Residencial Magnolias: el desarrollo de lujo que incluye, sin costo extra, el techo de la vecina
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Hay departamentos que presumen amenidades: alberca, roof garden, gimnasio. En la colonia Cuauhtémoc, un condominio de reciente construcción parece ofrecer una amenidad inédita en el mercado inmobiliario: fragmentos del techo de la casa de junto, incluidos de fábrica y completamente gratis. Para la señora María Isabel, en cambio, no fue una amenidad, fue una tragedia.
Según la denuncia, una constructora y una desarrolladora fueron señaladas por una mujer de la tercera edad luego de que la edificación del condominio, levantado con licencia otorgada por la autoridad, provocara daños estructurales y estéticos en su domicilio de avenida Chapultepec. El abogado de la afectada estima el daño en un millón 400 mil pesos, cifra que la inmobiliaria, hasta ahora, ha decidido admirar de lejos: se niega a indemnizar.
El episodio más elocuente ocurrió en agosto pasado, cuando los trabajadores de la obra dejaron caer loza sobre la vivienda de la señora, lo que colapsó una parte de su techo y, de paso, arruinó la ropa que confeccionaba, porque doña María Isabel se dedica a la costura. Es decir: le cayó el edificio encima al taller con el que se gana la vida. Difícil imaginar una metáfora más literal del modelo de desarrollo urbano capitalino.
La cereza es cronológica. Mientras el techo de la señora sigue sin repararse, los departamentos del flamante condominio ya empezaron a entregarse a quienes compraron ahí ‘un patrimonio’. La lógica es de manual: primero se entregan las llaves nuevas y luego, si acaso, se atiende el patrimonio viejo que se dañó en el camino. Todo con licencia, todo en regla, todo perfectamente amueblado salvo por el pequeño detalle de una vecina costurera cosiendo bajo un techo que ya no está completo.
En esta ciudad, el progreso vertical avanza tan rápido que a veces se le olvida mirar hacia abajo. Y abajo, casi siempre, hay alguien con una máquina de coser, esperando que la palabra ‘indemnización’ deje de ser tan abstracta como un render de ventas.
Según la denuncia, una constructora y una desarrolladora fueron señaladas por una mujer de la tercera edad luego de que la edificación del condominio, levantado con licencia otorgada por la autoridad, provocara daños estructurales y estéticos en su domicilio de avenida Chapultepec. El abogado de la afectada estima el daño en un millón 400 mil pesos, cifra que la inmobiliaria, hasta ahora, ha decidido admirar de lejos: se niega a indemnizar.
El episodio más elocuente ocurrió en agosto pasado, cuando los trabajadores de la obra dejaron caer loza sobre la vivienda de la señora, lo que colapsó una parte de su techo y, de paso, arruinó la ropa que confeccionaba, porque doña María Isabel se dedica a la costura. Es decir: le cayó el edificio encima al taller con el que se gana la vida. Difícil imaginar una metáfora más literal del modelo de desarrollo urbano capitalino.
La cereza es cronológica. Mientras el techo de la señora sigue sin repararse, los departamentos del flamante condominio ya empezaron a entregarse a quienes compraron ahí ‘un patrimonio’. La lógica es de manual: primero se entregan las llaves nuevas y luego, si acaso, se atiende el patrimonio viejo que se dañó en el camino. Todo con licencia, todo en regla, todo perfectamente amueblado salvo por el pequeño detalle de una vecina costurera cosiendo bajo un techo que ya no está completo.
En esta ciudad, el progreso vertical avanza tan rápido que a veces se le olvida mirar hacia abajo. Y abajo, casi siempre, hay alguien con una máquina de coser, esperando que la palabra ‘indemnización’ deje de ser tan abstracta como un render de ventas.