Guadalajara perdió en la cancha, pero ganó el Mundial de la Inflación Hotelera
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Se acabó la fiesta, mis estimados. El Tricolor cayó ante Inglaterra y en La Minerva quedaron 50 mil corazones rotos, aunque —conviene celebrarlo— con saldo blanco, que en Guadalajara ya es todo un trofeo. Nos despedimos del Mundial con la frente en alto, la garganta ronca y la tarjeta de crédito como si hubiéramos jugado nosotros los noventa minutos. Porque si algo demostró Jalisco en estas semanas es que sabe convertir cualquier tragedia deportiva en una oportunidad de negocio.
Empecemos por los verdaderos campeones invictos del torneo: los hoteleros. Reportan que subieron tarifas hasta 300% en apenas cuatro partidos y que el beneficio económico 'superó cualquier registro previo para el sector'. Traducción: el visitante extranjero vino a ver futbol y se fue habiendo financiado la remodelación integral de una suite. Mientras tanto, El Informador aclara que la ocupación hotelera quedó por debajo de lo esperado, pero que el gasto compensó. Claro que compensó: cuando cobras el triple, con que entren la mitad ya saliste tablas y te sobra para el enganche de una camioneta. El legado mundialista, dicen, incluye la modernización del Centro Histórico. El otro legado, más silencioso, es que ahora sabemos exactamente cuánto vale nuestra dignidad por noche: unos 900 pesos más de lo que valía en junio.
En el terreno del civismo, la afición tapatía brilló con luz propia. Sesenta personas fueron identificadas por disturbios en festejos anteriores, y las autoridades advirtieron 'cero tolerancia'. Sesenta. Un plantel completo, con suplentes y cuerpo técnico, dedicado profesionalmente a romper cosas cuando ganamos y a romper cosas cuando perdemos, sin distingos ideológicos. A eso súmenle la nueva tradición nacional: ir de madrugada a desvelar al hotel de la selección rival, estrategia que ya se había estrenado con Ecuador. Porque cuando no tienes un mediocampo que presione arriba, presionas tú con una bocina afuera del cuarto de Bellingham. Innovación cien por ciento mexicana, patente pendiente.
Del lado de la esperanza institucional, la Arquidiócesis Primada pidió que el entusiasmo del '¿Y si sí?' se traslade a los problemas del país: violencia, desapariciones, desintegración familiar. Bonita idea. Ojalá le echáramos al combate a la impunidad la misma fe ciega que le pusimos a que Raúl Jiménez metiera de chilena. Porque mientras 50 mil almas cantaban en la Minerva, colectivos de madres buscadoras salieron a las calles a aprovechar la única cosa que garantiza cámaras en México: un balón. La BBC, France 24 y Deutsche Welle documentaron el contraste entre la marea verde y las mantas con rostros de más de 135 mil desaparecidos. Resulta que para que al mundo le importe el dolor de este país, primero tuvo que venir la FIFA. Ese sí es un gol en propia puerta que no ataja ni Pickford.
Y hablando de decisiones que no ataja nadie: la columna de Raymundo Riva Palacio recuerda que el gobierno le pidió a la FIFA adelantar el horario del partido al mediodía para 'dar menos tiempo a la afición de enfiestarse'. O sea, la estrategia de seguridad pública consistió en mover la manecilla del reloj. Genio absoluto. Si la delincuencia también aceptara reprogramarse por oficio, ya habríamos resuelto Jalisco entero. Hasta el Vasco Aguirre protestó porque nadie le avisó de la 'patada al estómago'. Bienvenido al club, Vasco: aquí a nadie le avisan nada, ni siquiera cuándo va a haber agua en Tlajomulco, donde justo esta semana hicieron consulta para ver si nos regalan el líquido.
Mención especial para el nuevo villano de la temporada: el pato Merlín. Los especialistas advierten que no es una mascota doméstica, que puede ser agresivo por naturaleza y que demanda cuidados. En otras palabras, exactamente igual que un aficionado promedio del FIFA Fan Fest después del cuarto michelada. Al menos el pato tiene la decencia de no gritar '¡eh, puuu!'.
Cerramos con la postal más tierna: Ramón, 77 años, enfermo, sin renunciar al sueño de vivir otro Mundial en el Fan Fest. Y familias que llegaron sin desayunar, con galletas y un galón de leche, a hacer fila desde la madrugada. Ese es el verdadero Jalisco: capaz de aguantar hambre, lluvia de gran intensidad y filtros de seguridad con tal de ver una pantalla. Lástima que no cobremos entrada por tanta pasión; ya nos hubiéramos pagado el estadio, la selección y hasta un mediocampista que sí sepa marcar. Nos vemos en 2030, si para entonces todavía nos alcanza para el hotel.
Empecemos por los verdaderos campeones invictos del torneo: los hoteleros. Reportan que subieron tarifas hasta 300% en apenas cuatro partidos y que el beneficio económico 'superó cualquier registro previo para el sector'. Traducción: el visitante extranjero vino a ver futbol y se fue habiendo financiado la remodelación integral de una suite. Mientras tanto, El Informador aclara que la ocupación hotelera quedó por debajo de lo esperado, pero que el gasto compensó. Claro que compensó: cuando cobras el triple, con que entren la mitad ya saliste tablas y te sobra para el enganche de una camioneta. El legado mundialista, dicen, incluye la modernización del Centro Histórico. El otro legado, más silencioso, es que ahora sabemos exactamente cuánto vale nuestra dignidad por noche: unos 900 pesos más de lo que valía en junio.
En el terreno del civismo, la afición tapatía brilló con luz propia. Sesenta personas fueron identificadas por disturbios en festejos anteriores, y las autoridades advirtieron 'cero tolerancia'. Sesenta. Un plantel completo, con suplentes y cuerpo técnico, dedicado profesionalmente a romper cosas cuando ganamos y a romper cosas cuando perdemos, sin distingos ideológicos. A eso súmenle la nueva tradición nacional: ir de madrugada a desvelar al hotel de la selección rival, estrategia que ya se había estrenado con Ecuador. Porque cuando no tienes un mediocampo que presione arriba, presionas tú con una bocina afuera del cuarto de Bellingham. Innovación cien por ciento mexicana, patente pendiente.
Del lado de la esperanza institucional, la Arquidiócesis Primada pidió que el entusiasmo del '¿Y si sí?' se traslade a los problemas del país: violencia, desapariciones, desintegración familiar. Bonita idea. Ojalá le echáramos al combate a la impunidad la misma fe ciega que le pusimos a que Raúl Jiménez metiera de chilena. Porque mientras 50 mil almas cantaban en la Minerva, colectivos de madres buscadoras salieron a las calles a aprovechar la única cosa que garantiza cámaras en México: un balón. La BBC, France 24 y Deutsche Welle documentaron el contraste entre la marea verde y las mantas con rostros de más de 135 mil desaparecidos. Resulta que para que al mundo le importe el dolor de este país, primero tuvo que venir la FIFA. Ese sí es un gol en propia puerta que no ataja ni Pickford.
Y hablando de decisiones que no ataja nadie: la columna de Raymundo Riva Palacio recuerda que el gobierno le pidió a la FIFA adelantar el horario del partido al mediodía para 'dar menos tiempo a la afición de enfiestarse'. O sea, la estrategia de seguridad pública consistió en mover la manecilla del reloj. Genio absoluto. Si la delincuencia también aceptara reprogramarse por oficio, ya habríamos resuelto Jalisco entero. Hasta el Vasco Aguirre protestó porque nadie le avisó de la 'patada al estómago'. Bienvenido al club, Vasco: aquí a nadie le avisan nada, ni siquiera cuándo va a haber agua en Tlajomulco, donde justo esta semana hicieron consulta para ver si nos regalan el líquido.
Mención especial para el nuevo villano de la temporada: el pato Merlín. Los especialistas advierten que no es una mascota doméstica, que puede ser agresivo por naturaleza y que demanda cuidados. En otras palabras, exactamente igual que un aficionado promedio del FIFA Fan Fest después del cuarto michelada. Al menos el pato tiene la decencia de no gritar '¡eh, puuu!'.
Cerramos con la postal más tierna: Ramón, 77 años, enfermo, sin renunciar al sueño de vivir otro Mundial en el Fan Fest. Y familias que llegaron sin desayunar, con galletas y un galón de leche, a hacer fila desde la madrugada. Ese es el verdadero Jalisco: capaz de aguantar hambre, lluvia de gran intensidad y filtros de seguridad con tal de ver una pantalla. Lástima que no cobremos entrada por tanta pasión; ya nos hubiéramos pagado el estadio, la selección y hasta un mediocampista que sí sepa marcar. Nos vemos en 2030, si para entonces todavía nos alcanza para el hotel.