Guanajuato cierra la subterránea por el futbol: la patria se juega y el tránsito pierde
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La capital guanajuatense decidió que la mejor manera de apoyar a la Selección Mexicana frente a Ecuador es cerrar la calle subterránea desde la una de la tarde, montar una pantalla debajo del Teatro Principal y acomodar cerca de cien establecimientos. El plan es perfecto, salvo por un pequeño detalle del que la propia autoridad advirtió con notable franqueza: 'se avecina otro de los grandes congestionamientos'. Es decir, la ciudad sabe que va a colapsar y aun así abre el estadio.
La lógica económica, eso sí, no falla. En los partidos previos, solo los comerciantes de la calle Alonso reportaron 430 mil pesos de derrama. Cada gol de México se traduce en elotes, micheladas y antojitos, y cada empate en una segunda ronda de consumo nervioso. La fe futbolera mueve la economía local mejor que cualquier feria, y los empresarios lo saben: donde hay pantalla, hay caja registradora.
El fenómeno se replicó por todo el Bajío. Comonfort instaló pantallas en el Jardín Principal y en el Teatro Nigromante de Empalme Escobedo, y San Miguel de Allende montó su macropantalla en la plaza principal para que las familias —y los turistas desconcertados— gritaran al unísono frente a un aparato electrónico. El país entero convertido en una gran sala de televisión al aire libre.
Lo único que no apareció proyectado en ninguna pantalla fue un plan de movilidad decente. Porque mientras se celebra el ingenio para improvisar un fan zone bajo tierra, queda claro que la capital sigue resolviendo sus problemas viales a la antigua: cerrando calles y rezando. La subterránea, que en días normales ya es un ejercicio de paciencia, este martes se gradúa de embudo a símbolo nacional.
Que gane México, que vendan los comerciantes, que las familias disfruten. Pero ojalá algún día Guanajuato aprenda a hacer fiesta sin que media ciudad quede atrapada en el carril de la izquierda. Por lo pronto, el marcador del día ya tiene un empate asegurado: la afición contenta y el tránsito derrotado.
La lógica económica, eso sí, no falla. En los partidos previos, solo los comerciantes de la calle Alonso reportaron 430 mil pesos de derrama. Cada gol de México se traduce en elotes, micheladas y antojitos, y cada empate en una segunda ronda de consumo nervioso. La fe futbolera mueve la economía local mejor que cualquier feria, y los empresarios lo saben: donde hay pantalla, hay caja registradora.
El fenómeno se replicó por todo el Bajío. Comonfort instaló pantallas en el Jardín Principal y en el Teatro Nigromante de Empalme Escobedo, y San Miguel de Allende montó su macropantalla en la plaza principal para que las familias —y los turistas desconcertados— gritaran al unísono frente a un aparato electrónico. El país entero convertido en una gran sala de televisión al aire libre.
Lo único que no apareció proyectado en ninguna pantalla fue un plan de movilidad decente. Porque mientras se celebra el ingenio para improvisar un fan zone bajo tierra, queda claro que la capital sigue resolviendo sus problemas viales a la antigua: cerrando calles y rezando. La subterránea, que en días normales ya es un ejercicio de paciencia, este martes se gradúa de embudo a símbolo nacional.
Que gane México, que vendan los comerciantes, que las familias disfruten. Pero ojalá algún día Guanajuato aprenda a hacer fiesta sin que media ciudad quede atrapada en el carril de la izquierda. Por lo pronto, el marcador del día ya tiene un empate asegurado: la afición contenta y el tránsito derrotado.