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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Jalisco Nota 13 de junio de 2026

Hospitality de 900 mil pesos: el plan para ver el mismo gol que todos, pero con servilleta de tela

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Hospitality de 900 mil pesos: el plan para ver el mismo gol que todos, pero con servilleta de tela
Buenas noticias para quien no sabía en qué quemar 900 mil pesos: el Mundial trae un paquete Hospitality en el Estadio de la Ciudad de México por casi un millón, con asiento a nivel de cancha, gastronomía gourmet y un nivel de 'sofisticación deportiva' que, según el folleto, es 'el sueño dorado de cualquier fanático'. De cualquier fanático con liquidez de empresa trasnacional, habría que precisar.

Entendamos la propuesta. Por ese dinero usted ve exactamente el mismo partido que el señor de la cantina de la esquina, que lo ve gratis con un caldo de camarón de cincuenta pesos. La diferencia es que en el paquete premium le sirven la euforia en porciones individuales y, si su equipo falla un penal, al menos lo hace frente a un canapé. El sufrimiento, eso sí, viene incluido sin costo extra en todas las modalidades.

Uno entiende la lógica del lujo: hay quien paga por la experiencia, por el estatus, por la foto. Pero hay algo profundamente mexicano en gastar el equivalente a varios años de salario mínimo para sentarse cerca del pasto a comer salmón mientras, a unos kilómetros, los aficionados del Fan Fest huían de un aguacero y la ciudad sede contaba sus charcos. El Mundial es de todos, dice la FIFA; nada más que algunos lo viven a nivel de cancha y otros a nivel de drenaje.

Lo verdaderamente genial del concepto Hospitality es el nombre. 'Hospitalidad' por 900 mil pesos. En México la hospitalidad de verdad es la del vecino que te presta una silla y te invita un taco de canasta sin pedirte tarjeta de crédito. Cobrarle a la calidez un boleto de avión a Europa redondo es un acto de poesía corporativa que merece, mínimo, su propio certificado 'Hecho en México'.

No hay nada ilegal ni reprochable en venderlo: si hay quien lo compra, mercado es mercado. La sátira no va contra quien tiene el dinero, sino contra la solemnidad del catálogo, que describe ver futbol sentado como una proeza espiritual. Atrás quedaron los días, dice, en que la única preocupación era conseguir buena visibilidad en las gradas. Qué tiempos aquellos en que el problema era ver el partido y no financiar la jubilación de un mesero.

Así que disfrute, distinguido cliente. Levante su copa a nivel de cancha. Y cuando meta gol la Selección, grite igual de ronco que el de la cantina. Porque la emoción, esa sí, sigue siendo gratis, y es lo único que ningún paquete de 900 mil pesos ha logrado mejorar.