Guanajuato, tierra donde el semáforo estudia una maestría y la ciclovía cumple seis años en periodo de prueba
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Amanece en el Bajío y el estado despierta con esa mezcla de orgullo y alacrán que tanto nos caracteriza. Y es que, señoras y señores, resulta que Guanajuato encabeza la tabla nacional de picaduras de alacrán con más de 28 mil casos en lo que va del 2026, una quinta parte de todo el país. Somos primer lugar en algo, faltaba más, aunque uno hubiera preferido el podio en cualquier otra disciplina que no implique dormir con la chancla a la mano y sacudir la bota antes de calzarse. Le ganamos a media república en aguijones: si el veneno diera puntos para el Mundial, ya estaríamos en la final.
Mientras el arácnido hace de las suyas, en el Congreso del estado un diputado tuvo el atrevimiento de decir una verdad de perogrullo que sonó a revelación divina: los semáforos deben instalarse con estudios de movilidad y no por criterios políticos. Aplausos. Que alguien avise a la ciudadanía que, entonces, todos esos semáforos que aparecieron mágicamente en la esquina del compadre no eran fruto de la ciencia vial, sino de la corazonada electoral. Uno esperaría que instalar un foco rojo, amarillo y verde requiriera menos ingeniería que mandar una sonda a Marte, pero en Guanajuato hasta el ámbar tiene padrino.
Hablando de eternidades, la ciclovía emergente del bulevar Adolfo López Mateos en León acaba de cumplir seis años. Seis. Fue instalada en 2020 como "prueba piloto" durante la pandemia, y ahí sigue, en su noviazgo interminable con la permanencia, como esos compromisos que nunca llegan al altar. Ya hasta los ciclistas que la estrenaron de veinteañeros ahora la recorren con dolor de rodilla. Prueba piloto que dura más que muchos matrimonios: si la ciclovía fuera persona, ya estaría entrando a primero de primaria preguntando cuándo la van a hacer oficial.
En León tampoco pueden con la modernidad digital: reportan un presunto hackeo que afectó servicios del municipio, el segundo en un mes, porque a inicios de junio le tocó al 9-1-1. Es decir, hasta el número de emergencias necesitó una emergencia. Uno marca 9-1-1 y contesta un hacker preguntando si desea reportar el incidente en cuotas. La ciudad del calzado, capital mundial del cuero, resulta que anda con la seguridad informática en calcetín.
Mientras tanto, la Tarjeta Rosa Guanajuato informa que 35 mil mujeres que no recogieron su apoyo deberán reagendar cita para agosto. Traducción: el programa te da un color bonito pero la fila es del mismo gris burocrático de siempre. Reagendar en agosto suena a promesa de quinceañera: sí va, pero luego.
En Celaya, el alcalde optó por una estrategia de comunicación novedosísima: dejar de dar entrevistas banqueteras, sobre todo ahora que se acercan tiempos electorales. Sus asesores, sabios, entendieron que la mejor declaración es la que no se hace. El silencio como campaña. Nada dice "confío en mi gestión" como esquivar al reportero en la banqueta con la agilidad de un delantero mundialista. Y ya que andamos en Celaya: una obra de Jumapa que estuvo detenida por extorsión a la constructora finalmente se entregó. Rehabilitaron el alcantarillado del Camino a Pelavacas, porque en el Bajío hasta el drenaje paga derecho de piso antes de fluir.
Y luego llegan las lluvias, esas que en junio rebasaron el promedio histórico. En Salamanca la novedad es que cuando llueve la ciudad se queda sin taxis: siete unidades averiadas y colonias enteras incomunicadas al primer aguacero. Un sistema de transporte tan resistente como galleta en café. En Guanajuato capital, en cambio, el gobierno anda recolectando llantas viejas con la campaña "Rólalas 2026", porque una llanta abandonada tarda 500 años en degradarse y mientras tanto cría moscos del dengue. Media entidad junta neumáticos para salvar el planeta mientras la otra media reza para que su taxi no se ahogue en un charco.
Cierro el recuento con la joya estadística: Guanajuato es sexto nacional en tasa de adolescentes imputados, con 464.8 por cada 100 mil, casi el doble del promedio nacional. Otro sexto lugar, como en exportaciones, aunque este no lo van a poner en el espectacular de la carretera. Así estamos: primeros en alacranes, eternos en ciclovías, hackeados en la capital del cuero y sin taxis cuando llueve. Pero eso sí, con semáforos recién egresados de la facultad de movilidad. Que tengan un feliz día, y sacúdanse la bota.
Mientras el arácnido hace de las suyas, en el Congreso del estado un diputado tuvo el atrevimiento de decir una verdad de perogrullo que sonó a revelación divina: los semáforos deben instalarse con estudios de movilidad y no por criterios políticos. Aplausos. Que alguien avise a la ciudadanía que, entonces, todos esos semáforos que aparecieron mágicamente en la esquina del compadre no eran fruto de la ciencia vial, sino de la corazonada electoral. Uno esperaría que instalar un foco rojo, amarillo y verde requiriera menos ingeniería que mandar una sonda a Marte, pero en Guanajuato hasta el ámbar tiene padrino.
Hablando de eternidades, la ciclovía emergente del bulevar Adolfo López Mateos en León acaba de cumplir seis años. Seis. Fue instalada en 2020 como "prueba piloto" durante la pandemia, y ahí sigue, en su noviazgo interminable con la permanencia, como esos compromisos que nunca llegan al altar. Ya hasta los ciclistas que la estrenaron de veinteañeros ahora la recorren con dolor de rodilla. Prueba piloto que dura más que muchos matrimonios: si la ciclovía fuera persona, ya estaría entrando a primero de primaria preguntando cuándo la van a hacer oficial.
En León tampoco pueden con la modernidad digital: reportan un presunto hackeo que afectó servicios del municipio, el segundo en un mes, porque a inicios de junio le tocó al 9-1-1. Es decir, hasta el número de emergencias necesitó una emergencia. Uno marca 9-1-1 y contesta un hacker preguntando si desea reportar el incidente en cuotas. La ciudad del calzado, capital mundial del cuero, resulta que anda con la seguridad informática en calcetín.
Mientras tanto, la Tarjeta Rosa Guanajuato informa que 35 mil mujeres que no recogieron su apoyo deberán reagendar cita para agosto. Traducción: el programa te da un color bonito pero la fila es del mismo gris burocrático de siempre. Reagendar en agosto suena a promesa de quinceañera: sí va, pero luego.
En Celaya, el alcalde optó por una estrategia de comunicación novedosísima: dejar de dar entrevistas banqueteras, sobre todo ahora que se acercan tiempos electorales. Sus asesores, sabios, entendieron que la mejor declaración es la que no se hace. El silencio como campaña. Nada dice "confío en mi gestión" como esquivar al reportero en la banqueta con la agilidad de un delantero mundialista. Y ya que andamos en Celaya: una obra de Jumapa que estuvo detenida por extorsión a la constructora finalmente se entregó. Rehabilitaron el alcantarillado del Camino a Pelavacas, porque en el Bajío hasta el drenaje paga derecho de piso antes de fluir.
Y luego llegan las lluvias, esas que en junio rebasaron el promedio histórico. En Salamanca la novedad es que cuando llueve la ciudad se queda sin taxis: siete unidades averiadas y colonias enteras incomunicadas al primer aguacero. Un sistema de transporte tan resistente como galleta en café. En Guanajuato capital, en cambio, el gobierno anda recolectando llantas viejas con la campaña "Rólalas 2026", porque una llanta abandonada tarda 500 años en degradarse y mientras tanto cría moscos del dengue. Media entidad junta neumáticos para salvar el planeta mientras la otra media reza para que su taxi no se ahogue en un charco.
Cierro el recuento con la joya estadística: Guanajuato es sexto nacional en tasa de adolescentes imputados, con 464.8 por cada 100 mil, casi el doble del promedio nacional. Otro sexto lugar, como en exportaciones, aunque este no lo van a poner en el espectacular de la carretera. Así estamos: primeros en alacranes, eternos en ciclovías, hackeados en la capital del cuero y sin taxis cuando llueve. Pero eso sí, con semáforos recién egresados de la facultad de movilidad. Que tengan un feliz día, y sacúdanse la bota.