En el PAN piden 'civilidad' mientras miden quién huele mejor a familia
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La contienda interna del PAN rumbo a la alcaldía de Chihuahua estrenó un capítulo de esos que se escriben solos. Todo comenzó cuando la directora del Instituto Chihuahuense del Deporte, Fernanda Martínez, publicó un video en respaldo del secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña, como posible candidato. Hasta ahí, política normal. El problema fue el argumento: sostuvo que el liderazgo empieza en la vida personal y lanzó una crítica —sin nombres, faltaba más— hacia quienes, dijo, no son capaces de respetar o ser fieles a su familia, porque quien no cuida a su familia tampoco puede cuidar un municipio.
El mensaje traía el clásico disclaimer de la política mexicana: "sin mencionar nombres". Ese recurso mágico que consiste en describir a alguien con tanto detalle que todo el gabinete sabe de quién se habla, pero uno queda técnicamente inocente. Es el equivalente panista de señalar con la mirada mientras se silba distraídamente.
De la Peña, por su parte, adoptó la estrategia del monje: aseguró estar concentrado en su trabajo, que su prioridad es la Secretaría General de Gobierno y que no se presta a la guerra sucia. Respaldó, además, el llamado de la dirigencia estatal a mantener la civilidad política. Traducción libre: "que nadie pelee, pero si alguien ya elogió mis valores familiares, tampoco vamos a corregirlo".
Lo delicioso del episodio es la coreografía. Una funcionaria sube un video midiendo lealtades conyugales como si fueran indicadores de gestión municipal; el aludido pide serenidad; la dirigencia invoca la civilidad; y el resto del gabinete reacciona como quien encontró chisme fresco en la comida. Todo en nombre de la unidad, esa palabra que en los partidos significa "pónganse de acuerdo en apoyarme a mí".
El problema de fondo, para los votantes que pagan predial y esperan que el Bowí no los embista, es que la discusión no gira en torno al agua, la basura o la seguridad, sino en torno a quién es más hombre de familia. Como si la administración de una ciudad se resolviera con un certificado de buen esposo. Ojalá el debate suba de nivel antes de la boleta: Chihuahua no necesita al candidato más romántico, necesita al que sepa arreglar una fuga. Mientras tanto, disfrutemos la telenovela panista, esa que promete civilidad y entrega, capítulo tras capítulo, pura indirecta con acuse de recibo.
El mensaje traía el clásico disclaimer de la política mexicana: "sin mencionar nombres". Ese recurso mágico que consiste en describir a alguien con tanto detalle que todo el gabinete sabe de quién se habla, pero uno queda técnicamente inocente. Es el equivalente panista de señalar con la mirada mientras se silba distraídamente.
De la Peña, por su parte, adoptó la estrategia del monje: aseguró estar concentrado en su trabajo, que su prioridad es la Secretaría General de Gobierno y que no se presta a la guerra sucia. Respaldó, además, el llamado de la dirigencia estatal a mantener la civilidad política. Traducción libre: "que nadie pelee, pero si alguien ya elogió mis valores familiares, tampoco vamos a corregirlo".
Lo delicioso del episodio es la coreografía. Una funcionaria sube un video midiendo lealtades conyugales como si fueran indicadores de gestión municipal; el aludido pide serenidad; la dirigencia invoca la civilidad; y el resto del gabinete reacciona como quien encontró chisme fresco en la comida. Todo en nombre de la unidad, esa palabra que en los partidos significa "pónganse de acuerdo en apoyarme a mí".
El problema de fondo, para los votantes que pagan predial y esperan que el Bowí no los embista, es que la discusión no gira en torno al agua, la basura o la seguridad, sino en torno a quién es más hombre de familia. Como si la administración de una ciudad se resolviera con un certificado de buen esposo. Ojalá el debate suba de nivel antes de la boleta: Chihuahua no necesita al candidato más romántico, necesita al que sepa arreglar una fuga. Mientras tanto, disfrutemos la telenovela panista, esa que promete civilidad y entrega, capítulo tras capítulo, pura indirecta con acuse de recibo.