El rastro de Tonalá por 25 años: o cómo casi se hereda un negocio antes de heredar la silla
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Hay planes a futuro y hay planes a muy largo plazo. En Tonalá alguien tuvo la visión de pensar en cuarto de siglo: el intento de administrar el rastro municipal mediante una alianza público-privada contemplaba entregarlo nada menos que por 25 años a una empresa fundada por hermanos del alcalde. Veinticinco años. Para que se dé una idea, en ese lapso caben cuatro administraciones municipales completas, una generación entera de quinceañeras y la vida útil de tres pavimentaciones que nunca llegan.
Los regidores, en un arranque de aritmética cívica, detectaron lo que técnicamente se llama conflicto de interés y coloquialmente se llama 'pues cómo crees'. El intento no pasó. Y conviene celebrarlo sin estridencias, porque en Jalisco que algo NO prospere por conflicto de interés es casi una efeméride: deberíamos ponerlo en el calendario cívico, entre el Grito y el Día del Tequila.
Lo entrañable del asunto es la confianza. Concesionar un rastro —ese lugar donde literalmente se procesa la carne que llega a la mesa tapatía— durante un cuarto de siglo no es cosa menor; es prácticamente entregar un pedazo del aparato digestivo del municipio. Y hacerlo a una empresa con apellido familiar tan cercano tiene la sutileza de invitar a tu primo a la junta de vecinos y proponerlo, de pasada, como administrador único del edificio hasta el año 2051.
La defensa habitual en estos casos es que 'todo está en regla' y que 'la empresa es la mejor opción'. Curiosamente, la mejor opción siempre queda a una comida dominical de distancia. Es esa coincidencia cósmica de la política local: el proveedor ideal suele compartir mantel, álbum familiar y, ocasionalmente, acta de nacimiento con quien firma.
Que conste que aquí no se acusa a nadie de nada: la propia noticia dice que el intento no prosperó precisamente porque se atendió el conflicto. O sea, el sistema, milagrosamente, funcionó. Lo preocupante es que tengamos que aplaudir como hazaña que un cabildo simplemente no autorice repartir un servicio público entre la parentela. Es como felicitar a alguien por no comerse la torta ajena: bien, correcto, pero tampoco amerita medalla.
Moraleja para futuros visionarios municipales: si el plan de negocios incluye la palabra 'hermanos' en la escritura constitutiva y la palabra 'concesión' en el contrato, conviene revisarlo dos veces. O veinticinco, una por cada año que pensaban quedarse.
Los regidores, en un arranque de aritmética cívica, detectaron lo que técnicamente se llama conflicto de interés y coloquialmente se llama 'pues cómo crees'. El intento no pasó. Y conviene celebrarlo sin estridencias, porque en Jalisco que algo NO prospere por conflicto de interés es casi una efeméride: deberíamos ponerlo en el calendario cívico, entre el Grito y el Día del Tequila.
Lo entrañable del asunto es la confianza. Concesionar un rastro —ese lugar donde literalmente se procesa la carne que llega a la mesa tapatía— durante un cuarto de siglo no es cosa menor; es prácticamente entregar un pedazo del aparato digestivo del municipio. Y hacerlo a una empresa con apellido familiar tan cercano tiene la sutileza de invitar a tu primo a la junta de vecinos y proponerlo, de pasada, como administrador único del edificio hasta el año 2051.
La defensa habitual en estos casos es que 'todo está en regla' y que 'la empresa es la mejor opción'. Curiosamente, la mejor opción siempre queda a una comida dominical de distancia. Es esa coincidencia cósmica de la política local: el proveedor ideal suele compartir mantel, álbum familiar y, ocasionalmente, acta de nacimiento con quien firma.
Que conste que aquí no se acusa a nadie de nada: la propia noticia dice que el intento no prosperó precisamente porque se atendió el conflicto. O sea, el sistema, milagrosamente, funcionó. Lo preocupante es que tengamos que aplaudir como hazaña que un cabildo simplemente no autorice repartir un servicio público entre la parentela. Es como felicitar a alguien por no comerse la torta ajena: bien, correcto, pero tampoco amerita medalla.
Moraleja para futuros visionarios municipales: si el plan de negocios incluye la palabra 'hermanos' en la escritura constitutiva y la palabra 'concesión' en el contrato, conviene revisarlo dos veces. O veinticinco, una por cada año que pensaban quedarse.