36 toneladas de civismo: la otra cosecha mundialista de Guadalajara
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Hay cifras que se presumen y cifras que se confiesan. El Gobierno de Guadalajara logró el milagro de presumir una que en realidad confiesa: el primer día del FIFA Fan Fest en la Plaza Liberación y plazas aledañas dejó cerca de 40 toneladas de basura recolectada. Casi cuarenta. Toneladas. De desechos. En un día.
El boletín lo cuenta como epopeya operativa: decenas de unidades, labores de limpieza, recolección e hidrolavado para devolverle al Centro Histórico sus 'óptimas condiciones'. Y en efecto, hay que aplaudir a los trabajadores de aseo, que son los verdaderos seleccionados nacionales de esta justa: madrugaron a retirar el desastre que la fiesta dejó como recuerdo. A ellos, medalla de oro y un abrazo.
Pero seamos honestos sobre la naturaleza del logro. Celebrar que recogiste 36 toneladas de basura es como felicitarte por haber apagado el incendio que tú mismo dejaste prender. La eficiencia de la limpieza es real; lo que no termina de cuadrar es el orgullo. Porque cada tonelada es, en el fondo, un acta notarial de cuántos vasos, botellas y envolturas terminaron en el piso de una de las plazas más bonitas del país en lugar de un bote.
Guadalajara quiere ser 'la sede más mexicana del Mundial', y vaya que lo está logrando, aunque quizá no por donde planeaba. Nada más mexicano que la fiesta monumental seguida del tiradero monumental, y luego el operativo monumental para que al día siguiente todo amanezca como si nada. Somos campeones mundiales en hacer como que aquí no pasó nada.
Uno sueña con la versión madura de esta postal: cuarenta toneladas menos porque la afición, eufórica pero educada, atinó al bote. Pero pedir eso en plena euforia mundialista, con la cerveza fría y el himno en la garganta, es como pedir silencio en un estadio: técnicamente posible, históricamente improbable.
Mientras tanto, el dato seguirá creciendo partido a partido, y el Ayuntamiento seguirá presumiendo la recolección como si fuera gol de último minuto. Quizá deberíamos instituir un nuevo reconocimiento, hermano del 'Hecho en México': el sello 'Tirado en Guadalajara', con denominación de origen y garantía de hidrolavado. La fiesta es nuestra, sí. La escoba, también. Ojalá algún día el bote de basura entre a la cancha como titular.
El boletín lo cuenta como epopeya operativa: decenas de unidades, labores de limpieza, recolección e hidrolavado para devolverle al Centro Histórico sus 'óptimas condiciones'. Y en efecto, hay que aplaudir a los trabajadores de aseo, que son los verdaderos seleccionados nacionales de esta justa: madrugaron a retirar el desastre que la fiesta dejó como recuerdo. A ellos, medalla de oro y un abrazo.
Pero seamos honestos sobre la naturaleza del logro. Celebrar que recogiste 36 toneladas de basura es como felicitarte por haber apagado el incendio que tú mismo dejaste prender. La eficiencia de la limpieza es real; lo que no termina de cuadrar es el orgullo. Porque cada tonelada es, en el fondo, un acta notarial de cuántos vasos, botellas y envolturas terminaron en el piso de una de las plazas más bonitas del país en lugar de un bote.
Guadalajara quiere ser 'la sede más mexicana del Mundial', y vaya que lo está logrando, aunque quizá no por donde planeaba. Nada más mexicano que la fiesta monumental seguida del tiradero monumental, y luego el operativo monumental para que al día siguiente todo amanezca como si nada. Somos campeones mundiales en hacer como que aquí no pasó nada.
Uno sueña con la versión madura de esta postal: cuarenta toneladas menos porque la afición, eufórica pero educada, atinó al bote. Pero pedir eso en plena euforia mundialista, con la cerveza fría y el himno en la garganta, es como pedir silencio en un estadio: técnicamente posible, históricamente improbable.
Mientras tanto, el dato seguirá creciendo partido a partido, y el Ayuntamiento seguirá presumiendo la recolección como si fuera gol de último minuto. Quizá deberíamos instituir un nuevo reconocimiento, hermano del 'Hecho en México': el sello 'Tirado en Guadalajara', con denominación de origen y garantía de hidrolavado. La fiesta es nuestra, sí. La escoba, también. Ojalá algún día el bote de basura entre a la cancha como titular.