Cocineras tradicionales aprenden inglés: el churipo ahora se sirve con acento
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Buenas noticias para el paladar y para el diccionario: como parte de la estrategia de turismo comunitario impulsada desde la Presidencia, las cocineras tradicionales de Michoacán recibirán capacitación en inglés, certificaciones y equipamiento. La Secretaría de Turismo federal presumió que en el país existen 871 Distintivos de Turismo Comunitario, de los cuales 86 son michoacanos. Traducido al idioma de la olla: nuestras señoras del fogón van camino a ser bilingües.
La imagen es entrañable. Una doña de Pátzcuaro que lleva cuarenta años moliendo en metate y sabe exactamente cuánto chile aguanta un turista, ahora tendrá que explicar en inglés que el charal 'is a little fish, very rico'. Que la sopa tarasca 'has crema, aguacate and chicharrón, my friend'. Uno celebra el gesto, pero también se pregunta si no hubiera sido más útil enseñarles primero a poner terminal para pagar con tarjeta, porque el gringo puede entender 'welcome', pero se hace el sordo cuando llega la cuenta.
El detalle fino es el orden de las prioridades. Se entrega equipamiento, se certifica, se capacita en inglés. Precioso. Pero la cocina tradicional michoacana lleva siglos siendo Patrimonio de la Humanidad sin necesidad de que nadie dijera 'thank you'. El sazón no se aprende en curso: se hereda, se sufre y se cuida como secreto de familia. Que ahora venga a acompañarlo el inglés está bien, siempre que no se nos olvide que lo importante no era que la doña hablara como turista, sino que el turista dejara buena propina.
Ojalá el equipamiento incluya lo que de verdad hace falta: un techo que no gotee, un camino que no se inunde y un precio justo para la leña. Porque de nada sirve saber decir 'this is organic and handmade' si la comunidad sigue esperando el agua entubada. Bienvenido el 'good morning', cocineras. Solo no dejen que les cambien el humo del fogón por humo de discurso.
La imagen es entrañable. Una doña de Pátzcuaro que lleva cuarenta años moliendo en metate y sabe exactamente cuánto chile aguanta un turista, ahora tendrá que explicar en inglés que el charal 'is a little fish, very rico'. Que la sopa tarasca 'has crema, aguacate and chicharrón, my friend'. Uno celebra el gesto, pero también se pregunta si no hubiera sido más útil enseñarles primero a poner terminal para pagar con tarjeta, porque el gringo puede entender 'welcome', pero se hace el sordo cuando llega la cuenta.
El detalle fino es el orden de las prioridades. Se entrega equipamiento, se certifica, se capacita en inglés. Precioso. Pero la cocina tradicional michoacana lleva siglos siendo Patrimonio de la Humanidad sin necesidad de que nadie dijera 'thank you'. El sazón no se aprende en curso: se hereda, se sufre y se cuida como secreto de familia. Que ahora venga a acompañarlo el inglés está bien, siempre que no se nos olvide que lo importante no era que la doña hablara como turista, sino que el turista dejara buena propina.
Ojalá el equipamiento incluya lo que de verdad hace falta: un techo que no gotee, un camino que no se inunde y un precio justo para la leña. Porque de nada sirve saber decir 'this is organic and handmade' si la comunidad sigue esperando el agua entubada. Bienvenido el 'good morning', cocineras. Solo no dejen que les cambien el humo del fogón por humo de discurso.