García: municipio con 54 mil litros de gasolina y cero de agua en la llave
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Existe un lugar en Nuevo León donde el combustible se almacena por decenas de miles de litros pero el agua potable se administra con cuentagotas. No es una distopía: es el municipio de García, este fin de semana.
Por un lado, la Fiscalía General de la República aseguró más de 54 mil litros de hidrocarburo dentro de un predio en la colonia Durazno, tras una orden de cateo. Cincuenta y cuatro mil seiscientos litros, para ser exactos, más otros indicios. Por otro lado, y prácticamente en la misma postal municipal, el Gobierno de García recibió el respaldo solidario de medio Monterrey metropolitano para enfrentar un desabasto de agua que tiene a decenas de colonias esperando la llegada de pipas como quien espera la lluvia.
Hagamos las cuentas emocionales. En García puedes encontrar más fácilmente un tambo de gasolina clandestina que un chorro de agua limpia saliendo de tu llave. Es el triunfo definitivo del hidrocarburo sobre el hidrógeno con oxígeno. Aquí el líquido que fluye sin problemas es el que va en tambos escondidos; el que debería fluir por tubería, ese anda de vacaciones.
Los alcaldes metropolitanos hicieron un conmovedor llamado de solidaridad y respondieron San Pedro, Santa Catarina, San Nicolás y Monterrey, enviando pipas y apoyos. Todo muy bonito, muy fraterno, muy postal de unidad regia. Pero uno no puede evitar la incomodidad de que la gran noticia sea que llegó el camión cisterna, como si estuviéramos en un pueblo del desierto y no en una de las zonas industriales más poderosas del país, esa que presume monorrieles y torres corporativas que rascan el cielo.
Quizá el problema es de prioridades logísticas. Movemos combustible, movemos aficionados al Fan Fest, movemos pantallas gigantes de un lado a otro con precisión militar. El agua, en cambio, todavía no encuentra quién la lleve a tiempo. Que en García sobre gasolina asegurada y falte agua en la llave no es ironía: es el resumen de una temporada.
Por un lado, la Fiscalía General de la República aseguró más de 54 mil litros de hidrocarburo dentro de un predio en la colonia Durazno, tras una orden de cateo. Cincuenta y cuatro mil seiscientos litros, para ser exactos, más otros indicios. Por otro lado, y prácticamente en la misma postal municipal, el Gobierno de García recibió el respaldo solidario de medio Monterrey metropolitano para enfrentar un desabasto de agua que tiene a decenas de colonias esperando la llegada de pipas como quien espera la lluvia.
Hagamos las cuentas emocionales. En García puedes encontrar más fácilmente un tambo de gasolina clandestina que un chorro de agua limpia saliendo de tu llave. Es el triunfo definitivo del hidrocarburo sobre el hidrógeno con oxígeno. Aquí el líquido que fluye sin problemas es el que va en tambos escondidos; el que debería fluir por tubería, ese anda de vacaciones.
Los alcaldes metropolitanos hicieron un conmovedor llamado de solidaridad y respondieron San Pedro, Santa Catarina, San Nicolás y Monterrey, enviando pipas y apoyos. Todo muy bonito, muy fraterno, muy postal de unidad regia. Pero uno no puede evitar la incomodidad de que la gran noticia sea que llegó el camión cisterna, como si estuviéramos en un pueblo del desierto y no en una de las zonas industriales más poderosas del país, esa que presume monorrieles y torres corporativas que rascan el cielo.
Quizá el problema es de prioridades logísticas. Movemos combustible, movemos aficionados al Fan Fest, movemos pantallas gigantes de un lado a otro con precisión militar. El agua, en cambio, todavía no encuentra quién la lleve a tiempo. Que en García sobre gasolina asegurada y falte agua en la llave no es ironía: es el resumen de una temporada.