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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 5 de julio de 2026

Cuarenta y cinco minutos en Marfil: el semáforo que convirtió el traslado en peregrinación

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Cuarenta y cinco minutos en Marfil: el semáforo que convirtió el traslado en peregrinación
Hay inventos que resuelven problemas y hay inventos que crean uno nuevo y luego se autoproclaman solución. La nueva red de semaforización de Guanajuato capital pertenece con honores a la segunda categoría. En zonas como Marfil, los tiempos de espera alcanzan los cuarenta y cinco minutos, un lapso durante el cual un ciudadano podría bautizar a un hijo, ver medio partido o replantearse por completo sus decisiones de vida, todo sin avanzar un solo metro.

La promesa era ordenar el tráfico con tecnología moderna. El resultado es que el automovilista de Marfil ahora medita frente a una luz roja con la paciencia de un monje y la desesperación de un rehén. Cuarenta y cinco minutos es tanto tiempo que uno ya no está manejando: está haciendo fila. La diferencia entre un embotellamiento y una sala de espera se borró, y lo único que falta es que el semáforo te ofrezca una revista vieja y un dispensador de agua.

Lo verdaderamente glorioso es el desenlace anunciado por las autoridades: los semáforos «podrían ser reubicados» tras las quejas ciudadanas. Es decir, el plan de contingencia para un sistema que no funciona consiste en levantarlo y ponerlo en otra parte, como quien mueve un sillón que no combina con la sala. No se corrige, se recoloca. La esperanza es que, en su nueva ubicación, el semáforo por fin haga algo distinto a torturar cronómetros.

Uno imagina la junta donde se tomó la decisión: instalamos la red carísima, la gente se enfureció, así que la vamos a cambiar de esquina y a ver qué pasa. Método científico puro, versión ensayo y error, con los conductores de Marfil como sujetos de estudio involuntarios. Cada rojo eterno es un dato para la ciencia municipal.

Mientras tanto, el vecino de la capital ha desarrollado habilidades que ni sabía que tenía: calcular rutas alternas dignas de un piloto de rally, salir de casa con una hora de anticipación para cualquier trámite, y una tolerancia zen que ningún curso de meditación podría igualar. Guanajuato quería semáforos inteligentes; le tocaron semáforos filosóficos, de esos que te obligan a preguntarte qué haces con tu vida mientras la flecha no cambia. Reubíquenlos, sí, pero avisen dónde, para saber qué colonia sacrificar a continuación.