Devolución milagrosa: la Selección regresa los Rolex y descubre la virtud justo a tiempo
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Existen conversiones espirituales que tardan años de retiro, ayuno y silencio. La de la Selección Mexicana tardó lo que dura un escándalo en redes sociales, que hoy es la unidad de medida oficial de la conciencia moral en este país. Los jugadores, informó el combinado nacional en un comunicado, decidieron ‘de común acuerdo’ devolver los relojes de lujo que les había regalado un creador de contenido.
El gesto es, sin duda, admirable. Nada dice ‘concentración total, cabeza puesta en Inglaterra’ como interrumpir la preparación para redactar un boletín de prensa explicando por qué ya no se quedarán con unos Rolex. La ‘iniciativa propia’ del influencer se topó con la ‘iniciativa propia’ del plantel de regresarlos, en un intercambio de generosidades tan coreografiado que casi se le puede tomar el tiempo con cronómetro. Con reloj, incluso. Si todavía tuvieran uno.
Lo entrañable es la sincronía. El obsequio ‘generó una amplia conversación’, que es el eufemismo mexicano para decir que a la gente le hirvió la sangre, y justo después llegó el arrepentimiento colectivo. La virtud, ese bien tan escaso, apareció con puntualidad suiza en cuanto los memes alcanzaron velocidad de crucero. Uno casi puede imaginar la escena: veintitantos futbolistas reunidos, mirándose a los ojos, alcanzando de manera simultánea y espontánea la misma epifanía ética. Un milagro de coordinación que ya quisiéramos ver en el área rival.
Que quede claro: devolver un regalo caro para evitar suspicacias es, objetivamente, una buena decisión. El problema no es el acto, es el timing. La humildad de comunicado, la austeridad de última hora, el desprendimiento que ocurre solo cuando ya te vieron, forman parte del gran teatro nacional donde todos actuamos de personas correctas en cuanto se enciende la cámara.
Así que enhorabuena por los relojes de vuelta a su remitente. Ojalá el domingo la Selección demuestre la misma capacidad de reacción inmediata que mostró frente al escándalo. Porque si defienden su portería con la velocidad con la que devolvieron esos Rolex, a Inglaterra le van a dar una lección de puntualidad.
El gesto es, sin duda, admirable. Nada dice ‘concentración total, cabeza puesta en Inglaterra’ como interrumpir la preparación para redactar un boletín de prensa explicando por qué ya no se quedarán con unos Rolex. La ‘iniciativa propia’ del influencer se topó con la ‘iniciativa propia’ del plantel de regresarlos, en un intercambio de generosidades tan coreografiado que casi se le puede tomar el tiempo con cronómetro. Con reloj, incluso. Si todavía tuvieran uno.
Lo entrañable es la sincronía. El obsequio ‘generó una amplia conversación’, que es el eufemismo mexicano para decir que a la gente le hirvió la sangre, y justo después llegó el arrepentimiento colectivo. La virtud, ese bien tan escaso, apareció con puntualidad suiza en cuanto los memes alcanzaron velocidad de crucero. Uno casi puede imaginar la escena: veintitantos futbolistas reunidos, mirándose a los ojos, alcanzando de manera simultánea y espontánea la misma epifanía ética. Un milagro de coordinación que ya quisiéramos ver en el área rival.
Que quede claro: devolver un regalo caro para evitar suspicacias es, objetivamente, una buena decisión. El problema no es el acto, es el timing. La humildad de comunicado, la austeridad de última hora, el desprendimiento que ocurre solo cuando ya te vieron, forman parte del gran teatro nacional donde todos actuamos de personas correctas en cuanto se enciende la cámara.
Así que enhorabuena por los relojes de vuelta a su remitente. Ojalá el domingo la Selección demuestre la misma capacidad de reacción inmediata que mostró frente al escándalo. Porque si defienden su portería con la velocidad con la que devolvieron esos Rolex, a Inglaterra le van a dar una lección de puntualidad.