es una virtud maravillosa siempre y cuando la presuma quien todavía tiene presupuesto. Para los demás, es nada más el nombre elegante de no llegar a fin de mes. Pero tranquilos: con un 62.1% —o un 55.6%, usted elija— cualquier recorte se ve mejor.
Lo entretenido es el telón de fondo. El mismo día en que se celebraban los rankings, la propia mandataria informaba que todas las dependencias estatales recibieron la instrucción de recortar 30% su presupuesto operativo, por culpa de la caída en los recursos federales. Es decir: arriba en las encuestas, abajo en la caja chica. Un equilibrismo digno de aplauso, sobre todo porque el aplauso es gratis y cabe en cualquier presupuesto recortado.
Pero si en la capital el ajuste se vive como un asunto de hojas de cálculo, en los municipios chicos es cosa de supervivencia. En Valle de Zaragoza ya perdieron más de millón y medio de pesos en lo que va del año, y el alcalde advirtió que en octubre podría tener que recortar programas sociales para sostener servicios básicos. Esa es la versión sin filtros del recorte: no es una columna en Excel, es decidir si alcanza para el agua o para el apoyo. Mientras tanto, en la capital la JMAS reclama a la Federación un adeudo de más de 72 millones y habla del 'derecho humano al agua', que aparentemente también pasa por la caja federal.
De modo que el estado entero quedó retratado en una sola jornada: arriba, encuestas felices y conferencias sobre liderazgo austero; abajo, alcaldes haciendo cuentas para no apagar el pueblo. La austeridad, ya se sabe, es una virtud maravillosa siempre y cuando la presuma quien todavía tiene presupuesto. Para los demás, es nada más el nombre elegante de no llegar a fin de mes. Pero tranquilos: con un 62.1% —o un 55.6%, usted elija— cualquier recorte se ve mejor.