Ni ganamos y ya nos dopan: Túnez sale de México con antidoping positivo y el sospechoso es el taco
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Que un país no clasifique a cuartos es duro. Que además se lleve como recuerdo de su paso por México ocho antidopings positivos, ya raya en lo poético. La selección de Túnez protagoniza uno de los episodios más singulares de este Mundial: al menos ocho de sus futbolistas dieron positivo a clembuterol en controles realizados tras su estancia en territorio mexicano, y la principal hipótesis de las primeras investigaciones no apunta a un laboratorio clandestino ni a un plan para mejorar el rendimiento, sino a algo mucho más entrañable y nacional: la carne.
Para quien llega tarde al tema, el clembuterol es una sustancia que se ha detectado en ganado engordado de manera irregular, y México ya tiene un historial en este renglón que le ha costado sustos a más de un deportista. Es decir, no es una teoría descabellada de las que circulan en redes: es un clásico de nuestra gastronomía involuntaria. El extranjero viene, prueba la comida mexicana, se enamora, repite, y semanas después su orina cuenta una historia distinta a la de su corazón.
Lo verdaderamente humillante, si uno lo piensa con calma, es la asimetría del intercambio. Túnez vino, jugó, se fue eliminado y encima se lleva un expediente antidopaje por comer lo mismo que nosotros comemos todos los días sin que a nadie le pase nada, porque a estas alturas nuestro organismo ya es una sucursal de la industria cárnica. Somos, quizás, la única afición del planeta cuya dieta funciona como arma de disuasión biológica: no necesitamos ganar en la cancha si podemos noquear al rival en el laboratorio.
Conviene subrayar lo obvio para no armar un escándalo que no es: todo apunta a contaminación alimentaria, no a trampa deportiva, y eso a los tunecinos probablemente les sirva para no arruinar sus carreras. Pero como estampa nacional, es imbatible. México no despidió a Túnez con una playera de intercambio ni con un abrazo diplomático. Los despidió, muy a su estilo, con un platillo memorable y una factura médica. Bienvenidos, gracias por venir, y disculpen el marinado.
Para quien llega tarde al tema, el clembuterol es una sustancia que se ha detectado en ganado engordado de manera irregular, y México ya tiene un historial en este renglón que le ha costado sustos a más de un deportista. Es decir, no es una teoría descabellada de las que circulan en redes: es un clásico de nuestra gastronomía involuntaria. El extranjero viene, prueba la comida mexicana, se enamora, repite, y semanas después su orina cuenta una historia distinta a la de su corazón.
Lo verdaderamente humillante, si uno lo piensa con calma, es la asimetría del intercambio. Túnez vino, jugó, se fue eliminado y encima se lleva un expediente antidopaje por comer lo mismo que nosotros comemos todos los días sin que a nadie le pase nada, porque a estas alturas nuestro organismo ya es una sucursal de la industria cárnica. Somos, quizás, la única afición del planeta cuya dieta funciona como arma de disuasión biológica: no necesitamos ganar en la cancha si podemos noquear al rival en el laboratorio.
Conviene subrayar lo obvio para no armar un escándalo que no es: todo apunta a contaminación alimentaria, no a trampa deportiva, y eso a los tunecinos probablemente les sirva para no arruinar sus carreras. Pero como estampa nacional, es imbatible. México no despidió a Túnez con una playera de intercambio ni con un abrazo diplomático. Los despidió, muy a su estilo, con un platillo memorable y una factura médica. Bienvenidos, gracias por venir, y disculpen el marinado.