Guadalajara, sede mundial del aguacero: la afición celebra entre charcos, vips inundados y un coreano que ya voló más que la Selección
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Lo prometido por la mercadotecnia se cumplió: Guadalajara es una sede de talla mundial. Lo que nadie aclaró en los folletos es que la categoría se la dio la lluvia. La tarde del viernes, mientras Estados Unidos goleaba a Paraguay en una pantalla gigante, el cielo tapatío decidió que él también quería hacer su debut y mandó una tormenta que desalojó el FIFA Fan Fest de la Plaza Liberación más rápido de lo que la FIFA cobra una licencia. Decenas de aficionados, que habían ido a sentirse ciudadanos del mundo, terminaron sintiéndose ciudadanos de un drenaje a punto de reventar.
Porque aquí no hay temporal que sorprenda y, sin embargo, siempre sorprende. La Policía Vial cerró puntos peligrosos tras 'la lluvia de hoy' con el tono de quien descubre por primera vez que en junio llueve en Jalisco, como si fuera un fenómeno extraterrestre y no la cita anual más puntual de la ciudad. Cayeron árboles, se hicieron lagunas en cada glorieta y hasta el beisbol se rindió: el Charros contra Diablos se suspendió porque hasta la zona VIP del estadio Panamericano se inundó. Que se mojen las gradas generales, pasa; pero cuando el agua entra a los palcos de los que pagan caro, ahí sí la cosa es 'severa afectación'.
Y hablando de pagar caro: en la Ciudad de México se vende el paquete Hospitality del Mundial en casi 900 mil pesos, con gastronomía gourmet y asiento a nivel de cancha. Por ese precio uno esperaría que el balón se lo pasaran personalmente, pero no: pagas casi un millón para ver lo mismo que el de la fonda, solo que con cubiertos. Es el nuevo deporte nacional: competir por quién ve el futbol más caro. Mientras tanto, en Guadalajara la 'derrama económica' se mide en tacos y, si el cielo coopera, en paraguas vendidos a sobreprecio.
La joya de la jornada, eso sí, la pusieron los propios tapatíos con su hospitalidad: un aficionado coreano fue lanzado por los aires en plena fiesta mundialista, y en otro punto del país dos connacionales decidieron inaugurar su propio torneo a golpes en vivo. Conmovedor: ya tenemos a un surcoreano que en cuestión de segundos voló más alto y con más proyección que varias jugadas de la Selección. Bienvenidos a México, donde al turista lo recibimos con abrazo, mariachi y, ocasionalmente, gravedad.
En el palco político la cosa estuvo igual de resbalosa. Resulta que en las inauguraciones mundialistas suele asistir el jefe de Estado anfitrión, pero la Presidenta no acudió ni al Estadio ni al Zócalo. Un ejercicio elemental de protocolo se convirtió en adivinanza nacional: ¿dónde estaban los 'three amigos'? Los tres países sede arrancaron el torneo más caro de la historia y ninguno de los anfitriones principales coincidió en la foto, que es como organizar una boda y que no llegue ninguno de los novios. Eso sí: el estadio se llenó, hubo Belinda con 80 mil cristales y Alejandro Fernández con el Himno, prueba de que en este país lo único que nunca falla es el show.
Del otro lado de la fiesta, las madres buscadoras recordaron que mientras unos contamos goles, el país sigue contando ausencias: superamos las 134 mil personas desaparecidas y no localizadas. Es la estadística que ningún narrador menciona en la transmisión, el marcador que de verdad debería dolernos. No hay sátira que alcance ahí; solo el subrayado incómodo de que cabe el Estadio Azteca lleno muchas veces en esa cifra, y que ese sí es un récord que nadie quería romper.
Mientras tanto, la política local mete su gol en propia puerta: en Tonalá no prosperó el intento de entregar el rastro municipal por 25 años a una empresa fundada por hermanos del alcalde. Conflicto de interés, dijeron los regidores, en una de esas frases que en Jalisco ya deberían venir impresas en las boletas. Veinticinco años es más de lo que dura un sexenio, una hipoteca y la paciencia del electorado juntos.
Y para cerrar con denominación de origen: 23 empresas y 81 marcas de tequila recibieron el sello 'Hecho en México', por si alguien dudaba de la nacionalidad del tequila. Faltaba el certificado oficial para confirmar que el agave azul de Jalisco, en efecto, es de Jalisco. Burocracia pura: certificar lo obvio mientras la ciudad se inunda. Pero tranquilos: con este clima, al menos, el brindis sale solo. Salud, paraguas en mano.
Porque aquí no hay temporal que sorprenda y, sin embargo, siempre sorprende. La Policía Vial cerró puntos peligrosos tras 'la lluvia de hoy' con el tono de quien descubre por primera vez que en junio llueve en Jalisco, como si fuera un fenómeno extraterrestre y no la cita anual más puntual de la ciudad. Cayeron árboles, se hicieron lagunas en cada glorieta y hasta el beisbol se rindió: el Charros contra Diablos se suspendió porque hasta la zona VIP del estadio Panamericano se inundó. Que se mojen las gradas generales, pasa; pero cuando el agua entra a los palcos de los que pagan caro, ahí sí la cosa es 'severa afectación'.
Y hablando de pagar caro: en la Ciudad de México se vende el paquete Hospitality del Mundial en casi 900 mil pesos, con gastronomía gourmet y asiento a nivel de cancha. Por ese precio uno esperaría que el balón se lo pasaran personalmente, pero no: pagas casi un millón para ver lo mismo que el de la fonda, solo que con cubiertos. Es el nuevo deporte nacional: competir por quién ve el futbol más caro. Mientras tanto, en Guadalajara la 'derrama económica' se mide en tacos y, si el cielo coopera, en paraguas vendidos a sobreprecio.
La joya de la jornada, eso sí, la pusieron los propios tapatíos con su hospitalidad: un aficionado coreano fue lanzado por los aires en plena fiesta mundialista, y en otro punto del país dos connacionales decidieron inaugurar su propio torneo a golpes en vivo. Conmovedor: ya tenemos a un surcoreano que en cuestión de segundos voló más alto y con más proyección que varias jugadas de la Selección. Bienvenidos a México, donde al turista lo recibimos con abrazo, mariachi y, ocasionalmente, gravedad.
En el palco político la cosa estuvo igual de resbalosa. Resulta que en las inauguraciones mundialistas suele asistir el jefe de Estado anfitrión, pero la Presidenta no acudió ni al Estadio ni al Zócalo. Un ejercicio elemental de protocolo se convirtió en adivinanza nacional: ¿dónde estaban los 'three amigos'? Los tres países sede arrancaron el torneo más caro de la historia y ninguno de los anfitriones principales coincidió en la foto, que es como organizar una boda y que no llegue ninguno de los novios. Eso sí: el estadio se llenó, hubo Belinda con 80 mil cristales y Alejandro Fernández con el Himno, prueba de que en este país lo único que nunca falla es el show.
Del otro lado de la fiesta, las madres buscadoras recordaron que mientras unos contamos goles, el país sigue contando ausencias: superamos las 134 mil personas desaparecidas y no localizadas. Es la estadística que ningún narrador menciona en la transmisión, el marcador que de verdad debería dolernos. No hay sátira que alcance ahí; solo el subrayado incómodo de que cabe el Estadio Azteca lleno muchas veces en esa cifra, y que ese sí es un récord que nadie quería romper.
Mientras tanto, la política local mete su gol en propia puerta: en Tonalá no prosperó el intento de entregar el rastro municipal por 25 años a una empresa fundada por hermanos del alcalde. Conflicto de interés, dijeron los regidores, en una de esas frases que en Jalisco ya deberían venir impresas en las boletas. Veinticinco años es más de lo que dura un sexenio, una hipoteca y la paciencia del electorado juntos.
Y para cerrar con denominación de origen: 23 empresas y 81 marcas de tequila recibieron el sello 'Hecho en México', por si alguien dudaba de la nacionalidad del tequila. Faltaba el certificado oficial para confirmar que el agave azul de Jalisco, en efecto, es de Jalisco. Burocracia pura: certificar lo obvio mientras la ciudad se inunda. Pero tranquilos: con este clima, al menos, el brindis sale solo. Salud, paraguas en mano.