Cinco años de cárcel por golpear un balón que ni siquiera rebota
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En el amplio catálogo de rivales que ha enfrentado la Selección Mexicana este Mundial, faltaba uno: la escultura de un balón gigante en los Arcos de Zapopan. Y ese sí perdió. Durante los festejos por el triunfo del Tri sobre Ecuador, un aficionado —originario de Puebla, para más señas— fue detenido por vandalizar la obra, y ahora puede enfrentar hasta cinco años de prisión. Cinco. Años. Por agredir a una pelota decorativa que no mete goles, no cobra penales y su único talento es quedarse quieta.
La escena tiene todos los ingredientes del absurdo patrio: la euforia futbolera convertida en delito, un forastero poblano rompiendo cosas ajenas en tierra tapatía y una autoridad municipal que, video viral de por medio, reaccionó con velocidad de VAR. Las policías de Zapopan confirmaron la detención y lo pusieron a disposición del Ministerio Público, dejando claro que en esta ciudad se puede tolerar casi todo, menos que le peguen a la mascota mundialista.
Hagamos la aritmética de la indignación. Cristiano Ronaldo lleva toda su carrera persiguiendo un título mundial y podría retirarse sin él. En Jalisco, en cambio, un señor arriesga un lustro de su vida por descargar su adrenalina contra una estructura inflable. La proporción es tan desconcertante que uno no sabe si reír, si preocuparse por el estado de derecho o si simplemente aplaudir a la escultura por su heroica resistencia pasiva.
Lo cierto es que el balón golpeado no viajó solo en la lista de daños colaterales de la celebración. En Guadalajara hubo un lesionado, policías heridos y decenas de detenidos; y el operativo contra conductores ebrios sumó cientos de casos durante la fiebre mundialista. La fiesta, como suele pasar, la arruinan los de siempre: ese puñado que confunde 'celebrar' con 'romper'. Ellos son los que terminan robándole el protagonismo a los miles que festejaron en paz y sin agredir mobiliario urbano.
Que conste: destruir bienes públicos merece consecuencias, faltaba más. Pero la postal de un balón inflable custodiado por la fuerza pública, mientras el país entero contiene la respiración pensando en Inglaterra el domingo, resume bien el tamaño de nuestras prioridades. Ojalá el Tri defienda su portería con la misma fiereza con que Zapopan defendió su pelota de adorno. Si es así, pasamos a cuartos sin despeinarnos.
La escena tiene todos los ingredientes del absurdo patrio: la euforia futbolera convertida en delito, un forastero poblano rompiendo cosas ajenas en tierra tapatía y una autoridad municipal que, video viral de por medio, reaccionó con velocidad de VAR. Las policías de Zapopan confirmaron la detención y lo pusieron a disposición del Ministerio Público, dejando claro que en esta ciudad se puede tolerar casi todo, menos que le peguen a la mascota mundialista.
Hagamos la aritmética de la indignación. Cristiano Ronaldo lleva toda su carrera persiguiendo un título mundial y podría retirarse sin él. En Jalisco, en cambio, un señor arriesga un lustro de su vida por descargar su adrenalina contra una estructura inflable. La proporción es tan desconcertante que uno no sabe si reír, si preocuparse por el estado de derecho o si simplemente aplaudir a la escultura por su heroica resistencia pasiva.
Lo cierto es que el balón golpeado no viajó solo en la lista de daños colaterales de la celebración. En Guadalajara hubo un lesionado, policías heridos y decenas de detenidos; y el operativo contra conductores ebrios sumó cientos de casos durante la fiebre mundialista. La fiesta, como suele pasar, la arruinan los de siempre: ese puñado que confunde 'celebrar' con 'romper'. Ellos son los que terminan robándole el protagonismo a los miles que festejaron en paz y sin agredir mobiliario urbano.
Que conste: destruir bienes públicos merece consecuencias, faltaba más. Pero la postal de un balón inflable custodiado por la fuerza pública, mientras el país entero contiene la respiración pensando en Inglaterra el domingo, resume bien el tamaño de nuestras prioridades. Ojalá el Tri defienda su portería con la misma fiereza con que Zapopan defendió su pelota de adorno. Si es así, pasamos a cuartos sin despeinarnos.