Chihuahua entera pausa la vida por 90 minutos: el domingo que se jugó todo menos el presupuesto
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Amaneció Chihuahua este domingo con la agenda más apretada de su historia moderna: había que ver a México contra Inglaterra, había que cabalgar 600 kilómetros disfrazados de la Revolución, había que inaugurar una pantalla de agua y, en los ratos libres, atender la vida real. Como siempre, la vida real quedó para el segundo tiempo.
Empecemos por lo urgente, es decir, por el futbol. Cada municipio del estado, del más grande al que apenas sale en el mapa, decidió que su gran aportación al bienestar ciudadano era rentar una pantalla gigante. Delicias puso tres camiones para llevar a la afición al estadio de béisbol —vaya, transporte público con causa, aunque sea por un partido—; Parral montó la suya en la Plaza de la Identidad; Juárez habilitó Fan Fest; y el Estadio 8 de Diciembre abrió sus puertas como si fuera Wembley. Nunca la coordinación interinstitucional funcionó tan bien y tan rápido para algo. Si la burocracia chihuahuense atendiera baches con la misma velocidad con que instala bocinas, no tendríamos ni un solo tope sin señalizar.
La cereza la puso Profeco, que en un rapto de ternura institucional salió a recordarnos que la propina es voluntaria y que nadie puede cobrarte comisión por pagar con tarjeta mientras gritas gol. Gracias, Profeco: lo que de verdad nos angustiaba del partido era el 10% sugerido. Y por si el ánimo se desbordaba, la Embajada de Estados Unidos emitió alerta pidiendo a sus ciudadanos evitar aglomeraciones. Traducción: el imperio le tiene más miedo a un festejo mexicano que a un examen sorpresa.
Mientras el país entero contenía la respiración por un balón, en Guachochi cortaban el listón de las Fuentes Multimedia del Lago Las Garzas: una pantalla de agua de quince metros de altura por treinta de ancho, con proyecciones, efectos visuales y una módica inversión de 15.5 millones de pesos. Poesía líquida en plena Sierra Tarahumara. El detalle exquisito es que, a unos cuantos kilómetros de esa maravilla de tecnología acuática, el gobernador de Chihuahua confirma que el nuevo hospital del IMSS se queda en pausa porque la federación no soltó un solo peso. Es decir: agua danzante sí, cama de hospital no. Cuando te enfermes en la sierra, siempre te quedará el consuelo de morir viendo un espectáculo multimedia de 30 metros. Muy digno.
En el capítulo de política pura, Cruz Pérez Cuéllar fue hasta Guadalupy Calvo a jurar que están listos para defender la Cuarta Transformación en todo el estado. Elección de escenario impecable: fue justo al municipio donde organizaciones de derechos humanos denuncian el desplazamiento de 153 personas, el asesinato de una mujer y un niño, y ataques con explosivos contra viviendas. Nada dice "coordinación sólida con el Gobierno de México" como llevar la asamblea informativa al lugar donde la gente literalmente está huyendo de su casa. El PRI, para no quedarse atrás, anunció gira por los 67 municipios para capacitar "Defensores de Chihuahua" y propuso una Mesa del T-MEC; entre tanto defensor y tanta mesa, va a faltar quien ponga las sillas.
El campo chihuahuense, mientras tanto, vive su propia epopeya bíblica: nos ataca el gusano barrenador por un lado y el gusano descortezador por el otro. Dos gusanos distintos, un solo estado verdadero. Los ganaderos de Guachochi refuerzan medidas y la Sader jura que será buen año agrícola "pese a las lluvias irregulares", esa frase que en Chihuahua significa "crucemos los dedos y recemos al Santo Niño de Atocha".
Y porque el bienestar también se mide en botellas: en Juárez cada persona destina 1,600 pesos al mes a la comida, y el producto más consumido diariamente es el agua embotellada. Sí: en la frontera, el lujo es beber agua que no salga de la llave. Todo un símbolo de progreso hidráulico.
Cerramos con la joya del retail deportivo: los aficionados australianos abarrotaron un Walmart antes de su partido, comprobando que el verdadero patrimonio cultural del Mundial no es el estadio, sino el pasillo de las botanas. En Chihuahua lo entendemos bien: aquí también, cuando no hay hospital ni certeza en el campo, siempre queda una pantalla, una cheve y la fe intacta de que esta vez sí pasamos a cuartos. Que gane México; lo demás, lo vemos el lunes.
Empecemos por lo urgente, es decir, por el futbol. Cada municipio del estado, del más grande al que apenas sale en el mapa, decidió que su gran aportación al bienestar ciudadano era rentar una pantalla gigante. Delicias puso tres camiones para llevar a la afición al estadio de béisbol —vaya, transporte público con causa, aunque sea por un partido—; Parral montó la suya en la Plaza de la Identidad; Juárez habilitó Fan Fest; y el Estadio 8 de Diciembre abrió sus puertas como si fuera Wembley. Nunca la coordinación interinstitucional funcionó tan bien y tan rápido para algo. Si la burocracia chihuahuense atendiera baches con la misma velocidad con que instala bocinas, no tendríamos ni un solo tope sin señalizar.
La cereza la puso Profeco, que en un rapto de ternura institucional salió a recordarnos que la propina es voluntaria y que nadie puede cobrarte comisión por pagar con tarjeta mientras gritas gol. Gracias, Profeco: lo que de verdad nos angustiaba del partido era el 10% sugerido. Y por si el ánimo se desbordaba, la Embajada de Estados Unidos emitió alerta pidiendo a sus ciudadanos evitar aglomeraciones. Traducción: el imperio le tiene más miedo a un festejo mexicano que a un examen sorpresa.
Mientras el país entero contenía la respiración por un balón, en Guachochi cortaban el listón de las Fuentes Multimedia del Lago Las Garzas: una pantalla de agua de quince metros de altura por treinta de ancho, con proyecciones, efectos visuales y una módica inversión de 15.5 millones de pesos. Poesía líquida en plena Sierra Tarahumara. El detalle exquisito es que, a unos cuantos kilómetros de esa maravilla de tecnología acuática, el gobernador de Chihuahua confirma que el nuevo hospital del IMSS se queda en pausa porque la federación no soltó un solo peso. Es decir: agua danzante sí, cama de hospital no. Cuando te enfermes en la sierra, siempre te quedará el consuelo de morir viendo un espectáculo multimedia de 30 metros. Muy digno.
En el capítulo de política pura, Cruz Pérez Cuéllar fue hasta Guadalupy Calvo a jurar que están listos para defender la Cuarta Transformación en todo el estado. Elección de escenario impecable: fue justo al municipio donde organizaciones de derechos humanos denuncian el desplazamiento de 153 personas, el asesinato de una mujer y un niño, y ataques con explosivos contra viviendas. Nada dice "coordinación sólida con el Gobierno de México" como llevar la asamblea informativa al lugar donde la gente literalmente está huyendo de su casa. El PRI, para no quedarse atrás, anunció gira por los 67 municipios para capacitar "Defensores de Chihuahua" y propuso una Mesa del T-MEC; entre tanto defensor y tanta mesa, va a faltar quien ponga las sillas.
El campo chihuahuense, mientras tanto, vive su propia epopeya bíblica: nos ataca el gusano barrenador por un lado y el gusano descortezador por el otro. Dos gusanos distintos, un solo estado verdadero. Los ganaderos de Guachochi refuerzan medidas y la Sader jura que será buen año agrícola "pese a las lluvias irregulares", esa frase que en Chihuahua significa "crucemos los dedos y recemos al Santo Niño de Atocha".
Y porque el bienestar también se mide en botellas: en Juárez cada persona destina 1,600 pesos al mes a la comida, y el producto más consumido diariamente es el agua embotellada. Sí: en la frontera, el lujo es beber agua que no salga de la llave. Todo un símbolo de progreso hidráulico.
Cerramos con la joya del retail deportivo: los aficionados australianos abarrotaron un Walmart antes de su partido, comprobando que el verdadero patrimonio cultural del Mundial no es el estadio, sino el pasillo de las botanas. En Chihuahua lo entendemos bien: aquí también, cuando no hay hospital ni certeza en el campo, siempre queda una pantalla, una cheve y la fe intacta de que esta vez sí pasamos a cuartos. Que gane México; lo demás, lo vemos el lunes.