La pluma de Cumbres II: ahora la barrera la cargan los vecinos
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Pocas tragedias tan chihuahuenses como la del fraccionamiento Cumbres II, donde la autoridad municipal suspendió las plumas de acceso porque el comité de vecinos no entregó la documentación para regularizarlas. Léalo despacio: para instalar una barrera que decida quién entra y quién no, primero hay que pasar por una barrera burocrática que decide si uno puede instalar la barrera. Es la inception del trámite. La pluma de la pluma.
La Dirección de Desarrollo Urbano y Ecología fue clara: el acceso controlado permanecerá suspendido de manera temporal hasta que el Comité de Vecinos acredite los requisitos. Y uno se imagina la junta vecinal de emergencia: señores, tenemos la caseta, tenemos al guardia, tenemos el cono naranja, lo único que nos falta es el papelito que diga que podemos tener todo lo anterior. Detalles, detalles.
El encanto del asunto es la inversión de roles. Durante meses, la pluma decidía quién pasaba: el repartidor sí, el desconocido no, el del Uber que dé vuelta. Hoy la pluma está abajo, inmóvil, y son los vecinos quienes tienen que pasar el filtro de Desarrollo Urbano. El cazador cazado. La tranca trancada. Quien vivía por la pluma, por la pluma quedó parado.
No es asunto menor, ojo: el acceso controlado es un tema sensible de seguridad y convivencia, y los vecinos tienen todo el derecho de buscar regularizarlo. Lo cómico no es la aspiración, es la coreografía: la ciudad llena de casetas improvisadas que aparecen como hongos después de la lluvia, hasta que alguien recuerda que existe algo llamado reglamento. Y entonces todos descubren, sorprendidos, que sí había reglas.
Sugerencia fraterna para el comité: junten los papeles, llénenlos, séllenlos por triplicado y entréguenlos antes de que termine el sexenio del cono naranja. Porque mientras la pluma siga abajo, el único acceso verdaderamente controlado en Cumbres II es el del ciudadano que intenta entender el trámite. Ese sí que no pasa fácil.
La Dirección de Desarrollo Urbano y Ecología fue clara: el acceso controlado permanecerá suspendido de manera temporal hasta que el Comité de Vecinos acredite los requisitos. Y uno se imagina la junta vecinal de emergencia: señores, tenemos la caseta, tenemos al guardia, tenemos el cono naranja, lo único que nos falta es el papelito que diga que podemos tener todo lo anterior. Detalles, detalles.
El encanto del asunto es la inversión de roles. Durante meses, la pluma decidía quién pasaba: el repartidor sí, el desconocido no, el del Uber que dé vuelta. Hoy la pluma está abajo, inmóvil, y son los vecinos quienes tienen que pasar el filtro de Desarrollo Urbano. El cazador cazado. La tranca trancada. Quien vivía por la pluma, por la pluma quedó parado.
No es asunto menor, ojo: el acceso controlado es un tema sensible de seguridad y convivencia, y los vecinos tienen todo el derecho de buscar regularizarlo. Lo cómico no es la aspiración, es la coreografía: la ciudad llena de casetas improvisadas que aparecen como hongos después de la lluvia, hasta que alguien recuerda que existe algo llamado reglamento. Y entonces todos descubren, sorprendidos, que sí había reglas.
Sugerencia fraterna para el comité: junten los papeles, llénenlos, séllenlos por triplicado y entréguenlos antes de que termine el sexenio del cono naranja. Porque mientras la pluma siga abajo, el único acceso verdaderamente controlado en Cumbres II es el del ciudadano que intenta entender el trámite. Ese sí que no pasa fácil.