Vivir en paz, dice el Estado, mientras un señor con la playera del Tri le arranca la gorra a Fuerza Civil
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Hay algo profundamente regiomontano en la manera en que Nuevo León se prepara para un partido de futbol: con la misma energía logística con la que otros países organizan un puente aéreo humanitario. Ante el México vs Inglaterra del domingo, el gobierno estatal ya reforzó seguridad, habilitó más pantallas, amplió sedes del Fan Fest, instaló pantallas en los estadios Bicentenario y MFL del Parque Niños Héroes, y hasta sumó a San Pedro, Guadalupe, Apodaca, Santiago y Pesquería a la causa. Traducción: montaron un operativo digno de la ONU porque ya vieron de lo que somos capaces cuando gana el Tri.
Y es que la evidencia es abrumadora. El festejo por el pase a octavos congregó a más de 130 mil personas en la Plaza Zaragoza, el Corredor Morelos y el Barrio Antiguo, y dejó como saldo cultural doce toneladas de basura que Servicios Públicos de Monterrey tuvo que levantar al día siguiente. Doce toneladas. Somos un pueblo que ama tanto a su selección que le hace un altar y luego se lo deja de tarea al barrendero. El civismo regio, ese que presume que 'aquí sí trabajamos', se manifiesta con toda su gloria en forma de vasos, envolturas y una que otra bandera olvidada en el pavimento.
El Parque Fundidora, por su parte, ya entró en modo fortaleza. Después de que cientos de personas brincaran bardas, derribaran barandales y forzaran accesos —el ya clásico 'portazo' regio, deporte no oficial de la sede— el parque colocó letreros advirtiendo que quien entre sin permiso podría ser consignado por allanamiento en propiedad privada. Los letreros, cabe decir, tienen aproximadamente la misma capacidad disuasiva que un semáforo en amarillo: todos lo ven, nadie lo respeta. El fiscal reconoció que, hasta el miércoles, no había un solo detenido por los incidentes. O sea: barandales caídos, cero culpables. Como esas fugas de aguas negras que nadie provoca pero todos huelen.
El momento cumbre de la civilidad, sin embargo, llegó cuando un joven con playera de la Selección le arrebató la gorra de plato a un oficial de Fuerza Civil que resguardaba un acceso al parque. Ahí, en un solo gesto, quedó retratada la relación del regio promedio con la autoridad: la respeta profundamente hasta que estorba entre él y una pantalla gratis. El oficial defendía el orden; el aficionado defendía su derecho sagrado a colarse. Guadalupe, mientras tanto, cerró su participación mundialista presumiendo 'cero contratiempos', frase que en Nuevo León significa 'no se cayó nadie de la pantalla, milagrosamente'.
Porque el trasfondo no es chistoso, y ese es el punto. A una hora de distancia, en la Ciudad de México, los festejos por el triunfo sobre Ecuador terminaron en una estampida con cuatro muertos cerca del Ángel de la Independencia. Un reportero atrapado alcanzó a mandar un audio de despedida: 'esto está muy feo, los amo'. Por eso el gobierno estatal ahora pide, literalmente, 'vivir en paz' el partido y amenaza con sanciones a quien provoque disturbios. Es el nivel de país donde hay que emitir un comunicado oficial recordándole a la gente que un octavos de final no debería costar vidas. Y donde, para lograrlo, hay que reprogramar hasta el concierto de Los Payasónicos —reagendado al 12 de julio— porque ni los payasos profesionales le hacen competencia al caos amateur del Fan Fest.
La cereza logística: para el domingo cerrarán el Fundidora a las 15:30, bastante antes del partido, calculando que a las tres de la tarde ya estará a reventar. Es decir, la estrategia oficial para que quepamos es no dejarnos entrar. Sabiduría milenaria: si no puedes controlar la multitud, cancélala por adelantado. También suspenderán el servicio en la estación Y Griega del metro, no vaya a ser que el transporte público funcione demasiado bien y nos deposite a todos en el mismo lugar.
Así llega Nuevo León al domingo: con más pantallas que un Sam's en Black Friday, con Protección Civil pidiendo por favor que usemos las sedes alternas, con Gignac agradeciéndole a los voluntarios como si esto ya se hubiera acabado, y con doce toneladas de basura de referencia para calcular la próxima recolección. Todos queremos que gane México. La duda no es esa. La duda es si sobreviviremos a nuestra propia manera de celebrarlo. Ojalá el domingo la única cosa que caiga sean los goles, y no otro barandal del Fundidora.
Y es que la evidencia es abrumadora. El festejo por el pase a octavos congregó a más de 130 mil personas en la Plaza Zaragoza, el Corredor Morelos y el Barrio Antiguo, y dejó como saldo cultural doce toneladas de basura que Servicios Públicos de Monterrey tuvo que levantar al día siguiente. Doce toneladas. Somos un pueblo que ama tanto a su selección que le hace un altar y luego se lo deja de tarea al barrendero. El civismo regio, ese que presume que 'aquí sí trabajamos', se manifiesta con toda su gloria en forma de vasos, envolturas y una que otra bandera olvidada en el pavimento.
El Parque Fundidora, por su parte, ya entró en modo fortaleza. Después de que cientos de personas brincaran bardas, derribaran barandales y forzaran accesos —el ya clásico 'portazo' regio, deporte no oficial de la sede— el parque colocó letreros advirtiendo que quien entre sin permiso podría ser consignado por allanamiento en propiedad privada. Los letreros, cabe decir, tienen aproximadamente la misma capacidad disuasiva que un semáforo en amarillo: todos lo ven, nadie lo respeta. El fiscal reconoció que, hasta el miércoles, no había un solo detenido por los incidentes. O sea: barandales caídos, cero culpables. Como esas fugas de aguas negras que nadie provoca pero todos huelen.
El momento cumbre de la civilidad, sin embargo, llegó cuando un joven con playera de la Selección le arrebató la gorra de plato a un oficial de Fuerza Civil que resguardaba un acceso al parque. Ahí, en un solo gesto, quedó retratada la relación del regio promedio con la autoridad: la respeta profundamente hasta que estorba entre él y una pantalla gratis. El oficial defendía el orden; el aficionado defendía su derecho sagrado a colarse. Guadalupe, mientras tanto, cerró su participación mundialista presumiendo 'cero contratiempos', frase que en Nuevo León significa 'no se cayó nadie de la pantalla, milagrosamente'.
Porque el trasfondo no es chistoso, y ese es el punto. A una hora de distancia, en la Ciudad de México, los festejos por el triunfo sobre Ecuador terminaron en una estampida con cuatro muertos cerca del Ángel de la Independencia. Un reportero atrapado alcanzó a mandar un audio de despedida: 'esto está muy feo, los amo'. Por eso el gobierno estatal ahora pide, literalmente, 'vivir en paz' el partido y amenaza con sanciones a quien provoque disturbios. Es el nivel de país donde hay que emitir un comunicado oficial recordándole a la gente que un octavos de final no debería costar vidas. Y donde, para lograrlo, hay que reprogramar hasta el concierto de Los Payasónicos —reagendado al 12 de julio— porque ni los payasos profesionales le hacen competencia al caos amateur del Fan Fest.
La cereza logística: para el domingo cerrarán el Fundidora a las 15:30, bastante antes del partido, calculando que a las tres de la tarde ya estará a reventar. Es decir, la estrategia oficial para que quepamos es no dejarnos entrar. Sabiduría milenaria: si no puedes controlar la multitud, cancélala por adelantado. También suspenderán el servicio en la estación Y Griega del metro, no vaya a ser que el transporte público funcione demasiado bien y nos deposite a todos en el mismo lugar.
Así llega Nuevo León al domingo: con más pantallas que un Sam's en Black Friday, con Protección Civil pidiendo por favor que usemos las sedes alternas, con Gignac agradeciéndole a los voluntarios como si esto ya se hubiera acabado, y con doce toneladas de basura de referencia para calcular la próxima recolección. Todos queremos que gane México. La duda no es esa. La duda es si sobreviviremos a nuestra propia manera de celebrarlo. Ojalá el domingo la única cosa que caiga sean los goles, y no otro barandal del Fundidora.