El Cervantino austero: llenaron el auditorio con acarreados y el vacío con discurso
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Hubo un tiempo en que el programa del Festival Internacional Cervantino se anunciaba desde el Teatro Juárez y el Palacio de Bellas Artes, los escenarios más solemnes de Guanajuato y del país. Este año, según la crónica, la edición 54 decidió que esa solemnidad ya estaba 'rebasada' y se mudó a recintos más modestos, bajo la bandera de la apertura y la austeridad. El resultado fue tan abierto que hasta el tráfico participó.
En la Ciudad de México el anuncio se hizo en el Lunario, sala mediana pensada para conciertos que no llenarían al recinto grande. En Guanajuato tocó el Auditorio del Estado, que —cuenta el reporte— se llenó con acarreados de las dependencias y regaló un caos vial memorable para llegar a él. Nada celebra mejor la cultura que un embotellamiento con boleto cortesía.
El detalle exquisito: no estuvieron ni la secretaria de Cultura federal ni la estatal, porque presentaban el programa simultáneamente en la capital. Dos presentaciones al mismo tiempo, cero secretarias en Guanajuato. Un festival que presume apertura y arranca con las principales sillas vacías. Tampoco hubo país o estado invitado especial, ese viejo lujo que le daba pretexto al festival para sentirse internacional.
La austeridad, hay que reconocerlo, se cumplió a rajatabla: austero el programa, austera la lista de invitados, austera la emoción. Lo único que no salió austero fue el operativo para mover gente a un recinto que, sin acarreo, quizá luciría igual de austero en butacas.
Menos mal que, a unos pasos de San Roque, David Azaola inauguró su muestra fotográfica del Cervantino de otras épocas, junto a la casa que inspiró 'Las buenas conciencias' de Carlos Fuentes. Ahí, en blanco y negro, sobrevive el festival que muchos extrañan: el que llenaba el Juárez porque la gente quería entrar, no porque la lista de asistencia lo exigiera.
En la Ciudad de México el anuncio se hizo en el Lunario, sala mediana pensada para conciertos que no llenarían al recinto grande. En Guanajuato tocó el Auditorio del Estado, que —cuenta el reporte— se llenó con acarreados de las dependencias y regaló un caos vial memorable para llegar a él. Nada celebra mejor la cultura que un embotellamiento con boleto cortesía.
El detalle exquisito: no estuvieron ni la secretaria de Cultura federal ni la estatal, porque presentaban el programa simultáneamente en la capital. Dos presentaciones al mismo tiempo, cero secretarias en Guanajuato. Un festival que presume apertura y arranca con las principales sillas vacías. Tampoco hubo país o estado invitado especial, ese viejo lujo que le daba pretexto al festival para sentirse internacional.
La austeridad, hay que reconocerlo, se cumplió a rajatabla: austero el programa, austera la lista de invitados, austera la emoción. Lo único que no salió austero fue el operativo para mover gente a un recinto que, sin acarreo, quizá luciría igual de austero en butacas.
Menos mal que, a unos pasos de San Roque, David Azaola inauguró su muestra fotográfica del Cervantino de otras épocas, junto a la casa que inspiró 'Las buenas conciencias' de Carlos Fuentes. Ahí, en blanco y negro, sobrevive el festival que muchos extrañan: el que llenaba el Juárez porque la gente quería entrar, no porque la lista de asistencia lo exigiera.