El Tri devuelve los Rolex: dignidad recuperada justo cuando se hizo tendencia
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Momento de reflexión ética en el fútbol nacional: los jugadores de la Selección Mexicana devolverán los relojes Rolex que les regaló un creador de contenido estadounidense. La Federación explicó, mediante comunicado en su cuenta oficial, que la devolución fue una decisión 'consensuada' entre los jugadores, tomada tras la controversia por el elevado valor de los obsequios. Aplausos de pie. Nada dignifica más a un plantel que devolver un lujo, sobre todo cuando la foto del lujo ya recorrió el internet.
Hay que reconocer la sensibilidad del timing. Los relojes llegaron, brillaron en las muñecas, se tomaron sus fotos correspondientes y solo cuando la gente empezó a preguntar '¿y eso quién lo paga?' apareció el arrepentimiento colectivo. Es la clase de conciencia que despierta puntualmente cuando enciende la tendencia. El remordimiento con horario, valga la ironía, muy propio de quienes portan relojes carísimos.
Uno no quiere ser malpensado, pero cuesta no notar el patrón. En el fútbol mexicano abundan los gestos nobles a destiempo: se devuelve lo regalado, se pide disculpas por lo dicho, se promete humildad después del papelón. Todo consensuado, todo comunicado, todo perfectamente redactado. Lástima que la misma velocidad para emitir boletines no se traduzca en velocidad para ganar partidos que importen.
En fin, celebremos lo que hay que celebrar: un plantel que decidió, en común acuerdo, que un Rolex regalado era demasiado. Ojalá ese mismo criterio de austeridad y sentido común se aplique también cuando toque negociar bonos, concentraciones y patrocinios. Porque en México ya nos acostumbramos a que el Tri sea generoso devolviendo relojes, pero tacaño repartiendo alegrías. La hora, señores, sigue sin darnos la razón.
Hay que reconocer la sensibilidad del timing. Los relojes llegaron, brillaron en las muñecas, se tomaron sus fotos correspondientes y solo cuando la gente empezó a preguntar '¿y eso quién lo paga?' apareció el arrepentimiento colectivo. Es la clase de conciencia que despierta puntualmente cuando enciende la tendencia. El remordimiento con horario, valga la ironía, muy propio de quienes portan relojes carísimos.
Uno no quiere ser malpensado, pero cuesta no notar el patrón. En el fútbol mexicano abundan los gestos nobles a destiempo: se devuelve lo regalado, se pide disculpas por lo dicho, se promete humildad después del papelón. Todo consensuado, todo comunicado, todo perfectamente redactado. Lástima que la misma velocidad para emitir boletines no se traduzca en velocidad para ganar partidos que importen.
En fin, celebremos lo que hay que celebrar: un plantel que decidió, en común acuerdo, que un Rolex regalado era demasiado. Ojalá ese mismo criterio de austeridad y sentido común se aplique también cuando toque negociar bonos, concentraciones y patrocinios. Porque en México ya nos acostumbramos a que el Tri sea generoso devolviendo relojes, pero tacaño repartiendo alegrías. La hora, señores, sigue sin darnos la razón.