Seguridad nacional nivel Jalisco: mover la manecilla del reloj
Tamaño de letra
Si usted creía haberlo visto todo en materia de estrategia gubernamental, permítame presentarle la joya de la corona: adelantar el horario de un partido de futbol como plan maestro de seguridad pública. Según la columna de Raymundo Riva Palacio, ante el temor de que los eventuales festejos en el Ángel de la Independencia terminaran en tragedia, el gobierno recurrió a la FIFA para pedir que el México-Inglaterra no se jugara de noche —como estaba programado desde hace meses— sino al mediodía, con la lógica cristalina de dar 'menos tiempo a la afición de enfiestarse'.
Sublime. La delincuencia, los baches, la falta de agua, todo eso es complicadísimo de resolver; pero mover una manecilla, eso sí se puede. Uno se pregunta por qué no aplicamos el método a todo. ¿Inseguridad? Adelantemos la noche. ¿Inflación? Retrasemos el mes de la quincena. Con un buen relojero al frente de la Secretaría, este país sería otro.
El problema es que hasta el propio Javier Aguirre puso el grito en el cielo. El Vasco declaró que nadie le consultó la 'patada al estómago', que ni a él ni a los jugadores les gustó, y su molestia detonó una rectificación. La Asociación de Futbol inglesa, por su parte, recordó indignada que cientos de sus aficionados habían comprado boletos de avión para el domingo y podían perderse el juego por el cambio. Cuando hasta los ingleses, que inventaron el protocolo, te dicen que estás improvisando, algo se hizo muy mal.
La moraleja que deja Riva Palacio es incómoda: el gobierno transfirió a los aficionados la responsabilidad de la paz y luego buscó a la FIFA para tapar su propia falta de plan. Es decir, primero te dicen 'pórtate bien', y si algo sale mal, la culpa es tuya por enfiestado. La autoridad, mientras tanto, queda a salvo, con reloj en mano y coartada lista. Al final ganó Inglaterra en la cancha y ganó la ocurrencia en la oficina. México, como siempre, perdió por partida doble.
Sublime. La delincuencia, los baches, la falta de agua, todo eso es complicadísimo de resolver; pero mover una manecilla, eso sí se puede. Uno se pregunta por qué no aplicamos el método a todo. ¿Inseguridad? Adelantemos la noche. ¿Inflación? Retrasemos el mes de la quincena. Con un buen relojero al frente de la Secretaría, este país sería otro.
El problema es que hasta el propio Javier Aguirre puso el grito en el cielo. El Vasco declaró que nadie le consultó la 'patada al estómago', que ni a él ni a los jugadores les gustó, y su molestia detonó una rectificación. La Asociación de Futbol inglesa, por su parte, recordó indignada que cientos de sus aficionados habían comprado boletos de avión para el domingo y podían perderse el juego por el cambio. Cuando hasta los ingleses, que inventaron el protocolo, te dicen que estás improvisando, algo se hizo muy mal.
La moraleja que deja Riva Palacio es incómoda: el gobierno transfirió a los aficionados la responsabilidad de la paz y luego buscó a la FIFA para tapar su propia falta de plan. Es decir, primero te dicen 'pórtate bien', y si algo sale mal, la culpa es tuya por enfiestado. La autoridad, mientras tanto, queda a salvo, con reloj en mano y coartada lista. Al final ganó Inglaterra en la cancha y ganó la ocurrencia en la oficina. México, como siempre, perdió por partida doble.