Beba con responsabilidad, dice el IMSS mientras el vecino reparte dos mil chelas
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Guanajuato amaneció este fin de semana con una sola pregunta metafísica en la boca: ¿de qué lado del semáforo me toca esperar para ver a México contra Inglaterra? Porque en la capital, la nueva red de semaforización ya alcanzó los cuarenta y cinco minutos de espera en Marfil, un logro cronométrico que convierte cualquier vuelta a la tortillería en una peregrinación con estaciones. Las autoridades, con la humildad del que instala un aparato carísimo y luego descubre que no sirve, admiten que los semáforos «podrían ser reubicados» tras las quejas ciudadanas. Traducción: los pusieron, la gente se enojó, y ahora los van a mover de lugar como quien acomoda los muebles después de comprarlos. Ciencia de vanguardia aplicada al Marfil.
Pero el gran evento del domingo no es el tráfico, es el futbol, y aquí es donde Guanajuato se lució con su talento nacional para la contradicción simultánea. Por un lado, el IMSS lanzó un llamado conmovedor a vivir la pasión mundialista «de forma sana, pacífica y libre de riesgos», con esa frase de folleto que empieza con «¿Y si sí disfrutas el partido con responsabilidad?». Recomiendan no beber si vas a manejar, designar conductor y proteger a los más vulnerables. Aplausos. Ternura institucional.
Por el otro lado, en la misma capital, un exalcalde anunció con bombo, platillo y hielera la entrega de dos mil cervezas durante la transmisión del partido en la calle Subterránea. Dos mil. Que quede claro el paisaje: el Seguro Social pidiendo mesura por un canal, y por el otro un político repartiendo chela al mayoreo como si fuera despensa de campaña, solo que refrigerada. Es el equilibrio perfecto del universo guanajuatense: una mano te da el volante y la otra te da la caguama, y luego ambas fingen que no se conocen.
Salamanca, siempre práctica, resolvió la ecuación con una obra maestra de la burocracia futbolera: cerrará algunas calles «de manera preventiva ante una eventual victoria de la Selección Mexicana sobre Inglaterra». Léase con calma. No van a cerrar calles porque México gane; van a cerrarlas por si acaso gana. Es planeación defensiva contra la felicidad, un operativo diseñado para contener un festejo que quizá no ocurra. Nunca en la historia del municipio se había preparado con tanto esmero un dispositivo contra algo hipotético. Si el mismo entusiasmo se aplicara a bachear, Salamanca sería Suiza.
Y hablando de baches, León también trae su propia telenovela, pero digital. El portal del municipio lleva días fuera de servicio tras un presunto hackeo, mientras la administración presume, orgullosa, haber «contenido 1.6 millones de ataques cibernéticos». Es un mensaje curioso: contuvimos un millón seiscientos mil, pero la página sigue caída y por ahí anda circulando una base de datos. Es como el portero que ataja diez penales y luego mete un autogol en el minuto 90: técnicamente heroico, prácticamente en el suelo. El chatbot de atención ciudadana, ese pobre robot, quedó mudo justo cuando más lo necesitábamos para preguntarle por qué el semáforo de Marfil tarda cuarenta y cinco minutos.
Mientras tanto, la maquinaria democrática no descansa. El IEEG anda «fortaleciendo acciones afirmativas» rumbo a 2027, ya destapó dos denuncias por actos anticipados de campaña en Irapuato y Guanajuato —de las que, por supuesto, no se puede decir nada porque hay presunción de inocencia y mucha discreción— y de pantalón, el estado estrenó dos partidos nuevos: Paz y Somos México. Porque si algo le faltaba a Guanajuato eran más siglas para las prerrogativas. Bienvenidos al buffet: ahora hay más platillos, pero el menú sabe igual.
Y en Irapuato, para que no falte cultura, se presenta un libro que se pregunta si la presión del T-MEC es «el primer golpe para una invasión», entrada gratuita, mientras la Coparmex y la Canaco advierten que las revisiones anuales del tratado amenazan con paralizar al Bajío. Es decir: unos temen la invasión militar y otros la invasión de auditorías. En Guanajuato hasta el apocalipsis viene en dos versiones, la ideológica y la contable.
Así que el resumen del domingo, estimado lector: maneje sobrio, beba las dos mil cervezas del vecino con moderación imposible, espere su semáforo con paciencia franciscana, no le pregunte nada al chatbot porque está hackeado, y no festeje demasiado fuerte que en Salamanca ya cerraron la calle por si acaso. Vivir la pasión del Mundial, sí, pero con responsabilidad. Y con hielera. Sobre todo con hielera.
Pero el gran evento del domingo no es el tráfico, es el futbol, y aquí es donde Guanajuato se lució con su talento nacional para la contradicción simultánea. Por un lado, el IMSS lanzó un llamado conmovedor a vivir la pasión mundialista «de forma sana, pacífica y libre de riesgos», con esa frase de folleto que empieza con «¿Y si sí disfrutas el partido con responsabilidad?». Recomiendan no beber si vas a manejar, designar conductor y proteger a los más vulnerables. Aplausos. Ternura institucional.
Por el otro lado, en la misma capital, un exalcalde anunció con bombo, platillo y hielera la entrega de dos mil cervezas durante la transmisión del partido en la calle Subterránea. Dos mil. Que quede claro el paisaje: el Seguro Social pidiendo mesura por un canal, y por el otro un político repartiendo chela al mayoreo como si fuera despensa de campaña, solo que refrigerada. Es el equilibrio perfecto del universo guanajuatense: una mano te da el volante y la otra te da la caguama, y luego ambas fingen que no se conocen.
Salamanca, siempre práctica, resolvió la ecuación con una obra maestra de la burocracia futbolera: cerrará algunas calles «de manera preventiva ante una eventual victoria de la Selección Mexicana sobre Inglaterra». Léase con calma. No van a cerrar calles porque México gane; van a cerrarlas por si acaso gana. Es planeación defensiva contra la felicidad, un operativo diseñado para contener un festejo que quizá no ocurra. Nunca en la historia del municipio se había preparado con tanto esmero un dispositivo contra algo hipotético. Si el mismo entusiasmo se aplicara a bachear, Salamanca sería Suiza.
Y hablando de baches, León también trae su propia telenovela, pero digital. El portal del municipio lleva días fuera de servicio tras un presunto hackeo, mientras la administración presume, orgullosa, haber «contenido 1.6 millones de ataques cibernéticos». Es un mensaje curioso: contuvimos un millón seiscientos mil, pero la página sigue caída y por ahí anda circulando una base de datos. Es como el portero que ataja diez penales y luego mete un autogol en el minuto 90: técnicamente heroico, prácticamente en el suelo. El chatbot de atención ciudadana, ese pobre robot, quedó mudo justo cuando más lo necesitábamos para preguntarle por qué el semáforo de Marfil tarda cuarenta y cinco minutos.
Mientras tanto, la maquinaria democrática no descansa. El IEEG anda «fortaleciendo acciones afirmativas» rumbo a 2027, ya destapó dos denuncias por actos anticipados de campaña en Irapuato y Guanajuato —de las que, por supuesto, no se puede decir nada porque hay presunción de inocencia y mucha discreción— y de pantalón, el estado estrenó dos partidos nuevos: Paz y Somos México. Porque si algo le faltaba a Guanajuato eran más siglas para las prerrogativas. Bienvenidos al buffet: ahora hay más platillos, pero el menú sabe igual.
Y en Irapuato, para que no falte cultura, se presenta un libro que se pregunta si la presión del T-MEC es «el primer golpe para una invasión», entrada gratuita, mientras la Coparmex y la Canaco advierten que las revisiones anuales del tratado amenazan con paralizar al Bajío. Es decir: unos temen la invasión militar y otros la invasión de auditorías. En Guanajuato hasta el apocalipsis viene en dos versiones, la ideológica y la contable.
Así que el resumen del domingo, estimado lector: maneje sobrio, beba las dos mil cervezas del vecino con moderación imposible, espere su semáforo con paciencia franciscana, no le pregunte nada al chatbot porque está hackeado, y no festeje demasiado fuerte que en Salamanca ya cerraron la calle por si acaso. Vivir la pasión del Mundial, sí, pero con responsabilidad. Y con hielera. Sobre todo con hielera.