Llovió, se inundó y nadie lo vio venir (otra vez): crónica de un estado que se sorprende con el agua
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Hay tradiciones chihuahuenses inmortales: el chile con queso, la desconfianza a los políticos y, sobre todo, sorprendernos cada temporal como si el agua fuera un invento reciente. Este miércoles llovió. No en broma: 22.8 milímetros en una hora en Parral, 28.7 en Cuauhtémoc, y con ellos llegó el ritual sagrado de descubrir que las calles se convierten en ríos, que Protección Civil ya lo había advertido y que nadie le hizo caso.
Empecemos por Parral, capital espiritual del optimismo automovilístico. Ahí, mientras la Vialidad del Río hacía honor a su nombre y se volvía, literalmente, río, un grupo de valientes decidió que la mejor estrategia contra la corriente era encadenar sus autos a los árboles. Once vehículos dañados después, uno entiende que en la lucha entre el ingenio parralense y la física, la física sigue invicta. Protección Civil había pedido, con megáfono casi, que no se estacionaran ahí. Pero pedirle a un parralense que no rete al río es como pedirle que no vaya a las Jornadas Villistas: ofensivo.
En Las Quintas, cinco locales se inundaron porque un vehículo tapó el desagüe del arroyo. Es el karma urbano perfecto: el mismo coche que uno estaciona donde no debe termina ahogando el changarro del vecino. Y en Cuauhtémoc, por si el agua fuera poco drama, los vecinos reportaron presencia de reptiles dentro de las casas. Nada dice "bienvenido el verano" como abrir la puerta y encontrarte a una víbora esperando el noticiero.
Mientras el sur del estado nadaba, en la capital seguíamos con el otro deporte nacional: la incertidumbre del T-MEC. Estados Unidos ahora quiere revisar el tratado cada año, lo cual convierte a la economía de Chihuahua en un noviazgo tóxico: renovamos, pero solo si te portas bien, y cada 12 meses volvemos a discutir si seguimos juntos. Coparmex dice que quizá sea "táctica de negociación"; Canacintra Delicias dice que hay que aguantar; Slim, con la serenidad del que no paga renta, asegura que seguiremos integrados pase lo que pase. Y el alcalde de Chihuahua, don Marco Bonilla, ya propuso buscar inversiones en Taiwán y Francia, porque si el vecino del norte se pone digno, uno se consigue amistades nuevas. Muy pronto veremos delegaciones chihuahuenses explicando el burrito de deshebrada en mandarín.
Hablando de creatividad institucional: El Sol de Parral nos informa que la Zona del Silencio —ese pedazo de desierto famoso por presuntos ovnis y silencios de radio— "ofrecería mejores condiciones para la agricultura" porque sus pozos son menos profundos. Es decir, descubrimos que el mejor lugar para sembrar es aquel donde ni el teléfono funciona. La lógica es impecable: si no hay señal, no hay quien te distraiga del arado. Los influencers agrícolas están en shock.
En Meoqui, la Tesorería lanzó el programa "Ahorra es Cuando", con hasta 100% de descuento en recargos del predial. El nombre merece un premio de mercadotecnia melancólica: "Ahorra es Cuando", porque "Paga tus impuestos o embargamos" no cabía en la lona. La ciudadanía, agradecida, descubre que el gobierno perdona recargos con la misma alegría con que primero te los cobró.
Y porque no todo es infraestructura líquida, la fiebre mundialista tocó suelo chihuahuense. En Juárez, trabajadores y sindicatos maquileros ya presionan para que el próximo lunes sea día inhábil, todo por ver a México contra Inglaterra. La productividad nacional, ese frágil castillo, se tambalea ante el "quinto partido". En la Ciudad de México, mientras tanto, los goles de Quiñones y Jiménez activaron un sismógrafo: científicamente comprobado que el mexicano tiembla más por un gol que por un temblor de verdad. Es hermoso y preocupante en partes iguales.
Cerramos con la nota más chihuahuense de todas: el Municipio de la capital presume haber retirado 460 toneladas de tiliches en seis meses con el programa Destilichadero. Cuatrocientas sesenta toneladas. Es decir, cada casa de Chihuahua guardaba, en promedio, un ropero que ya no cerraba, una licuadora sin vaso y ese sillón que "algún día se arregla". El desapego material llegó a Chihuahua, patrocinado por Servicios Públicos Municipales. Delicias replica el modelo esta semana en la colonia Terrazas, para que la costumbre de acumular no discrimine por municipio.
Así cerró el día: con calles convertidas en arroyos, autos amarrados a los árboles, un desierto reconvertido en granero, impuestos perdonados con eslogan y una selección que hace temblar la tierra. Chihuahua, fiel a su estilo, resiste. Solo pedimos una cosa a Protección Civil: la próxima que avise que va a llover, agréguele que también nadie va a hacer caso. Al menos así el pronóstico se cumple completo.
Empecemos por Parral, capital espiritual del optimismo automovilístico. Ahí, mientras la Vialidad del Río hacía honor a su nombre y se volvía, literalmente, río, un grupo de valientes decidió que la mejor estrategia contra la corriente era encadenar sus autos a los árboles. Once vehículos dañados después, uno entiende que en la lucha entre el ingenio parralense y la física, la física sigue invicta. Protección Civil había pedido, con megáfono casi, que no se estacionaran ahí. Pero pedirle a un parralense que no rete al río es como pedirle que no vaya a las Jornadas Villistas: ofensivo.
En Las Quintas, cinco locales se inundaron porque un vehículo tapó el desagüe del arroyo. Es el karma urbano perfecto: el mismo coche que uno estaciona donde no debe termina ahogando el changarro del vecino. Y en Cuauhtémoc, por si el agua fuera poco drama, los vecinos reportaron presencia de reptiles dentro de las casas. Nada dice "bienvenido el verano" como abrir la puerta y encontrarte a una víbora esperando el noticiero.
Mientras el sur del estado nadaba, en la capital seguíamos con el otro deporte nacional: la incertidumbre del T-MEC. Estados Unidos ahora quiere revisar el tratado cada año, lo cual convierte a la economía de Chihuahua en un noviazgo tóxico: renovamos, pero solo si te portas bien, y cada 12 meses volvemos a discutir si seguimos juntos. Coparmex dice que quizá sea "táctica de negociación"; Canacintra Delicias dice que hay que aguantar; Slim, con la serenidad del que no paga renta, asegura que seguiremos integrados pase lo que pase. Y el alcalde de Chihuahua, don Marco Bonilla, ya propuso buscar inversiones en Taiwán y Francia, porque si el vecino del norte se pone digno, uno se consigue amistades nuevas. Muy pronto veremos delegaciones chihuahuenses explicando el burrito de deshebrada en mandarín.
Hablando de creatividad institucional: El Sol de Parral nos informa que la Zona del Silencio —ese pedazo de desierto famoso por presuntos ovnis y silencios de radio— "ofrecería mejores condiciones para la agricultura" porque sus pozos son menos profundos. Es decir, descubrimos que el mejor lugar para sembrar es aquel donde ni el teléfono funciona. La lógica es impecable: si no hay señal, no hay quien te distraiga del arado. Los influencers agrícolas están en shock.
En Meoqui, la Tesorería lanzó el programa "Ahorra es Cuando", con hasta 100% de descuento en recargos del predial. El nombre merece un premio de mercadotecnia melancólica: "Ahorra es Cuando", porque "Paga tus impuestos o embargamos" no cabía en la lona. La ciudadanía, agradecida, descubre que el gobierno perdona recargos con la misma alegría con que primero te los cobró.
Y porque no todo es infraestructura líquida, la fiebre mundialista tocó suelo chihuahuense. En Juárez, trabajadores y sindicatos maquileros ya presionan para que el próximo lunes sea día inhábil, todo por ver a México contra Inglaterra. La productividad nacional, ese frágil castillo, se tambalea ante el "quinto partido". En la Ciudad de México, mientras tanto, los goles de Quiñones y Jiménez activaron un sismógrafo: científicamente comprobado que el mexicano tiembla más por un gol que por un temblor de verdad. Es hermoso y preocupante en partes iguales.
Cerramos con la nota más chihuahuense de todas: el Municipio de la capital presume haber retirado 460 toneladas de tiliches en seis meses con el programa Destilichadero. Cuatrocientas sesenta toneladas. Es decir, cada casa de Chihuahua guardaba, en promedio, un ropero que ya no cerraba, una licuadora sin vaso y ese sillón que "algún día se arregla". El desapego material llegó a Chihuahua, patrocinado por Servicios Públicos Municipales. Delicias replica el modelo esta semana en la colonia Terrazas, para que la costumbre de acumular no discrimine por municipio.
Así cerró el día: con calles convertidas en arroyos, autos amarrados a los árboles, un desierto reconvertido en granero, impuestos perdonados con eslogan y una selección que hace temblar la tierra. Chihuahua, fiel a su estilo, resiste. Solo pedimos una cosa a Protección Civil: la próxima que avise que va a llover, agréguele que también nadie va a hacer caso. Al menos así el pronóstico se cumple completo.