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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Jalisco Nota 1 de julio de 2026

Vallarta anuncia centro para cocodrilos: la burocracia llega, como siempre, después del cocodrilo

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Vallarta anuncia centro para cocodrilos: la burocracia llega, como siempre, después del cocodrilo
Puerto Vallarta amaneció este martes con cuatro playas bajo bandera morada por presencia de cocodrilos, una advertencia que en otras latitudes sería nota de zoológico y aquí es parte del reporte de guardavidas. Protección Civil señaló oficialmente tres zonas —la desembocadura del río Cuale y las playas de dos hoteles de lujo—, aunque en el terreno se sabe de un cuarto punto con presencia de saurio en el río Pitillal. En esos puntos ondea también la bandera roja: el mar está prohibido. El cocodrilo, en cambio, no tiene prohibido nada; él llegó primero, hace unos cuantos millones de años.

Ante el panorama, el alcalde Luis Ernesto Munguía anunció que se trabajará con los gobiernos estatal y federal para crear un centro especializado en monitoreo y manejo de cocodrilos, ubicado cerca del estero El Salado, con el objetivo de reforzar el control de los ejemplares y prevenir riesgos para residentes y turistas. Suena responsable, y lo es. El problema es el pie de página: el proyecto surge tras el reciente ataque mortal de un cocodrilo a un turista de 28 años. Es decir, primero la tragedia, luego el centro. La prevención a la mexicana: prevenir el próximo susto estudiando con cuidado el anterior.

Uno entiende la complejidad. El cocodrilo es especie protegida, el estero es su casa y la mancha turística fue creciendo hacia sus dominios sin pedirle opinión. Nadie está proponiendo declararle la guerra al reptil; sería tan absurdo como injusto. Lo que llama la atención es el tiempismo institucional: durante meses las banderas moradas ondearon como advertencia decorativa, se supo de la fauna, se supo del riesgo, y el centro especializado nació justo cuando la palabra "cocodrilo" dejó de ser anécdota de folleto para convertirse en obituario.

Mientras tanto, la ciudad vive su doble personalidad de siempre: promociona un paraíso de aguas cristalinas y, en el mismo boletín, pide a los bañistas acatar al guardavidas porque hay un depredador de dos metros en la orilla y, en otra playa, aguas negras que también desembocan en el mar. El turista que llega a Vallarta necesita hoy tres cosas: bloqueador, sentido común y la lista actualizada de banderas.

Bienvenido sea el centro de manejo de cocodrilos; ojalá se construya rápido, se le dé presupuesto y funcione. Pero que quede el aprendizaje: en materia de riesgos anunciados, la costumbre de esperar a la desgracia para reaccionar sale carísima, y el precio no lo paga el ayuntamiento ni el reptil. Lo paga el que se metió al agua confiando en que alguien, arriba, ya se había ocupado.