Patriotas hasta el domingo a las dos: las marcas aman a México, pero en horario de oficina
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Existe una forma nueva y radiante de amar a la patria, y no requiere ni sacrificio ni continuidad: basta con teclear. Sumadas al trend "operativo no inglés", decenas de marcas anunciaron en redes sociales que, en solidaridad con la Selección, dejarán de usar palabras en inglés y traducirán sus nombres y eslóganes al español hasta que termine el partido. El nacionalismo llegó por fin a su forma más cómoda: la que se activa por la mañana y expira al silbatazo final.
Una empresa hasta lanzó el reto a las demás para que cambiaran su imagen, porque en la lógica del marketing patrio no basta con ser mexicano de corazón: hay que ser mexicano de manera visible, viral y, sobre todo, medible en interacciones. Nada intimida más a un delantero rival que enterarse de que, del otro lado del Atlántico, un community manager renunció valientemente a la palabra "sale" y escribió "rebaja".
Uno se imagina las juntas de crisis: creativos debatiendo si el amor a México se demuestra mejor quitando el gerundio del logo o poniéndole un sombrero de charro al isotipo. Estrategas calculando cuántas horas de españolización pura resiste una marca antes de volver, discretamente, a su nombre en inglés el lunes a primera hora, cuando ya nadie esté viendo y el reporte trimestral vuelva a exigir su alma anglosajona.
Lo entrañable del asunto es su honestidad involuntaria. Es un patriotismo con fecha de caducidad impresa, como el yogurt: intenso, cremoso y perecedero. Dura exactamente lo que dura un partido de octavos de final. Si México avanza, quizá se extienda la promoción; si no, mañana mismo esas mismas cuentas volverán a hablar de "delivery", "branding" y "engagement" sin que se les mueva un pixel de la conciencia.
Que conste: el trend es simpático, inofensivo y hasta divertido. Pero digamos las cosas como son. El país lleva siglos discutiendo qué significa ser mexicano, y resulta que la respuesta más práctica del siglo la encontró un departamento de mercadotecnia: ser mexicano es traducir tu eslogan del mediodía al atardecer, ganar likes y guardar el recibo. Viva México, wey. Perdón: viva México, amigo.
Una empresa hasta lanzó el reto a las demás para que cambiaran su imagen, porque en la lógica del marketing patrio no basta con ser mexicano de corazón: hay que ser mexicano de manera visible, viral y, sobre todo, medible en interacciones. Nada intimida más a un delantero rival que enterarse de que, del otro lado del Atlántico, un community manager renunció valientemente a la palabra "sale" y escribió "rebaja".
Uno se imagina las juntas de crisis: creativos debatiendo si el amor a México se demuestra mejor quitando el gerundio del logo o poniéndole un sombrero de charro al isotipo. Estrategas calculando cuántas horas de españolización pura resiste una marca antes de volver, discretamente, a su nombre en inglés el lunes a primera hora, cuando ya nadie esté viendo y el reporte trimestral vuelva a exigir su alma anglosajona.
Lo entrañable del asunto es su honestidad involuntaria. Es un patriotismo con fecha de caducidad impresa, como el yogurt: intenso, cremoso y perecedero. Dura exactamente lo que dura un partido de octavos de final. Si México avanza, quizá se extienda la promoción; si no, mañana mismo esas mismas cuentas volverán a hablar de "delivery", "branding" y "engagement" sin que se les mueva un pixel de la conciencia.
Que conste: el trend es simpático, inofensivo y hasta divertido. Pero digamos las cosas como son. El país lleva siglos discutiendo qué significa ser mexicano, y resulta que la respuesta más práctica del siglo la encontró un departamento de mercadotecnia: ser mexicano es traducir tu eslogan del mediodía al atardecer, ganar likes y guardar el recibo. Viva México, wey. Perdón: viva México, amigo.